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MUNDIARIO

El machismo y la educación en el hogar y en la escuela

Una cuestión de sentido común. La educación, en el hogar y en la escuela, es  fundamental para combatir tan lamentable comportamiento.

El machismo y la educación en el hogar y en la escuela
Machismo / Marilena Nardi
Machismo / Marilena Nardi

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Alfonso García

Alfonso García

El autor, ALFONSO GARCÍA, es columnista en MUNDIARIO y también escribe en El Correo Gallego. Es notario jubilado desde 2012 y autor de diez monografías sobre temas diversos. En 2017 publicó "Entre el odio y la venganza. El Comité Internacional de Cruz Roja en la guerra civil española” y en 2019 “Algunos abuelos de la democracia”. @mundiario

Desde el sentido común resulta difícil entender que haya quien justifique las diferencias de derechos y obligaciones entre hombres y mujeres, a cualquier nivel: relaciones laborales, sociales o políticas, por ejemplo. Se trata de una cuestión  de respeto entre los seres humanos, con independencia  de cualquier otra consideración.

Naturalmente, la educación ha jugado un papel fundamental en la discriminación, tanto dentro del hogar como en la escuela. Tradiciones, costumbres y religión, también han influido decisivamente en la discriminación.

A algunos les pareció que esta cuestión era consecuencia del “troglodismo” de otra época, pero después de cuarenta años de modernidad, vemos que la situación sigue siendo muy parecida, y  de  la discriminación se pasa al  machismo y de éste  al maltrato, con una cierta facilidad.

Concienciar a la sociedad sobre la igualdad natural de derechos y obligaciones entre el hombre y la mujer, es fundamental; ahora bien, quedarnos en las apariencias, como sucede con más frecuencia de la deseada, no resuelve nada. Me producen tristeza los minutos de silencio en las plazas públicas, las declaraciones altisonantes de autoridades y dirigentes de organizaciones, las manifestaciones y protestas, los lamentos, los insultos dirigidos a  los agresores, y otras manifestaciones semejantes, ante un acto violencia machista, porque creo que tienen un escaso sentido práctico, aunque estén cargadas de buena voluntad y sean consecuencia de un dolor sincero.

La educación, en el hogar y en la escuela, es  fundamental para combatir tan lamentable comportamiento, porque la discriminación empieza por los niños –juegos, canciones, deporte, publicidad, espectáculos- y los adolescentes que desprecian, acosan, intimidan y controlan a sus hermanas, compañeras o parejas.

Fortalecer el acceso de la mujer al trabajo será fundamental en los casos de agresiones, porque les permitirá alcanzar una cierta independencia, imprescindible para decidir apartarse del maltratador. Son  muy frecuentes los casos, sobre todo en las clases sociales con menos recursos,  en los que el abandono del domicilio resulta imposible por el nivel de sometimiento de la mujer al varón, tanto en lo personal como en lo económico.

El apoyo a la creación de hogares de acogida para mujeres e hijos, en los que puedan encontrar seguridad personal y material, es una línea de actuación fundamental en la que aún se puede hacer mucho más.

Naturalmente, las medidas policiales y judiciales rápidas y efectivas, son fundamentales a corto plazo para prevenir la comisión de delitos. @mundiario