¿Por qué se llama Madrid?

Gran Vía, Madrid. Vista general. A la derecha el Palacio de la Prensa. 2010. / Wikipedia/Felipe Gabaldón
Gran Vía, Madrid. Vista general. A la derecha el Palacio de la Prensa. 2010. / Wikipedia/Felipe Gabaldón

Madrid siempre fue Madrid y nunca dejó de serlo. Los diferentes nombres que se le atribuyeron a través de los tiempos sólo que se trata de “traducciones” del ibérico oral y es que cuando una civilización, sea cual sea, declara un lugar, todos, no importa quienes lleguen después, lo seguirán respetando para toda la eternidad.

¿Por qué se llama Madrid?

Sobre el topónimo Madrid se han dado numerosas etimologías, todas muy razonadas y razonables, no obstante los orígenes de la ciudad de Madrid se remontan a tiempos de los carpetanos y fueron quienes la fundaron. Y en la antigua edad de bronce, aun lo desconociéramos, los Pueblos del Mar buscaron nuevas latitudes más prósperas. En nuestro país las encontraron, fueron sus nuevas tierras durante miles de años y lo siguen siendo, de algún modo. Durante sus eternas travesías a nuestro litoral avanzaron en su conquista hacia el interior de la península y tras su posterior establecimiento como autóctonos en sus colonias darían sendos nombres a pueblos, ríos, valles y montañas. Más tarde los romanos, los godos y los árabes después, a menudo modificaron esos nombres por otros. Aun así, podríamos recuperarlos, la memoria de nuestros pueblos se aferra a su genuina identidad de múltiples maneras y permite, de algún modo, reconocer esos lugares en su origen primigenio.

Por lo que respecta a los iniciales pobladores de Madrid, cabe saber que el gentilicio carpetano se trata de una voz latina y aunque se les ha atribuido una ascendencia celta a razón de ser celtíberos, me consta que no fueron celtas. Es un asunto complejo para desarrollarlo a continuación pero en un breve resumen se trata de que en latín Celtici significa “celta” y hubo una confusión, es también el nombre que recibían los Gálatas de Asia Menor. Eran Keltiki y con el latín la /k/ ibérica pasó a ser la /c/ latina (Ke-Ce). Los Çeltikçi no fueron celtas, era un mestizaje de Galatia, La Caria y Lycia. Por tanto, ellos no se llamaban a sí mismos carpetanos, es un apelativo extranjero que explica con Carpe- su procedencia étnica y con -Tano su filiación religiosa. Lo explico mejor, habrán escuchado en muchas ocasiones la famosa interjección de Carpe Diem, es decir “disfruta el día”. Está pronunciada en latín, pero su origen está en el griego καρπός “karpós” que es de donde procede el nombre original de carpetano: Καρυο “Cario” y que significa fruto. Por otro lado, la adscripción como Tano es a consecuencia de dar culto a los dioses Ti·Tanes, y de modo primordial a la gran diosa Leto, madre de Apulu, el dios del Sol, esa era su cultura religiosa y era helena o helenizada.  

A nivel lingüístico, si diseccionamos Madrid verificaremos su estructura interna y comprenderemos mejor qué motivó el nombre. Verán, un acrónimo significa “nombre”, pueden ser siglas que se pronuncian como una palabra pero también son vocablos formados al unir parte de dos o más palabras. Este tipo de acrónimos es la clase de nombre que es Madrid y además el modo de uso de la sintaxis de los celtíberos. Aquí se completa con dos elementos léxicos y su significado es la suma de los significados de las palabras o lexemas que lo generan: MA · DRID. Así el primero se trata de /MA·/ y con el cual nuestros antepasados decían madre, no obstante la acepción más común era la de -por-; tanto es así que todavía en griego y en italiano es de uso cotidiano. El segundo es /·DRI/ y es un verbo que compromete a la lengua española a reconocerse a sí misma como heredera del legado de nuestros antepasados ibéricos. Fueron quienes trajeron este término a nuestra península desde la raíz griega Δρᾶ “Dra” que significa -hacer-. Concluyendo, cuando decimos /MA·DRI+D/ lo que pronunciamos es una antiquísima frase. Véase que añadieron una enclítica final que es +D, porque los fonemas terminados en /d/ y /z/ son desinencias de acento cario; ya que ellos, al igual que nosotros escribían tal como lo pronunciaban. 

Miren ¿de dónde proviene Madre? La respuesta es que se trata de otro inesperado acrónimo. Pero ¿por qué es necesario comprender Madre para sustentar Madrid? Pues porque MADRE al igual que MADRID se compone de dos morfemas, dos fonemas, dos lexemas en una oración y aunque ambas no son homólogas sí que son semejantes. Cuesta verlo, existe un desconocimiento sobre la sintaxis de nuestros antepasados, sólo que cuando se comprende la filosofía del lenguaje que emplearon nos damos cuenta de lo perfectiva que era su lengua. Ma-drid hace referencia no sólo al concepto de crear sino además de línea: -SE HACE UN TRAZADO-. Pero ¿por qué la fuente “Dra” declinará en español? Pues porque la lengua ibérica era flexiva: Dra-Dre-Dri-Dro-Dru. Miren, con Dra se hace MA·DRA·ZO, con Dre MA·DRE, con Dri MA·DRI·LEÑO, con Dro MA·DRO·ÑO y con Dru MA·DRU·GADA. Añadimos nuevos sufijos y no lo parezcan son lexemas. Sí, así es nuestra prodigiosa lengua, aglutinó más y más fracciones. Y es que nuestro idioma no deriva como pudiera parecer sino que es una lengua de composición. Y la cuestión nominativa tras estudiarla bien sustenta que el topónimo MADRID es una voz carpetana que significa “POR EL CAMINO”.

Así pues, Madrid siempre fue Madrid y nunca dejó de serlo. Los diferentes nombres que se le atribuyeron a través de los tiempos son perfectamente lógicos y defendibles, sólo que se trata de exónimos, es decir “traducciones” de un original dado en lengua vernácula; en otras palabras, del ibérico oral y es que cuando una civilización, sea cual sea, declara un lugar; todos, no importa quienes lleguen después, lo seguirán respetando para toda la eternidad. Naturalmente aquel Madrid no se trataba de una vía, trazado, camino, paso, través cualquiera, sino hacer un trayecto lo más corto y transitable posible. Es decir, un rural canal de comunicación que facilita el paso entre las poblaciones. Por supuesto, eso tuvo estrecha relación con el pastoreo, la búsqueda de mejores pastos que desemboca en tránsito por recurrentes vías de trashumancia. Esos incipientes trazados fueron más tarde las populares “cañadas” recorridas desde antiguo, si bien posteriormente por su importancia tomaron el nombre de “reales” y fueron reguladas por un edicto de Alfonso X el Sabio en 1273. Alguna incluso, cuando se ha respetado el paso original, atraviesa la ciudad por calles asfaltadas, como es el caso de la calle de Atocha en pleno centro de Madrid. Nuestras palabras, las que usamos nosotros, pude comprobar que son las mismas que usaban ellos. Naturalmente no están completadas tal como las conocemos hoy, ni escritas con nuestros caracteres actuales. Otras se extraviaron en el tiempo y no son de uso corriente; no obstante, todavía podemos encontrar esas raíces en el griego antiguo, muchas en el griego actual, lo cual no me digan que no es portentoso; ahora bien, nosotros las conocemos escritas con ortografía de patrón latino. Hoy tenemos un asomo nuevo hacia aquellos acontecimientos pasados y es que MADRID significa “POR EL CAMINO”. ¿No les parece sin igual?

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