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MUNDIARIO

Libertad de expresión y delaciones en la Universidad de Vigo

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha establecido el sentido amplio del ejercicio de la libertad de expresión con responsabilidad, pero sin cauciones preventivas, guste o no guste quien la utiliza.

Libertad de expresión y delaciones en la Universidad de Vigo
Medallas de la Universidad de Vigo.
Medallas de la Universidad de Vigo.

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

El autor, FERNANDO RAMOS, es columnista de MUNDIARIO. Periodista. Doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Técnico de Radiodifusión y Televisión. Profesor jubilado de Derecho y Deontología de la Comunicación en la Universidad de Vigo. Profesor en la Escuela de Práctica Jurídica del Colegio de Abogados de Pontevedra y de los Encuentros Inter Academias en la Escuela Naval Militar. Autor de 28 libros de Derecho, Comunicación Institucional y Protocolo. Ha dirigido 20 tesis doctorales. Profesor invitado en varias universidades de Europa y América. Ejerció el periodismo 30 años en radio y los principales medios de Galicia. Fue corresponsal de la Agencia “Europa Press”, “Sábado Gráfico” y el diario “Ya”. Obtuvo el Premio del Colegio de Arquitectos de Galicia en defensa del patrimonio histórico y el Trofeo “Actualidad” por sus investigaciones sobre el contrabando y el narcotráfico. Fue presidente de la Asociación de la Prensa de Vigo y obtuvo dos veces el Premio Luis Taboada a la mejor labor informativa sobre Vigo. Está en posesión de la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco. @mundiario

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha establecido el sentido amplio del ejercicio de la libertad de expresión con responsabilidad, pero sin cauciones preventivas, guste o no guste quien la utiliza.

Unas profesoras y un profesor de la Universidad de Vigo pretenden que el Juzgado de lo Contencioso obligue a la institución a proceder contra un miembro del personal de administración y servicios por sus comentarios de carácter –dicen- “machista, misógino y ofensivo en general”, vertidos a través de la página colectiva denominada [email protected], un foro abierto, cuya utilidad es dar avisos de actividades, convocatorias, cursos, etc., pero que en realidad sirve para todo de reclamos e iniciativas, desde quien dice haber visto un coche con las luces encendidas, vende un viejo ordenador o alquila un piso. Un poco de todo.

El asunto es feo y ha derivado hacia una persecución contumaz contra quien, con mejor o peor fortuna y gusto, no ha hecho otra cosa que verter, con sentido del humor, cierta mordacidad e ironía sus opiniones sobre cuestiones diversas en un espacio cerrado, doméstico y cuya publicidad no rebasa el propio y voluntario marco de quienes, como yo mismo, tenemos acceso a dicho foro. El estilo irónico puede resultar hiriente, pero debe examinarse dentro del propio contexto donde se genera, pero sin extrapolarlo más allá de la ironía o la metáfora habitual con que se suelen construir ciertas polémicas.

El funcionario acusado, contra quien la Universidad no halló suficiente motivo para expediente alguno por sus opiniones, es persona comprometida y popular, con amplio respaldo en sectores sindicales y de sus propios compañeros. Siempre está al quite, sus comentarios son divertidos y celebrados por la mayoría. No deja pasar una y critica casi todo, desde que la Universidad publique un prontuario sobre “los misterios del clítoris” o celebre una investigación (sic) sobre las causas de que los hombres “vayan de putas”. Suelen ser bromas de diverso tono, que desatan las furias de ciertos sectores feministas, especialmente de los más combativos y al quite, dado el propio origen y abrevadero ideológico de alguna de sus más prominentes portaestandartes.

Personalmente, no comparto todo lo que cuelga este funcionario, pero en general me parece ingenioso, mordaz y divertido, sin más importancia. Pero, como se ve, otros se la han dado, tras haber mantenido con “el acusado” diversos rifirrafes dialécticos de variable  tono.

Que yo sepa, aunque este funcionario fuera considerado lo que socialmente se denomina “machista”, no me consta que el asunto esté tipificado como delito o falta administrativa ni menos “misógino” (es decir, el que siente rechazo hacia las mujeres). Lo cual no deja de ser una divertida contradicción al tildarlo de ambas cosas a la vez, por cuanto el referido funcionario es animal varón probado y padre de familia.

Y sin que yo diga que en este asunto, el funcionario –hombre de probada eficacia en su trabajo cotidiano-pudiera haber acertado plenamente en la forma en alguna de sus réplicas, no me gusta nada el color de la denuncia que destila un cierto estilo talibán, de delación estalinista, de perseverancia en el deseo de callarle la boca a quien no ha hecho otra cosa, con más o menos afortuna, que ejercer en un marco pautado el libérrimo ejercicio de la libertad de expresión. Si la Universidad llega a proceder, con medidas disciplinarias, a cerrarle la boca la cosa habría sido mucho peor y presumo que incluso se estaría conculcando de manera especialmente grave el artículo 20 de la Constitución.

Los acusadores. / Foto cedida por Atlántico Diario
Los acusadores. / Foto cedida por Atlántico Diario

 

Quiero recordar, en este sentido, que de manera reiterada, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha establecido el sentido amplio del ejercicio de aquella libertad, con responsabilidad, pero sin cauciones preventivas, guste o no guste quien la utiliza. Si los acusadores se consideraron vejados o ultrajados pudieron –digo yo- acudir a la vía civil en defensa de su honor, y si el asunto fue más grave, captaron ánimo de injuriar en la pretendida ofensa y entiende que socialmente es tenida por tal, a la penal. Acciones que, en todo caso, tendrían derecho a ejercer si se sintieron personalmente vejados y que ignoro si han considerado. Pero las acusaciones hay que demostrarlas. La pretensión de que se actúe contra él por vía administrativa es especialmente odiosa, en un espacio como la Universidad donde debe tener cabida toda la diversidad y la crítica.

Yo espero que de esto aprendamos todos y que el asunto quede en nada. Pero se ha salido de madre. La contumaz persecutoria denota un cierto sentido de venganza, llevando un asunto doméstico al ámbito judicial administrativo para que los órganos rectores de la Universidad sancionen al acusado. Espero que no ocurra.

Y que vuelva la paz.