Las insólitas declaraciones de Peter Brabeck-Letmathe: el agua no es un derecho

El señor Nestlé dice esto, como quien da un puñetazo en la mesa, y se queda tan ancho, mientras el resto de los mortales tan solo acertamos a encogernos de hombros ante semejante disparate.

Las insólitas declaraciones de Peter Brabeck-Letmathe: el agua no es un derecho

Peter Brabeck-Letmathe, presidente de Nestlé

Peter Brabeck-Letmathe, al que a partir de ahora llamaremos señor Nestlé, por ser el presidente de dicho grupo empresarial, ha declarado que el agua no es un derecho: que tendría que ser privatizada y tener valor de mercado. El señor Nestlé dice esto, como quien da un puñetazo en la mesa, y se queda tan ancho, mientras el resto de los mortales tan solo acertamos a encogernos de hombros ante semejante disparate.

Lo fácil sería pensar que el señor Nestlé ha llegado a este punto tras una existencia entre algodones, donde la codicia hubiera traspasado ya todos los límites de sensatez. Sin embargo, es posible que el señor Nestlé haya vivido una infancia durísima plagada de deseos incumplidos como, por ejemplo, que los Reyes Magos nunca llegasen a dejarle el Tragabolas y ahora se desquite con el capricho de querer quitarnos a toda la humanidad el agua. Que, a todo esto, es vida.

Podría ser también que, en su adolescencia, hubiera sido un chico tímido y reprimido y que la chica de sus sueños lo hubiese despachado con calabazas el día en que, por fin, se atrevió a decirle algo. O que, un poco más talludito, fuera un mindundi sin amigos con los que compartir una dominical tarde de partido.

En fin, el pasado, a veces, ya lo dijo Sigmund Freud, pesa como una losa y, con ciertos personajes, sobre todo los que en edad adulta gustan de tocar las narices al personal, a una se le dispara la imaginación a velocidad endiablada. El desdichado señor Nestlé se vería abocado a estudiar económicas y a volcar en su carrera profesional toda la bazofia acumulada en su interior durante años de frustración y soledad.

Imagínense ahora, al infeliz de Peter alcanzando la meta de ser presidente de uno de los grandes grupos empresariales del mundo mundial donde, por cierto, el agua embotellada Perrier es uno de sus productos de oro. Convertido en un ser maniático, lunático y caprichoso. Queriendo tenerlo todo, todo, para chincharnos a todos y jugando él solo con su Tragabolas. Y ahora, no me digan que este hombre no les da lástima.

Las insólitas declaraciones de Peter Brabeck-Letmathe: el agua no es un derecho
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