La vergonzosa historia que, por 152 euros, ha vivido estos días el joven Adrián García

Si los 152 euros hubieran ido a parar a la cuenta de Adrián García, la calderilla en cuestión habría terminado con esa vergonzosa situación a la que se vio sometido durante varios días.

La vergonzosa historia que, por 152 euros, ha vivido estos días el joven Adrián García

Adrián García, con su prótesis.

Todo es relativo. Si usted piensa en cuánto significan 152 euros para Bárcenas, Urdangarín o la Pantoja, por poner un ejemplo, probablemente llegará a la conclusión de que, para personas de esa ralea, dicho importe es simple calderilla. La calderilla, para que quede claro, viene siendo los restos que quedan en el bolsillo, aquella mierdecilla de suelto que molesta y hace tiempo terminábamos tirando en cualquier parte. Si buscamos su definición en el diccionario de la Real Academia Española, no es más que un conjunto de monedas de escaso valor.

Imaginarse, entonces, 152 euros en la cartera de Bárcenas, Urdangarín o la Pantoja es, pues, pecata minuta, un pedazo de nada, un suspiro en el aire. De hecho, cuando un corrupto está acostumbrado a manejar tanto millón, pierde la noción del euro, o lo que es lo mismo, se vuelve tonto del bote y se extravía en su propio saldo.

Todo depende, pues, de en qué manos caiga esta cantidad. Si los 152 euros hubieran ido a parar a la cuenta de Adrián García, la calderilla en cuestión habría terminado con esa vergonzosa situación a la que se vio sometido durante varios días. A este joven de 23 años se le retiró una prótesis externa de la pierna por no poder pagarla por adelantado. Parece ser que el hospital donde fue operado, por aquello de los recortes, no se hizo cargo del coste de dicha prótesis y la empresa encargada de suministrarla se la quitó sin ningún tipo de miramiento.

Menos mal que ha surgido la figura de Manolo, un vecino del chaval, que le ha prestado otra de segunda mano para que vaya tirando, además de una ingente cantidad de personas anónimas dispuestas a ayudarle. O lo que es lo mismo, a pasarse aquello de la relatividad por donde la espalda pierde su nombre.

La vergonzosa historia que, por 152 euros, ha vivido estos días el joven Adrián García
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