La justicia considera a los padres un simple monedero, objeto inanimado y sin sentimientos

Si nos preguntáramos qué conseguimos con toda esta 'lucha de poder' sobre un hijo, como si fuera un trofeo, la respuesta es sencilla: obtendremos muchísimas víctimas, dolor, frustración y sufrimiento sin sentido.
Si nos preguntáramos qué conseguimos con toda esta 'lucha de poder' sobre un hijo, como si fuera un trofeo, la respuesta es sencilla: obtendremos muchísimas víctimas, dolor, frustración y sufrimiento sin sentido.

En Argentina se ha censurado un documental que muestra las injusticias que padecen miles de padres en lo referente al impedimento de contacto, hechos no atendidos por el sistema judicial.

La justicia considera a los padres un simple monedero, objeto inanimado y sin sentimientos

En Argentina se ha censurado un documental que muestra las injusticias que padecen miles de padres en lo referente al impedimento de contacto, hechos no atendidos por el sistema judicial.

En esta oportunidad retomo los últimos tres artículos dedicados a la obstrucción de vínculos familiares, y publicados en este medio  que se hace eco de esta dolorosa temática que padecen miles de familias argentinas. En ellos, he plasmado que esta problemática es parte de un procedimiento judicial precario que no se ajusta a un verdadero sistema democrático, por el simple motivo que no existe una igualdad de derechos y obligaciones, cuadro de situaciones que harían a un pueblo organizado bajo reglas saludables de convivencia y sustentadas en el respeto a la dignidad humana.

Por otra parte, hago referencia a que este tipo de acciones son un hecho más de corrupción que engalanan a este hermoso país, y esto no es una aseveración caprichosa sino que está sustentada en que afecta no solo la dignidad de los  niños y, consecuentemente, la del resto de la familia del padre obstruido, sino que terminan por amputar la esencia e identidad de generaciones de individuos a los cuales se los está educando con actitudes tendenciosas a las mentiras, los engaños, el soborno, las injusticias, los abusos de cualquier índole, etcétera; y sobre todo a “cagarse en el otro”, al saltar la palabra empeñada y los compromisos asumidos, con el fin de llenar sus propios vacíos personales. Es aquí donde hago un alto y como padre me pregunto ¿Qué le estamos dejando a nuestras futuras generaciones? ¿Cuál es nuestro legado? Las respuestas surgen en mi mente espontáneamente, son todos pequeños actos viciados de malas intenciones que llevarán, indefectiblemente, a otros delitos (pensando en el mensaje subliminal que se les inculca a nuestros hijos desde pequeños al hacerlos mentir, esquivar reglas, presionar para lograr objetos materiales, etcétera), y que paradójicamente no tienen ningún tipo de sanción, cuando la realidad indica que existe legislación en tal sentido y no es aplicada. Es decir, y pasando en limpio, se hace evidente que  la corrupción no es un hecho tan lejano de nuestro diario vivir, es algo que muchos de nosotros utilizamos, y sin importarnos, para conseguir nuestras metas, aunque dañemos a otras personas (entre ellas, a nuestros propios hijos). Por lo expresado, me atrevo afirmar que una sociedad madura, culta en todos sus aspectos, debe hablar y exponer estos temas de manera tal que se mantenga a raya una problemática tan arraigada en la humanidad, que tanto daño hace al colectivo y que me pregunto si puede ser prevenida o erradicada. Controlar la corruptela es responsabilidad de todos y como cualquier problema debe comenzar, en principio, por aceptarse que se lo padece y exponerlo. Lo que queda claro es que si quienes deben dar el ejemplo, porque son quienes aplican las leyes, lo censuran con el fin de querer tapar el sol con un dedo terminan haciendo que el problema se vuelva mayúsculo (mayor violencia, dolor, rencor, etcétera), cuando en realidad deben aplicar las normas existentes con el fin de evitar una progresiva destrucción del entramado que sostiene a una sociedad más justa e intolerante hacia el delito. (Por ejemplo, la ley Nº 24.270 de impedimento de contacto de hijos con sus padres la que definitivamente no es aplicada por los juzgados argentinos, quienes hacen un veto encubierto de la misma).

Seguramente -es más, estoy totalmente convencido-, muchos de nosotros terminamos llegando a la lamentable conclusión de que quienes gobiernan, la justicia misma y la ciudadanía en general, no se dan cuenta que “los malos individuos”, sin distinción de género, nunca van a respetar las leyes; ellos siempre se las ingenian para conseguir sus elementos, o hacer sus ilícitos (engrosando, en muchos casos, el bolsillo de algunos). Todo parece indicar que las normas están dirigidas al decente, al que verdaderamente cumple con ellas. Entonces me pregunto ¿cuál es la solución?, o quizás sea así porque la legislación existente es una mera escritura que no es puesta en práctica. Ejemplos podemos dar muchos, entre ellos los casos de obstrucción de vínculos que no son atendidos.

Es aquí donde nuevamente citaré al documental “Borrando a Papá”, paradójicamente dirigido por dos mujeres, Ginger Gentile y Sandra Fernández Ferreira, bajo la producción de Gabriel Balanovsky,  el que denuncia y muestra las injusticias que padecen miles de padres argentinos, en lo referente al impedimento de contacto que muchas madres realizan con distintos objetivos, y que involucra a miles y miles de personas (en principio a los niños, y luego la familia completa del obstruido -abuelos, tíos, primos, etcétera-). Los protagonistas de esta película son padres que luchan por ser padres, por no dejar en el camino hijos huérfanos de padres vivos, profesionales que denuncian el problema, otros “profesionales” que admiten que se obstruyen vínculos bajo un aval legal y jóvenes que no desean que a otros les suceda lo mismo que a ellos. El film deja al descubierto la industria de la obstrucción de vínculos familiares: centros de revinculación de dudoso origen, abogados, psicólogos inescrupulosos y jueces prejuiciosos. Una industria en la que existen profesionales e instituciones que no buscan solucionar, sino mantener familias judicializadas y prolongar el conflicto de manera sistemática, valiéndose de medidas judiciales, denuncias de contenidos ridículos o incluso en su gran mayoría falsas emitidas por madres que por rencor, odio y otros aditamentos buscan mantener a los padres alejados. El documental deja al descubierto cómo todos estos padres son castigados por ser hombres, por pertenecer al género masculino, estigmatizándolos como violentos y peligrosos, develando la doctrina que propone la exclusión del padre por considerarlo una amenaza (en lo personal me gusta denominarlos, con ironía, los “violentos” surgidos del divorcio).

Este sistema precario, y perverso, que impera no solo en nuestro país, sino en muchos lugares del mundo, consideran al padre como un ser peligroso y un accesorio prescindible en la crianza de los hijos solo dejado en el escalón de un simple aportante de dinero (es decir, un elemental monedero, objeto inanimado y sin sentimientos, que solo sirve para ser utilizado cuando se lo necesite).

Cabe destacar, que esta desgarradora película que ha sido censurada en Argentina -Juzgado en lo Civil 18 a cargo del Dr. Guillermo Blanch- pero proyectada en muchos países del mundo, incluyendo la Corte Suprema de Costa Rica, se está transformando en la herramienta base para un movimiento de las masas hostigadas, maltratadas y sometidas a permanentes actos de violencia por este espacio de poder, y corrupto, creado por mujeres/hombres, y sus convenientes adeptos, que deja en evidencia un gran problema: han logrado manipular a gobiernos enteros  a través de  haber gestado un sistema del que muchos profesionales se benefician y se encargan de perpetuar, que lo tratan de sostener por el gran negocio que les implica, desviando los recursos que deberían ser utilizados para atender a las verdaderas víctimas de violencia, las verdaderas mujeres golpeadas, o también los hombres golpeados (o acaso…la mujer ¿pertenece a otro planeta? o ¿es un ser carente de actos violentos? El sentido común, y la experiencia, me indican que existen mujeres tan, o más, violentas que los hombres).

Como para comenzar a cerrar este análisis concluyo que quienes se ven realmente desfavorecidos, y no protegidos, son los niños, esos seres maravillosos que son nuestro fiel reflejo, que merecen ser cuidados y conducidos por la senda de las cosas justas.

Si nos preguntáramos ¿qué conseguimos con toda esta “lucha de poder” sobre un hijo, como si fuera un trofeo? La respuesta es sencilla: obtendremos muchísimas víctimas, dolor, frustración y sufrimiento sin sentido, donde como en toda guerra no hay ganadores, ni vencidos, sino que el resultado más visible es el daño proporcionado a los niños, que son el futuro, la parte carnosa de nuestra sociedad y que formada en esta dirección continuará repitiendo la historia, sin lograr un crecimiento intelectual y cultural acorde a los tiempos, haciendo una comunidad corrupta (porque eso les estamos enseñando). La solución pasa por realizar un cambio de paradigma donde la prioridad real sean los más pequeños. Ellos deben tener acceso a ambos padres, con libertad, donde exista igualdad de derechos y obligaciones, aplicando en caso de necesidad la legislación existente, educándolos y haciéndonos cargo, así como exponer el problema que tenemos como sociedad para que entre todos arribemos a un puerto seguro. Nada lograremos con la censura, de hecho nuestra historia así lo ha demostrado.

Finalizando, y a modo de deseo, sería muy interesante que comience a primar el sentido común y quienes plantean, o defienden, este sistema dejen de tener una actitud corporativa, comenzando a considerar otras aristas del esquema planteado, entre ellas:

> la edad media terminó hace mucho tiempo (En la actualidad el hombre no es el único proveedor de alimentos ni la mujer su sirvienta. Existen mujeres que gobiernan países, que son jefas del hogar y hombres que asean el mismo, otras más que propugnan la igualdad de género, pero en este punto no la desean por lo que van a contramano. El resultado, producto de una gran ambigüedad, conduce a más problemas y ninguna solución...y estas deben de ser compartidas);

> lo que hacen es dañar y amputar la esencia e identidad de los niños, a quienes le deben respetar sus deseos, derechos y necesidades sin someterlos a presiones o alineamientos, intentando darles la mayor armonía más allá del dolor de una familia dividida (ser un verdadero padre o madre es darlo absolutamente todo, hasta más no poder, con el fin de hacer felices a los hijos…y no me refiero a cosas materiales, sino a simples actos de amor que les den el equilibrio suficiente como para que lleven una vida plena);

> la violencia en si misma, o encubierta, genera más violencia (como exprese más arriba “los violentos” surgidos tras un divorcio), por lo que me animo afirmar que se disminuirían muchos de estos “presuntos” actos, de ambos lados, y que son producto de la impotencia que genera tener un sistema judicial tan lento e ineficaz que no acciona adecuadamente ante un tema tan sensible como es el que involucra al amor por un hijo (con sarcasmo digo: tengamos presente que un hijo es el resultado de la relación en pareja cuya cúspide se logra en la fecundación de un óvulo femenino por el esperma masculino; quien no atienda esta realidad está proponiendo acciones que se acercan más al nazismo o a las actualmente denominadas feminazis -doctrina sustentada en la intolerancia, intransigencia o inflexibilidad, es decir solo sus ideas son las válidas-);

> estar atentos a los debates populistas de ciertos políticos; estos suelen terminar en normas, en cuya esencia buscan juntar votos, que posteriormente hacen demasiado daño a un grupo, sea minúsculo o no, de la sociedad (en este ítem hago referencia a que se ha legislado en favor de un solo género, otorgándoles todo el poder y haciendo de este modelo una dictadura aplicada sobre los hijos).

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Fuente: Documental Borrando a Papá.

La justicia considera a los padres un simple monedero, objeto inanimado y sin sentimientos
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