Juicio de Marta Calvo: “Me drogó para matarme, no hay más”

Una imagen referida a la violencia machista. / Pixabay
Una imagen referida a la violencia machista. / Pixabay

Una de las víctimas del descuartizador confeso de Valencia, Jorge Ignacio Palma, ha ofrecido un desgarrador testimonio en el que relata los horrores de su ataque.

Juicio de Marta Calvo: “Me drogó para matarme, no hay más”

El juicio por el asesinato de Marta Calvo, Arliene Ramos y Lady Marcela Vargas prosigue. Este martes compareció ante el jurado una víctima (de una decena) de abuso sexual que sobrevivió a un ataque en el que el perpetrador introdujo cantidades letales de cocaína de alta pureza en sus partes íntimas sin su consentimiento, ocasionando su desmayo y posterior ingreso a un centro sanitario.

Todos los indicios apuntan a un solo hombre, Jorge Ignacio Palma, un colombiano de 40 años que se entregó a la Guardia Civil en diciembre de 2019, y confesó haber descuartizado y ocultado el cuerpo de la joven de 25 años Marta Calvo en distintos contenedores, un caso que tras su cobertura mediática destapó otros dos presuntos asesinatos y una decena de agresiones sexuales con el mismo modus operandi: la sumisión por abuso de sustancias estupefacientes.

Una mujer colombiana de 44 años que ejercía la prostitución y tuvo un encuentro íntimo con Palma, hoy sentado en el banquillo de los acusados, tuvo la oportunidad de comparecer ante el jurado y compartir su desgarradora experiencia. Lo hizo detrás de una mampara, con mucho miedo a que el procesado le reconociera. A pesar de los imprudentes comentarios e intentos de la letrada de la defensa, la jueza optó por mantener el parabán levantado y evitar que el acusado observara a la testigo.

“Me ha arruinado la vida, no puedo tener pareja, tengo miedo y pánico a los hombres”, ha dicho, para después contar que está siendo tratada en terapia por su traumática experiencia, y que ha intentado suicidarse tras haber sido abusada. Visiblemente afectada puso al tanto a los nueve miembros del jurado que ella inicialmente no quería declarar, pero que tras recibir ayuda psicológica ha decidido participar en el proceso.

“Me drogó para matarme”

El calvario de esta mujer, cuya identidad permanece en reserva, inició en junio de 2018. La mujer que regentaba las citas le pidió hacerse caso de un cliente que quería hacer una “fiesta blanca”, una práctica con cocaína que una compañera rechazó inicialmente.  Ella aceptó a pesar de que no le gustara consumir, pues “como están tan locos, no se enteran que nosotras fingimos”.

Él se ofrece a darle un masaje boca abajo, a lo que ella accede. Inicialmente, según relata, sospechó porque el hombre mantuviera uno de sus puños apretados, pero le restó importancia. Comenzó a sentir calor y el “corazón rápido”, que adjudicó al aire acondicionado apagado. La mujer se marcha un momento al baño, le arden sus genitales y entra en la ducha. “Empezaron a salir rocas de cocaína del tamaño de un garbanzo, cinco o seis” relata, a lo que le increpó al hombre denunciándole que introdujo la sustancia sin su consentimiento.

“Él era una persona muy tranquila, sabía lo que estaba haciendo. Tratamos todos los días con hombres drogados, ebrios... Y ese hombre en ningún momento se drogó, no tenía las pupilas dilatadas, no tenía ninguno de los síntomas que sabemos”, dijo la mujer. La víctima relató que denunció su situación con la madame, pero esta se desentendió de cualquier cosa que estuviera pasando.

Fue entonces que decidió ir a la cocina y agarrar un cuchillo. “Usted me mata, pero se viene conmigo. No me deja sin mis hijos”, contó la mujer; también relató que Palma salió vistiéndose de la habitación después y le plantó un beso en la frente diciéndole: “ay, pobre chica, cómo le gusta la droga...”. “Me drogó para matarme, no hay más”, sentenció la víctima en el estrado.

Más sustancias desconocidas

Este mismo día han comparecido dos peritos y el jefe de Homicidios de la Guardia Civil de Valencia, que ha encontrado un “patrón coincidente” entre la mayoría de los casos, incluyendo lo que se sabe de las tres mujeres asesinadas, especialmente en el método con el que contactaba y atacaba a sus víctimas, la mayoría siendo trabajadoras sexuales que mantuvieron un encuentro con él tras quedar en Internet, presentaron síntomas como aceleración del pulso, convulsiones y hasta pérdida de consciencia, tras entrar en contacto con altas cantidades de droga.

Los forenses que comparecieron, además, ponen en entredicho una cuestión extremadamente relevante: es muy probable que más sustancias estén involucradas, aparte de la cocaína. Ambos confirmaron que se encontraron niveles letales de droga en el cuerpo de Lady Marcela Vargas, y que cada una de las víctimas tuvo “diferentes grados de afectación” debido a varios factores como la pureza de la droga o la tolerancia de sus organismos.

Los expertos pusieron el foco en que la cocaína es un estimulante, y por su naturaleza la exaltación debió haber sido el síntoma común en todas las víctimas, pero en su lugar todas presentaron adormecimiento, coincidente con otras sustancias, por lo que las autoridades creen que más sustancias debieron haber sido ingeridas, presumiblemente en las bebidas.

Finalmente recordaron que la cocaína es un compuesto soluble en agua, por lo que, al menos sin alteraciones, lo más probable es que las rocas de droga se diluyeran rápidamente al entrar en contacto con zonas tan húmedas y absorbentes como las mucosas vaginales y anales. Por esto los investigadores creen que se usó otro tipo de sustancia para condensar la droga. “Lo que queremos explicar es que se tuvo que usar una sustancia apelmazante para aglomerar la cocaína, pero no sabemos cuál podría ser”. @mundiario

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