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MUNDIARIO

Ese inútil esfuerzo de demorar la primera visita al baño una noche de cañas

Cuando aparecen las ganas, el único pensamiento es retrasar el momento de ir al lavabo por primera vez para evitar una noche de frecuentes visitas al excusado.

Ese inútil esfuerzo de demorar la primera visita al baño una noche de cañas
Restrooms. / mommysaiddaddysaid.com
Restrooms. / mommysaiddaddysaid.com

Luisa de Garnica

Analista de actualidad científica.

Todo el mundo lo sabe. Cuando salimos por ahí a tomarnos unas cervezas, una vez que vamos al baño por primera vez se abre la caja de Pandora. A partir de ese momento la pauta de visitas al excusado se repite cada 15 o 20 minutos, con lo que se intenta evitar esa primera visita hasta el límite de nuestras fuerzas. Pero, ¿por qué sufrimos este incómodo inconveniente que interrumpe repetidas veces la conversación más entretenida sin remisión?

Debemos tener en cuenta que una vez hemos llegado al punto de encuentro con los colegas ya llevamos cierta cantidad de orina en nuestra vejiga. Comenzamos con el primer sorbo entre risas y el alcohol empieza a hacer efecto. No ese efecto de desinhibición y alegría que todos esperamos, sino un efecto hormonal al que somos ajenos.

Nuestro cerebro produce una hormona llamada ADH (antidiurética) que impide el vaciado de la vejiga. Su función es evitar la deshidratación favoreciendo la reabsorción de agua a nivel renal. La ADH liberada por la glándula pituitaria se une a unos receptores situados en los riñones haciendo que se absorba más agua en el sistema urinario y que la orina que se vierte a la vejiga sea más concentrada. Así, se mantienen en el organismo los niveles normales de fluidos, sales y glucosa; además de regularse la tensión arterial.

Cuantas más copas tomemos menos control tiene nuestro cerebro sobre el llenado de la vejiga, de ahí que sean inevitables las constantes visitas al lavabo.

La primera cerveza contiene, aparte de agua, alcohol. Ese alcohol bloquea ciertas vías nerviosas que tienen que ver con la producción de esta hormona. Al disminuir la cantidad de ADH en sangre según vamos consumiendo alcohol se reabsorbe menos agua en los riñones y por tanto la vejiga se llena más rápidamente y con orina menos concentrada. Cuantas más copas tomemos menos control tiene nuestro cerebro sobre el llenado de la vejiga, de ahí que sean inevitables las constantes visitas al lavabo.

Otro factor que influye en menor medida es el carácter irritante del alcohol sobre el tejido de la vejiga. Ciertas personas son sensibles a esta irritación que puede aumentar con bebidas que contengan gas (anhídrido carbónico) como la cerveza o los vinos espumosos. Esta desazón interna hace que tengamos la sensación de que nuestra vejiga está más llena de lo que realmente está.

El Doctor Karl S. Kruszelnicki de la Universidad de Sídney asegura que, de media, se pueden soportar tres copas antes de tener que ir al baño en una noche de ronda, debido a esta caída en los niveles de ADH promovida por el alcohol. Así que amigos cerveceros y cerveceras, es indiferente cuánto intenten retrasar esa primera visita al baño. No sufran pues, dado que su esfuerzo por contenerse será inútil a la hora de aplacar las urgencias posteriores que, sin remedio, aumentarán de frecuencia según vaya avanzando la noche.