Las inocentadas que publicaban los periódicos tal día como hoy, suplantada por las noticias falsas

Santos Inocentes. / Pablo Leis
Santos Inocentes. / Pablo Leis
Algunas tienen apariencia de veracidad, pero intoxican y manipulan a los más vulnerables.
Las inocentadas que publicaban los periódicos tal día como hoy, suplantada por las noticias falsas

Se atribuye a Umbral el dicho “yo no doy nunca noticias, esparzo rumores que es más cómodo y simpático”. Sea o no verdad su autoría, lo cierto es que el escritor fue un  periodista riguroso en sus crónicas y comentarios. Sabía que este oficio debe distinguirse por publicar noticias veraces y opiniones independientes contando a diario la historia continuada de nuestras grandezas y miserias, de nuestra cultura en definitiva, entendida en su más amplia expresión. 

Recuperé esa frase al recordar que hasta hace poco los periódicos se permitían la licencia de publicar una o dos noticias falsas tal día como hoy, festividad de los Santos Inocentes instituida por la Iglesia Católica en memoria de los niños “sacrificados” por Herodes para deshacerse del Mesías que pensaba estaba entre ellos. Las inocentadas publicadas nunca se referían a temas serios, versaban sobre asuntos triviales y la gracia estaba en la credibilidad que le daban algunos lectores, ingenuos o despistados.  

Eran otros tiempos. Seguramente pocos periódicos continuarán hoy con la vieja tradición de las inocentadas, ahora en retroceso, porque desde hace unos años la sociedad está demasiado polarizada y crispada y los ciudadanos perdimos el sentido del humor. Ya no nos hace gracia que un periódico coloque en primera página una noticia tan llamativa como falsa y tampoco soportamos las chanzas del amigo o del compañero de trabajo que antes se divertían gastando bromas, casi siempre inofensivas. Lástima del sentido del humor perdido.  

Pero tanto o más grave que la pérdida del talante humorístico es que aquellas “inocentadas inofensivas” hayan reaparecido de forma mucho más agresiva y cruel en las redes sociales -también en algunos medios de comunicación para los que la verdad dejó de ser importante-, que son ahora la plataforma para difundir noticias falsas o mentiras disfrazadas de medias verdades.

Por la red, dice el escritor Jordi Soler, circulan con la misma jerarquía datos verdaderos y falsos, teorías, delirios e invenciones, noticias de verdad y fake news. El problema, apunta José I. Torreblanca, “no es el exceso de información, el problema es el exceso de basura disfrazada de información” para engañar y manipular a la opinión pública por intereses políticos, económicos y comerciales, o simplemente para desacreditar a otras  personas, lo que ocurre con frecuencia en el ámbito político.

Dicho esto, disfrutemos de las clásicas inocentadas que se publiquen y cuidado con las fake news que tienen apariencia de veracidad, pero intoxican y manipulan a los más vulnerables. El antídoto es la lectura inteligente y el pensamiento crítico que saben distinguir la información veraz de tanta bazofia que circula a diario por la red con intereses espurios. @mundiario

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