Una industria muy norteamericana: el striptease tipo ‘table dance’

Bailarina de table dance. / Pinterest
Bailarina de table dance. / Pinterest

Un performance erótico que derivó en prostitución: los escenarios de México, Canadá y EE UU. Apertura comercial, migración y narcotráfico que explica este autor en MUNDIARIO.

Una industria muy norteamericana: el striptease tipo ‘table dance’

Un performance erótico que derivó en prostitución: los escenarios de México, Canadá y de los Estados Unidos. Apertura comercial, migración y narcotráfic que explica este autor en MUNDIARIO.

La oferta erótica del table dance americano supuso ser un sustituto a la prostitución y no un incentivo, como ha venido ocurriendo en México y en algunas ciudades de los Estados Unidos. Pretendía ser un espectáculo sexual en donde lo que se ponía en valor era la imagen y el performance de la bailarina y, no como actualmente sucede, el contacto físico y el cuerpo de la mujer.

Es así que el performance del striptease norteamericano tipo table dance se desarrolló como industria sólo en pocos países del mundo, en un Estado Libre Asociado y en un Protectorado: Estados Unidos, Canadá, México, Puerto Rico, Inglaterra, Australia, Nueva Zelanda, Macao, Japón, Rusia. Y en menor medida,  Alemania, Islandia e Isla Margarita en Venezuela. Explicar por qué surgió este trabajo sexual en ciertos países y en otros no, no resulta tan sencillo como parece. A pesar de que gracias a Hollywood resultan lugares conocidos por todos. Pero al parecer este espectáculo sexual floreció en ciertos lugares debido a los costos de oportunidad de este mercado sexual. En la Europa continental la sobre oferta de la prostitución impedían que un espectáculo de esta naturaleza luciera atractivo para la clientela masculina. En Madrid hubo un intento denominado Oz Teatro pero no prosperó. – “No había forma de que te compraran muchos bailes porque desde el principio te preguntaban cuanto cobrabas por irte con ellos (Clientes)”, recordaba Julieta. Una rubia andaluza que acabaría por emigrar a México para trabajar como bailarina erótica o como teibolera, que es como se les conoce en el país azteca.

— Sí, en México ganaba mucha más pasta… y con eso de que les encantan las rubias...

— Tenía un novio pero lo dejamos porque a su familia no le gustaba la idea de que se enredara con una teibolera… mucho España mucho España pero teibolera… teibolera pero con mucho dinero...

Asimismo encontramos algunas tendencias de carácter global que permiten construir una explicación teórica congruente sobre la industria del striptease y su creciente demanda, sin considerar como se descompuso conceptualmente su propuesta erótica: 1) El protagonismo del cuerpo sin precedente en la historia contemporánea. Cubrir y descubrir el cuerpo ha cobrado una importancia muy singular en el sistema de las apariencias vigente. Esta obsesión narcisista es especialmente sintomática, a partir de la década de 1980; 2) La pandemia del sida en la segunda mitad de los años ochenta supone que la cópula fuese un riesgo para la salud de las personas y que el sexo, por tanto, se volviese un asunto “delicado”; 3) Una filosofía neoconservadora que reaccionó a los aires libertarios de la generación que le precedía, apoyada en un discurso que militó por la defensa a ultranza de la familia tradicional. El striptease reproduciría la ideología hegemónica que privaba en la sociedad, sin poner en peligro el sentido de “masculinidad”; 4) La proclividad hacia el disfrute del vouyerismo como dinámica social. Las nuevas tecnologías no sólo lo han facilitado, sino que lo han promovido debido a la posibilidad del consumo de manera anónima; 5) El sentimiento de soledad en una época de conectividad digital sin precedente. Las nuevas comunicaciones virtuales y el marcado individualismo han lastimado la ritualidad del cortejo cara a cara; 6) El agotamiento de espacios y protocolos instalados en los códigos tradicionales de socialización hombre/mujer, por lo que los clubes de strip tease entendidos como “departamentos de soltero” colectivos, ofrecerían esta posibilidad, a partir de la dramatización del flirteo masculino; 7) Los clubes table dance como pornotopias (espacios idealizados de pornografía) adaptadas a la modernidad, donde lo que se oferta es presentado y representado en un formato diurno y continuo. Es un performance neotaylorista cuya “línea de producción” se traduce en una pasarela y en un instrumento fálico metalizado que no requiere de horarios determinados ya que el espectáculo es prácticamente ininterrumpido. Un espectáculo erótico sin funciones ni horarios. Diseñado y acorde con la vida urbana de las modernas metrópolis.

La expansión de la industria del striptease en los Estados Unidos en los años ochenta se empata con la incorporación masiva de las mujeres al mercado de trabajo. De este fenómeno México, Canadá y el mundo occidental no estarían exentos. Las cíclicas crisis en el capitalismo tardío, acabarían por incentivar dicha incorporación femenina a los caños siempre cromados de los strip clubes. Esta mudanza en las actividades económicas supuso un cambio cultural en los procesos civilizatorios en los que se inscriben los ritos de socialización. La soledad y la apatía social comenzaron a ser algunas de las anomias de las sociedades modernas. Nunca tan comunicados y nunca tan solos, sentenciaría el académico español Román Gubern  (2000). La compañía, entonces tenía un precio susceptible de ser pagado dentro de un recinto de con strip tease. Pero además, la resemantización de la división social del trabajo significó que los hombres entendieran los nuevos códigos y una nueva masculinidad con valencia de género menos polarizada. Códigos que les permitieran relacionarse de un modo distinto con las mujeres, lo cual ha creado tensiones que no siempre han sido superadas con fortuna. El flirteo sin compromisos, ajustado a las necesidades de la subjetividad masculina hegemónica, es una teatralidad que puede ser dispensada en los clubes en donde, como se dice en España, las mujeres pueden alternar con la clientela y dramatizar el “dejarse conquistar”. – “Muchas veces sólo quieren hablar y lo más importante es que tú te muestres interesada en lo que te dicen”, explica Claudia, una bailarina erótica que trabajó tanto en México como Estados Unidos.

La industria erótica del striptease es una oferta que se encuentra plenamente mimetizada e integrada a la vida urbana de los norteamericanos. Es un negocio que logra mover algo así como 15 billones de dólares anualmente. Algunos clubes cotizan en la National Association of Securities Dealers Automated Quotation (NASDAQ).

 

La industria erótica del striptease es una oferta que se encuentra plenamente mimetizada e integrada a la vida urbana de los norteamericanos tanto de Estados Unidos, como de México y Canadá. En la actualidad hay en la Unión Americana más de 3 000 clubes de costa a costa. Es un negocio que logra mover algo así como 15 billones de dólares anualmente. Algunos clubes cotizan en la National Association of Securities Dealers Automated Quotation (NASDAQ) y las ganancias, para muchos de sus socios, resultan millonarias.

De los tres países que integran el Tratado de Libre Comercio de Norte América: Canadá, México y Estados Unidos valdría la apuntar que las expectativas de ganancias para las bailarinas ha sido muy similar desde finales de la década de los ochentas, a pesar de que la economía mexicana registra un mucho menor poder de compra. Es decir, ha sido un servicio sexual con costos muy similares en estas tres economías norteamericanas. Sin embargo, las eficiencias y capacidades estatales son muy notorias en cuanto al costo beneficio. Canadá, quien ha gozado de gobiernos más liberales ha podido instrumentar políticas públicas que entienden esta oferta como un asunto de salud pública y, especialmente, protege la dignidad de las oferentes. Los hacedores de las políticas públicas han tenido la capacidad de diseñar la injerencia estatal de manera que incluso existe hasta un visado especial para quienes pretendan trabajar como bailarinas eróticas en este país. En realidad esta oferta lasciva ha estado pocas veces en la agenda mediática, si consideramos la dimensión de este mercado sexual.

En Los Estados Unidos esta industria ha sido sólo parte de las agendas institucionales locales. Conviene hacer notar que en California las bailarinas eróticas pueden estar sindicalizadas, mientras que en la Florida, donde han prevalecido los gobiernos conservadores, las trabajadoras sexuales no gozan de ninguna garantía laboral.

En la ciudad de Miami en particular, el striptease como performance erótico se instaló en la década de los setentas, pero fue en los 80s cuando ganó popularidad como en el resto de Estados Unidos. Dos cosas hay que mencionar en este sentido. Por un lado, el tráfico de drogas que se desembarco años atrás, si bien financió inmobiliarias entre otros servicios, desató una ola de violencia que los americanos no estarían dispuestos a permitir. Los establecimientos de baile erótico fueron fiscalizados desde sus inicios para evitar el lavado de dinero. El conocido corporativo judío Solid Gold fue especialmente cuidadoso en este sentido. Hay que decir que la comunidad judía en el sur de la Florida es un colectivo muy poderoso. Este mismo corporativo años después abriría sus puertas como Solid Gold Ciudad de México con capital judío local. En este sentido, la industria del striptease cobró fuerza cuando el tráfico de drogas iba en descenso en esta ciudad americana. Con el Mariel, muchas bailarinas cubanas se incorporarían a esta próspera industria. Después otras economías quebradas de América Latina también generarían oferentes para este trabajo sexual como así se registró con la Revolución Bolivariana en Venezuela y el Corralito argentino. Lo cierto es que en esta parte de Estados Unidos nunca ha escaseado la oferta de bailarinas latinoamericanas y probablemente este sea uno de sus problemas de origen. La Crisis Hipotecaría del 2008 también promovió este trabajo erótico dentro de la población femenina cautiva y desempleada en el Sur de la Florida. La sobreoferta ha promovido la competencia desleal, es decir el que las bailarinas ofrezcan un extra, además del strip tease. Y este extra supone la concesión del cuerpo puesto en valor. El contacto físico es mucho más agresivo en comparación con otras ciudades de Estados Unidos.

Un reportaje del HUFFPOST VOCES de agosto del 2012 se titulaba: Table Dance en el sur de la Florida, Prostitución  no controlada. La nota también da voz a una de las bailarinas:

"Yo te puedo hablar del club donde yo trabajo, los bailes que se hacen en privado y esos bailes no tienen cámara, no tienen ninguna regulación. Generalmente hay un hombre de seguridad que es el que te chequea, pero tú tienes que estar batallando con los clientes porque te están tocando", dice Alejandra, originaria de Cuba de profesión contadora y quien tiene cerca de cinco meses trabajando como bailarina en un club en el Sur de Florida (…) Alejandra cuenta  -dice la nota- que la prostitución se lleva a cabo en estos cuartos, donde se realizan bailes privados y no son vigilados ni por cámaras de video o por agentes de seguridad.

La entrevista que le conceden a la reportera Blanca Gómez  da la razón a Alejandra, la bailarina erótica: Por otra parte, Napier Velázquez, vocero de la Policía de Miami, dijo que en lo que va del año hasta le facha tienen contabilizados 298 arrestos de personas relacionadas con el delito de prostitución, sin embargo reconoció que dentro de los bares los operativos encubiertos para reforzar las leyes contra la prostitución no son muy frecuentes y que de hecho, no se han hecho desde hace varios años.

Este tipo de bares que ofertan un performance tipo striptease, no siempre fueron considerados como prostíbulos. En realidad la prostitución se encontraba prohibida en estos clubs. Ahora lamentablemente es una práctica endémica en sociedades con fuertes vacíos institucionales.

 

Así pues, tanto en México como en el sur de la Florida, hablar de Strip clubs es hablar de prostitución con toda la carga moral que esto supone. Sin embargo, este tipo de bares que ofertan un performance tipo striptease, no siempre fueron considerados de esta manera peyorativa. En realidad la prostitución no sólo se desinhibía, sino que se encontraba prohibida. Ahora lamentablemente es una práctica endémica en sociedades con fuertes vacíos institucionales

En la economía del deseo mexicana la oferta del table dance fue adoptada y se convirtió en una industria a partir de la firma de México del Tratado de Libre Comercio de América del Norte junto con los Estados Unidos y Canadá (1994). Sin embargo, el desconocimiento de esta actividad en México acabó por generar ciertas externalidades relacionadas con la prostitución, la salud y la seguridad públicas, por un lado; y con la dignidad, el estigma social, la violencia y el tráfico de mujeres, por el otro. Si bien, el libre comercio no fue la razón única para que la oferta del baile erótico se naturalizara en la sociedad mexicana, la instalación de franquicias norteamericanas de table dance lograron un impacto simbólico muy marcado en las élites y las clases medias urbanas, lo que provocó que en poco tiempo se volviera una actividad común en el divertimento sexual de los mexicanos

Actualmente la construcción social de la sexualidad en el escenario mexicano ha sido un proceso histórico dentro del cual la modernidad ha tenido acomodos irregulares pero, al mismo tiempo, contribuido de manera particular. Esto ha transcurrido tanto en términos de cambios estructurales, que influyen sobre las prácticas sexuales y eróticas, como de los discursos sociales y políticos que se enfrentan de manera poco armoniosa. El resultado de dicha integración cultural ha supuesto un cambio gradual y, en ocasiones, híbrido en relación con el ejercicio de la sexualidad y de los trabajos sexuales en México. Los impactos de dicha integración son de distinta naturaleza y muchas veces se han ido acoplado de modo violento a su entorno. Ésa es la razón de que algunos lugares en México sean considerados como “giros negros”. Conviene destacar que estos acomodos tanto de las ofertas como de las prácticas sexuales pueden ubicarse en el eje de la integración económica y de las mudanzas culturales; así como en el de la transición gradualista a la democracia, la cual ha incorporado en su agenda expedientes referidos a los derechos de las minorías y a la tolerancia. Es importante destacar este rasgo, ya que al no existir un cambio político abrupto no es posible identificar un antes y un después en términos de una nueva moral que niegue las prácticas y los discursos de la sexualidad del régimen anterior y que inaugure uno nuevo. No es posible hablar de un “destape mexicano”, aludiendo al “destape español”. La transición gradualista mexicana se empalmó con una ola neoconservadora que se inició en los años ochenta y que militó en favor de las prácticas tradicionales de la sexualidad. El neoconservadurismo encontró en la pandemia del Sida un recurso para promover un discurso beligerante e inquisitorio contra todo aquello que no alzara el estandarte de la familia tradicional. Pero lo cierto es que, en el caso de México, la sociedad estaba cambiando en relación con sus prácticas sexuales en el espacio de lo público, lo privado y lo íntimo (Revista Nexos, 1994). De prisa, sigilosa y generacionalmente, la sociedad mexicana se estaba convirtiendo en una sociedad más permisiva y abierta en relación con su vida sexual, no sin tensiones ni reacciones de distintos agentes sociales. Ni tampoco sin impactos a sus instituciones formales e informales, lo que en un contexto de violencia y debilitamiento institucional, debido al expediente de los poderes fácticos y a su naturaleza, obliga a la intervención estatal en esta actividad erótica no regulada, como es el caso del table dance en México.

El arribo de bailarinas extranjeras ha sido más que un mero ornamento para los establecimientos de table dance mexicanos que pueden pagar los costos de transportación, vivienda, agencias y canonjías para los funcionarios del Instituto Nacional de Migración. El empleo de bailarinas eróticas rubias y extranjeras en una sociedad como la mexicana, con tan fuerte concentración del ingreso y en la que prevalece un habitus racista, ha tenido la pretensión de ser un marcador social para una clientela siempre ávida de consumos VIP. El impacto simbólico de las estadounidenses (o que lo parecieran) logró que el table dance fuera percibido como un lugar de “cuerpos exquisitos” para la elites mexicanas. Pero cuando el mercado mexicano dejó de ser atractivo para las bailarinas estadounidenses, a partir de la crisis de 1994-1995, éstas fueron sustituidas por venezolanas, argentinas, europeas del este, cubanas y mexicanas en las principales ciudades del país. La fuerte demanda obligó a disciplinar los cuerpos de las bailarinas mediante el bisturí, los implantes y las inyecciones de sustancias apócrifas en glúteos y piernas. Esta práctica ha sido mucho más recurrente en el sur de la Florida, por cierto. Conforme el table dance dejó de ser una oferta elitista, los cuerpos de las bailarinas fueron incorporando las preferencias y demandas de la clientela clasemediera mexicana. Los clubes pasaron de la exclusividad a la etiqueta de giro negro. De esto vale la pena destacar las preferencias estéticas acusadamente latinas de los clientes varones y la fetichización que éstos le dispensan a los cuerpos de las bailarinas eróticas.

En la actualidad, en México el tema del table dance y de las teiboleras está plenamente naturalizado y es tema sistemático en periódicos y noticieros de radio y televisión. Tres son los rubros más recurrentes con los que aborda la prensa impresa y electrónica —generalmente local— en este tópico doméstico: 1) Las redadas de bailarinas extranjeras en ciertas demarcaciones de cualquier ciudad mexicana; 2) el involucramiento de algún “personaje” mediático con los establecimientos de table dance o con alguna bailarina erótica; 3) el que los narcotraficantes tengan presencia en estos espacios, muchas veces de manera violenta y con consecuencias fatales. Esta es su principal ironía porque si bien estos recintos sirvieron para el lavado de dinero en un principio cuando se inauguraron, la guerra desatada contra y por el narcotráfico ha debilitado con mucho la demanda de este trabajo sexual. Los bares de table dance han sido a menudo rehenes y blanco de ataques de la delincuencia organizada, además de que han seguido siendo establecimientos para el lavado de dinero. Por tal motivo, esta industria ha dejado de crecer al ritmo en que lo estaba haciendo y su futuro parece muy incierto debido a la reticencia y falta de voluntad para incorporar esta actividad en las agendas de los gobiernos locales.

— “Antes cuando sabías que era narco pues ya sabías que te iba a ir muy bien esa noche. Muchas veces ni le tenías que bailar. Les aceptabas relojes o automóviles. Claro ya sabías de qué se trataba. Ahora ya no sabes si arriesgarte porque si se te encarna ya no hay manera de decir que no… ya no es lo de antes”, confesaba Geraldine, una atractiva bailarina mexicana que se dedicó al modelaje y a la promoción de diferentes productos y servicios, cuando dejó el striptease.

La influyente revista mexicana Proceso titulaba un reportaje de la siguiente manera en un tono no poco sensacionalista:

“Reporte especial: Esclavas de lujo. En la prostitución globalizada, después del narcotráfico y el comercio ilegal de armas, la trata de mujeres es el mejor negocio para las mafias internacionales que operan en México: al coludirse con narcotraficantes y autoridades gozan de impunidad y se mezclan en otros negocios igual de lucrativos. Por su parte, las víctimas de la esclavitud sexual padecen tratos violentos que no pocas veces terminan en homicidios.”

Una industria muy norteamericana: el striptease tipo ‘table dance’
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