Incendios en Ourense, Zamora y León: cuando el fuego se convierte en un enemigo estructural

Incendio en Ourense. / @UMEgob
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha confirmado que España recibirá dos aviones Canadair de la UE, con capacidad de 5.500 litros cada uno, para reforzar las labores de extinción de los fuegos.

España vuelve a vivir un agosto negro. Las llamas, implacables, han convertido el noroeste peninsular en un tablero de batalla contra un enemigo recurrente: los grandes incendios forestales. Ourense, Zamora y León conforman hoy el triángulo más castigado, un corredor de fuego que arrasa miles de hectáreas, obliga a evacuar a miles de vecinos y pone al límite la capacidad de respuesta de las autoridades.

En las últimas jornadas, siete de los diez principales incendios activos identificados por el Ministerio del Interior se concentraban en esta región. Más de 9.500 personas de más de cincuenta municipios han sido evacuadas, mientras las llamas se han cobrado dos vidas y han dejado al menos siete heridos, cuatro de ellos en estado crítico.

La sensación de impotencia se palpa sobre el terreno. El alcalde de Alija del Infantado (León), José María Sánchez Córdoba, lo resumía con crudeza: “estamos impotentes y a la expectativa”, mientras el fuego amenazaba con penetrar en un pinar próximo a la localidad. Los vecinos, en muchos casos, optan por defender sus casas con lo que tienen a mano, acompañados, cuando hay suerte, por militares de la Unidad Militar de Emergencias (UME).

Las condiciones climáticas han convertido este verano en un campo abonado para la tragedia. La segunda ola de calor del año, con temperaturas que rozan los 45 grados centígrados, se combina con rachas de viento y tormentas secas que alimentan los focos y generan otros nuevos. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) alerta: no hay precedentes de un periodo tan cálido entre el 1 y el 20 de agosto en España. El riesgo extremo de incendio se mantiene en gran parte del país.

A este cóctel se suma una realidad estructural: la abundancia de especies inflamables como eucaliptos y pinos, que regeneran rápido y ofrecen combustible constante a las llamas.

Marlaska anuncia ayuda de la Unión Europea

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha confirmado que España recibirá dos aviones Canadair de la UE, con capacidad de 5.500 litros cada uno, para reforzar las labores de extinción. Una ayuda que llega tras las críticas del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, que acusó al Gobierno de solicitar medios europeos tarde. El ministro asegura que los recursos se destinarán “donde sea prioritario”, aunque no ha concretado aún su destino.

Mientras, en las tareas de extinción trabajan más de 1.500 efectivos entre personal de la Junta de Castilla y León, la UME y otros recursos estatales y autonómicos. Comunidades vecinas como Cantabria también han enviado apoyo, evidenciando que el reto supera las fronteras administrativas.

Ourense, Zamora y León no son víctimas ocasionales de las llamas. En la última década, Castilla y León ha perdido más de 195.000 hectáreas en 13.600 incendios, con Zamora registrando en 2022 la quema del 6 % de su territorio. Ourense encabeza las cifras: más de 43.000 incendios y 230.000 hectáreas calcinadas desde 2001, más de la mitad de toda Galicia.

Una tragedia que se repite cada verano

Las causas van más allá del clima. El abandono rural, la fragmentación de la propiedad, las negligencias y los incendios provocados se combinan en un ciclo que las administraciones no han logrado romper.

El drama de este agosto confirma que España necesita replantear su estrategia contra los incendios, no solo como respuesta a emergencias, sino como una política de prevención integral. Implica revisar la gestión forestal, reforzar la limpieza y el desbroce, actuar sobre las plantaciones inflamables y recuperar la actividad rural que históricamente mantenía a raya el combustible vegetal.

Mientras tanto, el fuego sigue avanzando. Y cada hectárea perdida, cada pueblo evacuado y cada vida truncada son un recordatorio de que, si no se afronta este problema como una prioridad de Estado, agosto seguirá siendo sinónimo de ceniza. @mundiario