El impacto de los padres en el aprendizaje de los niños con discapacidad dependiente

Aprendizaje. / Pexels.
Aprendizaje. / Pexels.
Las actitudes son modificables, aunque haya una resistencia al cambio: la realidad las altera cuando no hay conciencia de ello
El impacto de los padres en el aprendizaje de los niños con discapacidad dependiente

Las actitudes de los padres influyen en el proceso educativo del niño discapacitado, por ello es importante hacer una reflexión en torno a ellas y de tener la capacidad para realmente apoyar al niño.

Las actitudes son sistemas más o menos duraderos de valoraciones positivas o negativas, estados emotivos o tendencias a actuar en pro o en contra de un objetivo determinado. Las actitudes son modificables, aunque haya una resistencia al cambio: la realidad las altera cuando no hay conciencia de ello, pero la reflexión profunda es el elemento decisivo para que las actitudes mejoren y el pensamiento y la acción resulten congruentes entre sí.

¿Cuáles son las actitudes negativas más frecuentes en los padres de un niño discapacitado?

Sobreprotección

Todos los niños requieren la protección de sus padres mientras alcanzan la suficiente autonomía personal. El niño discapacitado especialmente tiene que ser acompañado y ayudado para desarrollar sus posibilidades, pero no reemplazado en sus esfuerzos para aprender, rehabilitarse o adaptarse a la vida cotidiana, así como tampoco a ser mimado con una sobredosis de gratificaciones.

No hacer por él lo que puede y debe hacer es difícil para los padres, quienes consideran la sobreprotección como un resultado natural de la discapacidad y como una muestra de cariño, cuando en realidad no es así. Al contrario, el amor tiene que llevarlos a impulsar, motivar y exigir al niño que se desarrolle a su máxima capacidad.

Rechazo

es otra actitud que puede modificarse. El problema es que muchas veces es inconsciente y casi nunca se presenta de forma evidente, sino encubierto por otras actitudes como la exigencia desmedida, juzgar los fracasos de los niños como mala voluntad, flojera o falta de aplicación, o por el contrario, no exigirle nada.

A veces el rechazo se manifiesta como hostilidad abierta o reprimida, pero no como un simple estallido de nervios, sino con gestos hoscos y desabridos, con gritos, quejas, reprimendas en público, castigos injustos o malos tratos hacia él. A veces también se manifiesta olvidándose del niño, o abandonándolo en manos de otras personas, desterrándolo de su vida, por lo menos psicológicamente.

Sentirse culpable o culpar al cónyuge de la discapacidad

Sentirse culpable o culpar al cónyuge de la discapacidad del hijo puede dañar severamente las relaciones de los padres y constituir permanentemente una sobrecarga emotiva, que además tiende a ocultarse y a veces se manifiesta en otras conductas disfuncionales, tales como la sobreprotección, culpabilidad o perfeccionismo.

La carga emocional de un hijo discapacitado no es fácil de manejar. Los padres tienen que reflexionar, sanear sus actitudes a descubrir sus encubrimientos o defensas psicológicas para estar en condiciones de educar. El manejo directo de las emociones, el reconocer los sentimientos que el hijo produce es la vía para poderlos encauzar adecuadamente y para adoptar actitudes positivas que respondan a valores reales de aceptación y cariño, aún con todos los obstáculos que deberán de sortearse tanto para el niño como para la familia.


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El impacto de las actitudes de los padres en el aprendizaje del niño con discapacidad dependiente 

Un protocolo de investigación que consideraba abordar los principales conceptos de actitud descritos por Kübler- Ross (2000), los aspectos de la actitud en los seres humanos manejados por Leo Mann (1990) y conceptos relacionados con la discapacidad, por ser el tipo de población sujeto de investigación, ha demostrado que, por ejemplo, es común que los papás varones presenten actitudes más agresivas ante la discapacidad del niño. Octavio Paz (1980) señala que culturalmente el hombre debe cumplir ciertas condiciones que resalten su hombría, una de ellas es que el primogénito sea varón, que sea sano y fuerte; esto porque signos de debilidad se asocian más bien al género femenino. Otro aspecto que debe cumplir el hombre es ser compañero del hijo varón cuando crezca y entonces ser cómplices en diferentes aventuras. Pero ¿qué pasa cuando esto no se cumple? Efectivamente hay una frustración por parte del papá y la manifiesta a través de la agresión o abandonando a su familia, por el contrario, las mamás manifiestan la actitud de negación a través de la sobreprotección, por lo que se encontró que la variable género influye en las actitudes ante la discapacidad.

En cuanto a las actitudes por rango de edad, se puede señalar que las parejas jóvenes tienen un mayor problema en cuanto a la aceptación de los niños que las maduras, esto puede deberse a que el primer hijo es una esperanza de ilusión y une o bien deshace una pareja. De acuerdo a los resultados los padres muy jóvenes sufren un shock ya que existe un desconocimiento de la discapacidad y como señala Ross (1990) gran parte del primer año los papás se la pasan culpándose uno al otro, lo cual genera problemas en la pareja.

Las parejas con mayor rango de edad, se encuentran en una situación mucho más estable y de aceptación, porque ya pasaron por los procesos más difíciles y manejan de mejor manera la aceptación de la discapacidad. Por ello, se puede señalar que existe una actitud más positiva hacia la discapacidad en adultos maduros que en los jóvenes.

En lo que se refiere a las actitudes por grado de escolaridad, se encontró un dato no esperado, ya que sucede que las familias que tienen menor grado de escolaridad tienen una mejor actitud ante la discapacidad de los niños que aquellas que tienen nivel medio superior o superior. Según Mann (1970), las familias con pocos estudios no alcanzan a comprender totalmente lo que les sucede y lo explican por medio del destino o de la justicia divina, lo que hace que haya una resignación en torno a su situación trátese económica o social. 

El grupo de las personas que tienen escolaridad de nivel medio superior presenta un índice importante de agresividad, esto puede deberse a que existe mayor frustración porque se sienten impotentes de no poder hacer nada y hay mayor información sobre la discapacidad. Por otro lado, el grupo de padres de familia con licenciatura (que son muy pocos), presentan una actitud que oscila entre la sobreprotección y aceptación, realmente los números fueron muy parejos y no se observa una tendencia clara hacia alguno de los rubros en especial, ligeramente hay una inclinación hacia la sobreprotección.

En lo que respecta al grupo rural y urbano, los padres procedentes del medio rural tienden a presentar actitudes menos agresivas que los procedentes del medio urbano, esta situación puede deberse también a lo ya mencionado por Mann(1970), en el sentido de que el contexto rural ofrece mayores posibilidades de resignación o la discapacidad es atribuida a otros factores sociales, y también por esa misma causa pueda explicarse que exista mayor sobreprotección y actitudes depresivas, mientras que en el medio urbano existe mayor agresividad, stress y otros factores que influyen, pero también el nivel de aceptación es un poco mayor, ya que finalmente cuando las personas se tranquilizan, generalmente tienden a buscar información y a auxiliarse de especialistas que los apoyan, por lo que la aceptación resulta un poco más fácil.

Por otra parte, en cuanto a las actitudes de los padres de familia con respecto al aprendizaje del niño, existen cuestiones muy interesantes. En primer lugar, se tiene la idea de que un niño considerado de custodia o con una lesión cerebral severa no va a aprender nada, esto es parcialmente cierto porque cuando está afectada el área cognitiva las funciones primordiales como memoria, atención y procesos abstractos se encuentran muy limitados y obviamente no se va a poder alcanzar un aprendizaje escolar como leer, escribir, contar etc., sin embargo, sí se puede explotar otro tipo de aprendizaje como es el sensorial y el afectivo, que son aprendizajes que se pueden potenciar con la cotidianeidad del hogar y que propician en el niño un conocimiento del mundo en el que están inmersos y una integración al mismo. Según Vygotsky (1990), el primer aprendizaje del niño y el más importante es el que se da dentro del hogar, ya que los papás son los mediadores entre el mundo y el infante. Partiendo de estos principios en los que coinciden el autor antes mencionado y Montessori (1980), se considera que sí puede existir un aprendizaje en el niño, que es un tipo de aprendizaje informal y que los principales educadores en este caso son la familia y el entorno que rodea al niño.

En cuanto a los resultados de este rubro, que son los más importantes en esta investigación, se obtuvo que son las mamás quienes presentan una actitud positiva con respecto al aprendizaje del niño (80%), con respecto a los papás que alcanzaron una actitud positiva del (40%). Estamos hablando de la mitad de la muestra. Los resultados son lógicos si consideramos que las mamás, tal vez sin querer, potencian este tipo de aprendizaje porque están todo el día con los niños y les platican, les cantan, les ponen música, entre otras actividades, mientras que los papás no se dan cuenta de ello porque por el trabajo pasan muy poco tiempo con los niños.

Otro aspecto que explica los resultados anteriores es que las mamás siempre tienen una mayor esperanza en el avance de los niños y hacen todo lo que está a su alcance para lograr una mejor vida para ellos, mientras que los papás si no observan resultados inmediatos en el aprendizaje para ellos no existe como tal.

Padres e hijos estudiando. Freepik.

Padres e hijos estudiando. / Freepik.

También es necesario mencionar que los papás varones asocian el aprendizaje exclusivamente con lo escolar: leer, escribir, contar etc., mientras que curiosamente las mamás asocian el aprendizaje del niño con lo cotidiano, por ello es que se dieron estos resultados.

Finalmente, cabe señalar que los resultados arrojados en la presente investigación son muy importantes ya que todo el tiempo como seres humanos estamos trabajando con actitudes, que por supuesto se pueden modificar. El mayor aporte de esta investigación es señalar que el género y la edad son variables muy importantes que están impactando en el aprendizaje general del niño, por lo que nos da una pauta para que se trabaje mucho más con los papás varones y madres jóvenes, con la finalidad de contar con actitudes mucho más positivas hacia el aprendizaje del niño. 

En concreto lo que se podría proponer como resultado de esta investigación es la elaboración de talleres dirigidos a madres jóvenes y papás varones, en el que comprendan cómo es que se da el aprendizaje del niño y cómo pueden apoyarlo para favorecerlo. @mundiario

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