A veces la tristeza se cuela por el quicio de la puerta, por las fisuras del pasado

Un lluvioso y maldito día del mes de abril / Maribel Zamudio
Un lluvioso y maldito día del mes de abril. / Maribel Zamudio

Los kilómetros se han vuelto siglos, los siglos milenios, y el instante una eternidad. Atrás queda un día gris, uno de esos malditos y lluviosos días del mes de abril... 

A veces la tristeza se cuela por el quicio de la puerta, por las fisuras del pasado

Hoy es uno de esos días grises y no solamente por la lluvia.

Uno de esos días en los que la tristeza se cuela por el quicio de la puerta, por las fisuras del pasado, por las agujeros de mi piel.

Hoy me gustaría tener alas y volar muy lejos, evaporarme, multiplicarme por cero.

Los kilómetros se han vuelto siglos, los siglos milenios, y el instante una eternidad.

Hoy el aire se ha llenado de polvo, se ha enrarecido y no consigo respirar.

Hoy no puedo recordar tu rostro, ni el brillo de tus ojos, ni tu manera de caminar.

Hoy eres humo y penumbra, tinieblas y vacío, duelo y malestar.

Hoy solo quiero dormir, dormir eternamente, para no sentir tu ausencia, ni el absurdo de tu corta vida.

Hoy es uno de esos malditos y lluviosos días del mes de abril.

A veces la tristeza se cuela por el quicio de la puerta, por las fisuras del pasado
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