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MUNDIARIO

Honey Moon, el último disco de Lana del Rey, resulta repetitivo y monocromático

Decepciona el último disco de Lana del Rey, Honey Moon, frente a otros trabajos musicales anteriores, de mayor frescura y altas dosis de malditismo.

Honey Moon, el último disco de Lana del Rey, resulta repetitivo y monocromático
Lana del Rey, cantante/ marchafm
Lana del Rey, cantante/ marchafm

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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

El autor, MANUEL GARCÍA PÉREZ, es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED. Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista y crítico literario. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. @mundiario

Que Lana del Rey es un producto comercial, sin duda. Que Lana del Rey ha hecho de la marginalidad y la psicodelia un negocio, también. Lo preocupante es cuando la artista y su producción, prometedores al principio, se encallan en un estilo monocromático y sin atisbos de superación.

Ya nos llevamos cierta decepción con Ultraviolence, pero Honey Moon se hunde definitivamente. Repetitivo, machacón, el disco parece una colección de canciones desahuciadas que se quedaron en el cajón de la productora. No basta con tirar de marca. A mí Born to die me pareció un disco interesante, un contrapunto a las homogéneas estructuras musicales de Miley Cyrus o Rihanna. Born to die tenía un aire fresco, una pose hipnótica, con ganas de entrar en modo contracorriente.

Observo que Lana del Rey aquí pierde fuelle, salvo en la primera canción o en temas como Freak o 24. Me gusta de ella todavía ese aire de blues con guiños al pop más melódico y esa voz envolvente que te hunde en la miseria cuando se lo propone. Pero Honey Moon no es un acierto, aunque conserva rasgos primitivos de una diva de papel charol que a mí tanto me encandila.