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La mitad de la población son mujeres y sus cuotas de poder son mucho más bajas

La  violencia machista constituye el principal problema en cuanto a la efectividad de los derechos humanos. La igualdad real laboral requiere de dinero público, pero también de una nueva conciencia masculina que estamos aún lejos de adoptar.

La mitad de la población son mujeres y sus cuotas de poder son mucho más bajas
Mujeres. / Pixabay
Mujeres. / Pixabay

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Xoán Antón Pérez Lema

Xoán Antón Pérez Lema

El autor, XOÁN ANTÓN PÉREZ LEMA, socio-director de Pérez Lema Avogados e Consultores y secretario general de Acouga, es abogado y analista político en MUNDIARIO, TVG y Radio Galega. Profesor en escuelas jurídicas. Ex jefe de gabinete de Presidencia de la Xunta con Pablo G. Mariñas y ex secretario general de Relaciones Institucionales con Anxo Quintana.

Este jueves, 8 de marzo, se celebra el Día de la Mujer. Momento para evaluar si la igualdad entre sexos es real, cñéndonos sólo a lo que vivimos en nuestro entorno europeo, para evitar análisis más complejos o heterogéneos.

Lo primero que destaca en el análisis es un gravísimo problema de derechos humanos. En toda Europa existe una pandemia de violencia machista. Las mujeres son asesinadas, violadas y acosadas. Y los poderes públicos no han sido, hasta  ahora, capaces de garantizar la vida y la integridad física y moral de millones de mujeres. En el Estado español,la violencia machista fue y es la forma de delincuencia más lesiva en términos de derechos humanos, muy por encima de la violencia terrorista. Un fracaso de nuestras democracias.

La igualdad no es real. La brecha salarial es un hecho: al mismo trabajo no le corresponde el mismo pago. Porque el problema no es que una mujer muy competente pueda ocupar el puesto de un hombre de competencia media. La igualdad exige que una mujer de competencia media pueda concurrir exitosamente con un hombre de competencia media.

La mitad de la población son mujeres y sus cuotas de poder son mucho más bajas, principalmente en los puestos principales de la empresa, política o judicatura. Este techo de cristal está muy vinculado al tiempo que las mujeres destinan a los cuidados de sus hijos y mayores. Cuidados que dificultan de modo muy sustancial su carrera laboral, potenciando la de sus parejas y ahorrando millares de millones de euros a las Administraciones Públicas. Y si los cuidados a los hijos son remunerados (baja por maternidad y cotizaciones de Seguridad Social) los cuidados a los mayores y dependientes se traducen en una total desprotección a las personas que los desarrollan. Las jubilaciones de las mujeres son mucho menores, por razón de la brecha  salarial, de la mayor presencia de las mujeres en trabajos a tiempo parcial e incluso de los periodos que la mujer deja de trabajar para cuidar de sus hijos y mayores.

El camino a la igualdad real requiere de medidas efectivas de conciliación de la vida familiar y personal con la laboral, requiere de dinero público. Pero también requiere de una nueva conciencia por parte de los hombres: asumir que estamos aprovechándonos sin remordimientos de la subordinación de las mujeres. @mundiario