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Hola cariño: si te vuelves a caer, lo vuelves a intentar, y vuelves a caminar, pisando fuerte

Hoy es tu día y no porque sea tu cumpleaños ni nada, si no porque hoy es el día que te vas a vestir de colores para volver a salir a la calle a comerte el mundo, empezando por sacar a pasear esa sonrisa que cambia el día de muchas personas que se cruzan contigo.

Hola cariño: si te vuelves a caer, lo vuelves a intentar, y vuelves a caminar, pisando fuerte
¡Preparada para volver a pisar fuerte!
¡Preparada para volver a pisar fuerte!

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Andrea Vidal

Andrea Vidal

Titulada en Arte Dramático. Fotógrafa de la agencia Fashion Weeks Catalunya. Escribe en MUNDIARIO y para el blog de moda Tú en Palma y yo en Barcelona, y colabora en la revista LookBook 360.

Hola cariño, ¿cómo estás?

Hoy te escribo para recordarte lo guapa que estás hoy, y lo poderosa que eres. 

Porque te escucho decir mil y una veces que me necesitas y olvidas que permanezco a tu lado, aunque no puedas verme. 

Hoy es tu día y no porque sea tu cumpleaños ni nada, si no porque hoy es el día que te vas a vestir de colores para volver a salir a la calle a comerte el mundo, empezando por sacar a pasear esa sonrisa que cambia el día de muchas personas que se cruzan contigo. Igual que esos ojos tan dulces como la miel, culpables de que más de uno se enamore de ellos. Por eso quiero verte pisando fuerte, como te enseñé cuando me quitabas mis zapatos de tacón y jugabas a ser modelo por el salón. Te ponías los míos y te bailaban los pies, y tú tan pequeñita bailabas dentro de ellos. Te caías y te enfadabas mucho porque solo te caías de mis zapatos y con los tuyos ibas tan a gusto, pero te gustaban los míos y volvías a quitármelos una y otra vez. Un día te los puse y te dije: si te caes, te levantas. Si te vuelves a caer, lo vuelves a intentar. Y vuelves a caminar, pisando fuerte. Y te subiste en unos tacones de los que nunca has vuelto a bajar. Siempre has actuado con una valentía ante la vida que era sorprende a tu corta edad. Cuando empezabas a ser mayor, contabas con una veintena de pares de zapatos en el armario, y siempre me recordabas que eran tu amuleto para afrontar las adversidades. Si me subo a los tacones veo el mundo desde otra perspectiva, y si me caigo, me vuelvo a levantar, decías. Cuan orgullosa estoy de tí, mi pequeña.

¿Te lo he dicho ya? Quiero verte pisando fuerte, con los tacones que te regalaste, con los tacones que te regalé.

Espero que no dejes caer alguna lágrima al recordarlo, pero conociéndote, sé que se te inundaran los ojos de lágrimas... ¿Y sabes qué? Que a mi también. Que te echo de menos. Y que te abrazo más veces de las que puedas imaginar, aunque tú no lo sepas, aunque tú no me veas. Recuerda los escalofríos cuando la ventana está cerrada, y estás a 24 grados en la habitación. Y no te enfades con tu chico, él no es el culpable de que nuestra foto se mueva de sitio sólo para estar más cerca de ti, ni tampoco es el culpable de que amanezcas con las sábanas cubriéndote los pies para que no cojas frío. Tampoco es casualidad que a veces suene de fondo en la radio Abba con su Chiquitita, dime porqué.... Tú ya sabes lo que quiero decirte con ésa canción, por eso te la pongo. Y sé que odias escucharla porqué te duele recordarla y no estar ahí contigo. Pero cariño, yo siempre estoy contigo. Y es mi manera de decirte que quiero verte sonreír para compartir tu alegria, chiquitita.

Desde aquí te observo, te cuido y te protejo. Y quiero que vivas tu vida como yo lo hice, y leas ésta carta cuando me eches de menos para recordarte que te subas a tus tacones para bailarle a la vida, que es un privilegio, y que te espero, sin prisas, al otro lado. Te Amo mi chiquitita.