Hipervitaminosis, el efecto menos conocido de las bebidas energéticas

Bebidas energéticas. / RR. SS.
No solo cafeína y azúcar: el exceso de vitaminas de las bebidas energéticas también provoca cansancio y problemas de salud.

Las bebidas energéticas han ganado terreno en los últimos años como el combustible perfecto para sobrevivir al cansancio, los estudios o las largas jornadas laborales. Pero detrás de la imagen vibrante que proyectan, existe un efecto paradójico y poco conocido: lejos de dar alas, pueden provocar un cansancio profundo. Y no por culpa de la cafeína o el azúcar —los dos sospechosos habituales—, sino por algo aún menos esperado: un exceso de vitaminas del grupo B.

Lo paradójico resulta inquietante. Lo que debería fortalecer al organismo termina debilitándolo, así le sucedió a una paciente atendida en Saldaña, cuyo caso fue presentado en el último congreso de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia. Según señala El País, su diagnóstico fue claro: hipervitaminosis por exceso de vitamina B6, una consecuencia directa de consumir con frecuencia bebidas energéticas.

No se trata de un caso aislado. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) advierte que muchas de estas bebidas contienen cantidades que superan ampliamente las recomendaciones diarias. Basta con beber poco más de 200 mililitros para duplicar la dosis aconsejada de B6 o B12. En envases de medio litro —el formato más común—, sobrepasar los límites peligrosos es casi inevitable.

El argumento publicitario juega a favor de la confusión. Las vitaminas del grupo B se presentan como un beneficio añadido: ayudan al sistema nervioso, reducen la fatiga, contribuyen a la función psicológica. Todo cierto… siempre que se ingieran en la dosis correcta. Pero cuando las cantidades son desproporcionadas, lo que era virtud se convierte en amenaza. El organismo, incapaz de gestionar el exceso, responde con síntomas que van desde picor y nerviosismo hasta alteraciones hepáticas o hepatitis agudas.

El mito de la energía instantánea

La narrativa de estas bebidas se apoya en un anhelo colectivo: rendir más, cansarse menos, estirar las horas del día. Pero ese espejismo energético se construye sobre una combinación explosiva de cafeína, azúcar y vitaminas. Si bien la cafeína en dosis altas está detrás de la mayoría de riesgos conocidos —arritmias, insomnio, hipertensión—, las vitaminas cumplen un papel silencioso y traicionero. Nadie sospecha de ellas hasta que aparecen los síntomas.

El dato más desconcertante es que el propio cansancio —ese malestar que estas bebidas prometen eliminar— puede ser consecuencia del abuso de vitaminas. El exceso de B6, por ejemplo, interfiere en el sistema nervioso y provoca debilidad. El hígado también se resiente, y cuando este órgano se fatiga, todo el organismo lo siente. Es la contradicción perfecta: quien busca estar más despierto acaba más agotado.

El riesgo en los más jóvenes

El problema cobra mayor dimensión entre los adolescentes, principales consumidores de estas bebidas. Según la última encuesta ESTUDES, más de la mitad de los chicos entre 14 y 18 años las había tomado en el último mes. La normalización de su consumo a edades tempranas abre la puerta a un círculo vicioso: más cansancio, más necesidad de estimulantes, más dependencia. Un bucle que erosiona la salud a largo plazo.

Asturias, por su parte, ya ha anunciado la prohibición de su venta a menores de 16 años y Galicia avanza en una ley que equiparará estas bebidas al alcohol. Sin embargo, el Ministerio de Sanidad no ha dado aún un paso firme. La AESAN recomienda limitar su consumo y sugiere reducir el tamaño de los envases a 250 mililitros, pero la industria sigue vendiendo latas de medio litro como estándar. Mientras tanto, los casos de hipervitaminosis y problemas hepáticos se acumulan como una señal de alarma ignorada.

El debate público sobre las bebidas energéticas ha girado siempre en torno a la cafeína y el azúcar. Pero si se quiere abordar el problema de manera honesta, es hora de mirar también a las vitaminas. El consumidor cree que son sinónimo de salud, cuando en realidad, en estas dosis, pueden convertirse en veneno. El exceso de lo bueno no siempre es mejor: en ocasiones, es la raíz del cansancio que tratamos de combatir. @mundiario