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MUNDIARIO

Héroes militares no tenemos los ticos, por eso los buscamos en otros campos

Son aquellos que desencadenan un sentimiento de unidad nacional, que no pasa por una parada militar que nace espontáneo y a todos nos parece sincero, como ejemplo del “ser costarricense”.

Héroes militares no tenemos los ticos, por eso los buscamos en otros campos
Aficionados de Costa Rica. / aldia.cr
Aficionados de Costa Rica. / aldia.cr

Son las historias que contamos los ticos, de momentos grandiosos vividos por Franklin Chang en las estrellas, Claudia Poll en el agua, Keylor Navas en el terreno de juego y Samuel Stupp en el microcosmos, relatos que nos hacen preguntarnos:  ¿Por qué somos un solo corazón que late al límite de una arritmia cuando juega la Sele? ¿Por qué empezamos a llorar en silencio cuando Claudia puso una banderita de nuestro país al borde de la alberca olímpica? ¿Por qué rezábamos cuando Franklin subía y subía en su viaje a las estrellas? ¿Por qué aplaudíamos con frenesí cuando conocimos los adelantos en la investigación sobre alzhéimer y párkinson del Dr. Stupp? Y finalmente ¿Por qué invocamos a Santa Lucía y saltamos en cada rincón del país empujando el vuelo casi alado de Keylor en ese segundo tiempo endemoniado de la semifinal de Champions?  Eso es, porque nuestros héroes desencadenan un sentimiento de unidad nacional, que no pasa por una parada militar que nace naturalmente entre la muchedumbre que a fin de cuentas es como mejor celebramos los ticos; esto es, cuando el fenómeno es espontáneo y a todos nos parece sincero, sin premeditación y simplemente como ejemplo para el mundo, del “ser costarricense”.

Celebración de la victoria de Costa Rica en Mercedes Norte, Heredia. / G.P.

Celebración de la victoria de Costa Rica en Mercedes Norte, Heredia. / G.P.

Imagine que por estos días será noticia el nacimiento del "tico 5 millones", población que toda ciudad moderadamente grande superó tiempo atrás y aunque ese total de habitantes no es despreciable, es cierto que en Tiquicia todos nos conocemos, aunque no sepamos recíprocamente nuestros nombres, no hace falta, basta solo con un guiño, una palabra en tono cordial o una sonrisa natural, para llenarnos de identidad, esa que nos hace decir presente y nos despoja de percentiles, puntos cardinales y cualquier otro resabio de diferencia cultural.  Eso es lo que llevan como marca en la piel nuestros héroes, no por consejo de un agente de imagen, no por la urgencia de darle preponderancia al personaje, sino por su idiosincracia, por la alegría de sentirse orgullosamente ticos, con la escondida aspiración de introducirle ese virus a tantos como puedan, aquí y en cualquier otra parte del mundo.

Se viene el mundial, es tiempo de pintarnos la cara, de ponernos la Roja nuestra segunda piel y desgalillarnos con el grito de gol de la Sele, en nuestras plazas, cantinas y casas, alrededor de una “carne asada”.  Es el sentimiento que no se cuenta que no se graba que solo se vive, se suda que solo se llora... cuando escuchás a tu vecino a todo pulmón gritar “Vamos para la Fuente”. @mundiario