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MUNDIARIO

¿Han recibido buena formación los docentes escolares en los últimos 45 años?

Manuel Menor, colaborador habitual de MUNDIARIO, presenta el 1 de febrero en el Ateneo de Madrid un libro que, previsiblemente, ayudará al “diálogo” que la Educación española necesita en este momento.

¿Han recibido buena formación los docentes escolares en los últimos 45 años?
Libro La formación del profesorado escolar: peones o profesionales.
Libro La formación del profesorado escolar: peones o profesionales.

Redacción

Análisis de @mundiario

La Formación del profesorado escolar: peones o profesionales (1970-2015), una de cuyas páginas publicamos ayer, es un ensayo historiográfico editado en Madrid en el verano de 2016 por Editorial La Muralla. Repasa la abundante documentación, principalmente de carácter legislativo, en que ha quedado constancia de las preocupaciones del Estado por que los maestros y profesores de las etapas escolares se formaran como tales. Este cuidado, central en cualquier sistema educativo valioso, está presente literalmente en todas las leyes importantes. La cuestión que el libro trata de desvelar es si los legisladores se han creído lo que han dejado escrito en el BOE o si la dejadez y desidia han sido lo más “normal” también en esta obligación. Examinar qué hayan preferido en la práctica hasta hace apenas un año –y si lo que desean del profesorado por el que pasan todos los ciudadanos es que sean buenos profesionales o peones de otros mandados-, es el objeto principal de este estudio.

Lo que indirectamente analizan Manuel Menor y Julio Rogero  es el valor que en España se ha conferido a la Educación, quiénes han sido los principales muñidores de sus recursos presupuestarios y qué grado de aprecio existe hacia una Educación de todos y para todos, como han venido demandando las colectivos sociales del ámbito educativo desde antes de 1978 y, particularmente, en los últimos cinco años. Que estas reclamaciones no han cesado lo prueba que el próximo día nueve de marzo está convocada una nueva huelga general en la Enseñanza, un signo más de que el “diálogo” que este Gobierno dice haber emprendido no convence a los principales afectados. Eso habla de la oportunidad de esta lectura, que de oportunista no tiene nada.

Ensayo a cuatro manos, como muchas partituras del mejor piano clásico,  facilita la no imposición de dogmas. Los autores se han obligado a dialogar abundantemente a partir de una lectura rigurosa de la legislación; han intercambiado criterios sobre algunos momentos de la cronología estudiada que revisten mayor dificultad y, al final, después de haber sido revisado, han acordado el texto definitivo que el lector tiene en su mano. El hecho de que  el libro venga a ser una historia de la educación española estrictamente actual –pues alcanza hasta el final de 2015-, y lo haga desde del interés oficial que se haya puesto en que maestros y profesores se formaran, abría una perspectiva inédita no exenta de riesgos. Podemos asegurar que el del gremialismo no es vicio en este caso: la larga experiencia docente de ambos autores da mayor credibilidad a su  llamada de atención.

Otra dificultad que Manolo y Julio han debido sortear es que la fecha de inicio de su estudio -1970- es meramente referencial. Ambos la vivieron y son bien conocidos por su apoyo a una Escuela pública  más digna, en que sea posible una educación integral en igualdad. Para los dos era imprescindible que, para explicar cómo era el sistema educativo en esa fecha, había que contrastar las vivencias personales con la reflexión sobre lo que otros especialistas han analizado a propósito de cómo había sido reestructurado el sistema educativo y la función pública docente a lo largo de los años franquistas. A su modo de ver, sólo en esa prolongada perspectiva en que los afanes democráticos de la IIª República habían sido perseguidos, se podía evidenciar un discernimiento histórico equilibrado del camino recorrido en los 45 años últimos, y que los lectores no vieran condicionado su particular juicio interpretativo de manera sesgada. Esto es especialmente de agradecer en asuntos como la Educación, en que es imposible no haber escuchado fórmulas mágicas para solucionar expeditivamente los problemas que pudiera tener, que los tiene. Para facilitar más esta independencia de juicio, han buscado el modo de que toda la legislación importante pueda ser consultada directamente en los enlaces de Internet con que acompañan su texto. Pretenden que el lector, si le apetece, contraste directamente en el documento, sin hermeneusis condicionante, la secuencia explicativa.  Igualmente sucede con las cuestiones relevantes que la lectura va suscitando, que siempre van  acompañadas de amplia bibliografía y, a menudo, de documentación adicional.

Nuestra lectura de este ensayo sólo añade dos consideraciones. Una, que se lee bien, a pesar de los momentos de intensa acumulación documental a fin de que el lector disponga de todos los recursos para hacerse su propio juicio. En algunas fases resulta tan incitante como una novela, mientras en otras –las de los últimos años- recuerda mucho las crónicas que uno de los autores suele escribir semanalmente para MUNDIARIO.  La segunda es que este libro es especialmente recomendable para todo ciudadano interesado en el sistema educativo que tenemos y en las políticas que lo mantienen de un determinado modo. También, para quienes están preocupados por las rebajas que habrán advertido  en  la satisfacción de sus derechos cívicos y sociales. Les ayudará a formarse su propia opinión razonada y a responsabilizarse de que, en una situación como la actual, en que la crisis ha puesto en cuestión la resistencia de las instituciones sociales, o nos tomamos los asuntos públicos como algo que atañe al meollo de nuestra convivencia o, de lo contrario, tanto la calidad de la democracia como la Educación o la Sanidad están en grave riesgo de quedarse en la cáscara.

Manolo Menor ha contado alguna vez que, entre las recomendaciones a sus alumnos para enfocar cualquier lectura crítica de un texto -y más si era de algún periódico-, la primera era la de la obligación de desconfiar y ponerse en guardia: ningún texto debía sacralizarse ni leerse al margen de la polisemia que le confiere el contexto en que fue generado. Este libro transpira esa actitud ante el amplio corpus legislativo en que se basa y, al leerlo, se advierte enseguida que enriquece nuestra capacidad de lectura. A los convencidos de que las políticas educativas son el reflejo más fiel del desvelo del Estado por sus ciudadanos, si están pendientes del supuesto “diálogo” que durante una temporada nos dirán que embarga a este Gobierno, el recorrido por los 45 años que relata este ensayo les será de gran utilidad para descifrar el cabal significado de tan bello vocablo.  Deseamos a nuestro colaborador que la presentación pública del libro, el próximo día 1 de febrero, esté a la altura del interés que ha suscitado entre diversos expertos educativos y, según esperamos, también entre nuestros lectores.