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Hablar de la muerte de Gabriel duele

Ahora toca dejar a la justicia y a las autoridades que cumplan con su deber. Es necesario no sucumbir ante la violencia. Porque nosotros no somos los lobos. Somos peces, al igual que lo era Gabriel.

Hablar de la muerte de Gabriel duele
Luto por la muerte de Gabriel.
Luto por la muerte de Gabriel.

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Sonia Mirón

Sonia Mirón

Profesora de Lengua y Literatura Española en institutos y tutora en la UNED. Columnista de MUNDIARIO, donde también mantiene la sección A mi manera. Excolaboradora de los diarios La Voz de Galicia, Faro de Vigo y Atlántico, y de diversas revistas de viajes. Es autora de dos novelas juveniles que llevan por título Si tú quieres y Un sol dentro de mí.

Dicen que no es fácil escribir desde el dolor. Los poemas más hermosos, las canciones más emocionantes, las novelas más desgarradoras están escritas, sin embargo, desde ahí. Pero decir el dolor cuesta. Hablar de la muerte de Gabriel duele. Este acto atroz llevado a cabo por lo peor de la raza humana lastima. Y nos llena de rabia. Y de frustración. El dolor no puede explicarse. Es un ente abstracto que paraliza y noquea, como un golpe certero asestado en el centro mismo de nuestros valores como sociedad. Hemos sido educados para hacer el bien pero existen seres fallidos que cometen errores, que rompen el orden natural de las cosas.

Decía Rousseau que el ser humano es bueno por naturaleza y que existe lo que él llamó "solidaridad congénita" que es aquello que permite que nuestra especie sobreviva. En realidad se trata del inmenso poder del amor, aquel que trata de impedir que "el hombre sea un lobo para el hombre", como afirmaba Hobbes.

La ola de amor hacia Gabriel ha sido y es un tsunami de dimensiones considerables. Las redes sociales han palpitado, estos días, en un solo corazón. Con un movimiento sísmico, de sístole y diástole, de millones de personas unidas ante la más absoluta incertidumbre.

Ahora toca seguir igual, dejar a la justicia y a las autoridades que cumplan con su deber. Es necesario no sucumbir ante la violencia ni a la venganza y tomar a Rousseau de la mano. Dar ejemplo a nuestros hijos para que la solidaridad congénita no se rompa. Para que el amor sobreviva a pesar de todo. A pesar del dolor infinito e insondable. Porque nosotros no somos los lobos. Somos peces, al igual que lo era Gabriel. @mundiario