¿Qué ha pasado con los aplausos de las ocho?

Los aplausos a los sanitarios. / Pixabay
Los aplausos a los sanitarios. / Pixabay
A medida que superamos las fases del confinamiento y las calles se llenaron de gente, los aplausos remitieron pero creímos que quizás aparecerían en las urnas el 12 de julio.
¿Qué ha pasado con los aplausos de las ocho?

13 de marzo de 2020. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hace una declaración institucional comunicando que se decretará el Estado de Alarma tras la reunión extraordinaria del Consejo de Ministros del día siguiente.

Esa misma tarde, el presidente de la Xunta en funciones, Alberto Núñez Feijóo, convoca un consello extraordinario para decretar también la emergencia sanitaria en Galicia.

En la comunidad autónoma de Galicia hay en ese momento 112 casos positivos de coronavirus  y al día siguiente se produce el primer fallecimiento. A partir de ahí el principal objetivo de autoridades y ciudadanos es conseguir frenar la curva de contagios y evitar los fallecimientos y el colapso del sistema sanitario. 

Ese mismo sábado, al tiempo que en las redes sociales se propaga la campaña #QuédateEnCasa y #YoMeQuedoEnCasa surge también una iniciativa siguiendo el ejemplo del reconocimiento que la ciudadanía italiana prestó a sus sanitarios saliendo a los balcones y ventanas para aplaudirles.

Y así, sin planificarlo, cada día durante todo el confinamiento, los hogares españoles interrumpían su actividad a las 20:00 para salir a aplaudir a los profesionales sanitarios. Unos aplausos que no solo servían para agradecer su trabajo ingente durante la pandemia,  sino que visibilizaban sus reivindicaciones: falta de medios y personal, contratos precarios (que se lo digan al colectivo de Enfermeiras Eventuais en Loita), menos plazas en UCIs que el resto de Europa, menos respiradores, falta de equipos de protección personal...

La sociedad española fue consciente de la necesidad y la importancia de tener un sistema público de salud fuerte y los aplausos eran una expresión coordinada de la sociedad de unidad ante la pandemia pero también de reivindicación colectiva.

Pero a medida que íbamos superando las fases del confinamiento y las calles se iban llenado de gente, los aplausos fueron remitiendo, aunque pensábamos que la reivindicación de una sanidad fuerte perduraría y tendría alguna consecuencia en aquellos territorios en los que la ciudadanía tenía que decidir con su voto qué gobierno debería asumir la gestión de la crisis de la Covid-19 durante los próximos 4 años.

Pero no ha sido así. Tanto en Galicia como en el País Vasco, sobre todo en Galicia, la ciudadanía ha seguido premiando al equipo de gobierno que ha gestionado la emergencia sanitaria siempre a la sombra del gobierno de España y siempre criticando sus medidas. Cuando el gobierno central pedía la prórroga del estado de alarma se oponían, y cuando se levantaba,  todo era muy precipitado. Ya saben ustedes, esto es como la historia del perro del hortelano, que ni come ni deja comer. 

Ese mismo gobierno autonómico que intentó cerrar el paritorio de Verín, o que mantiene a un colectivo como las enfermeras con contratos precarios, o que no contrata suficientes pediatras, o que dos días después de las elecciones deja al Salnés sin ambulancia o al Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo sin planta de pediatría, revalida el 12 de julio de nuevo una mayoría absoluta. Y en un momento en el que el virus aún está activo. 

Quizás tengamos poca memoria. Quizás lo que nos importaba hace apenas un mes ya no sea prioritario ahora que queremos bebernos la vida de un trago y disfrutar como si el virus ya hubiese desaparecido.  Quizás debíamos habernos acordado de los motivos que nos llevaban a aplaudir cada día a las ocho a esos valientes que se enfrentaban al virus. Porque... ¿a dónde se han ido los aplausos de las ocho? A las urnas está claro que no. @mundiario

 

 


 

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