En Galicia destacó la solidaridad con las víctimas y sobró cierto amarillismo

Primeros momentos tras el descarrilamiento del tren en Santiago.
Primeros momentos tras el descarrilamiento del tren en Santiago.

Algunas imágenes cruentas no deberían mostrarse por respeto y porque informativamente aportan poco. Cabe mostrar cautela con la información y respeto tanto a las víctimas como a sus familias.

En Galicia destacó la solidaridad con las víctimas y sobró cierto amarillismo

Cuando escribo para MUNDIARIO no han pasado ni veinticuatro horas desde que ocurriera el fatal accidente del tren Alvia que cubría la ruta Madrid-Ferrol, que supuestamente descarriló en una curva a gran velocidad a pocos kilómetros de Santiago de Compostela, concretamente alrededor de las nueve menos veinte de la tarde-noche del 24 de julio en la conocida curva de A Grandeira. 

Galicia está hoy de luto.

Ya son ochenta las personas que perdieron la vida y hay cerca de doscientos heridos de diversa gravedad: 178, según las últimas informaciones. 

Accidentes como estos siempre me causan gran conmoción e impacto, pero en este caso ésta ha ido más lejos, porque hace nada hice ese trayecto en un tren Alvia a Madrid con mi familia. Me enteré de la noticia por una llamada telefónica. Mi nivel de empatía es tremendo. 

Desde anoche no puedo dejar de pensar en esas personas que viajaban en el tren. En ese horror que habrán sentido en esas milésimas de segundo en que, bajo estado de pánico y shock, uno es consciente de que algo muy grave está sucediendo o a punto de suceder y en el que una serie de imágenes inconexas de tu vida y tus seres queridos se pasan como fotogramas en tu cabeza. Esto es algo en que más o menos coincidimos todos los que en algún momento hemos vivido un accidente, aunque las describamos de diferente manera. Quizás en este caso todo sucedió incluso más rápido de lo que yo misma pueda imaginar.

También pienso en las vidas segadas, en el aturdimiento de los supervivientes que mantienen la consciencia y que, aún estupefactos o en estado de shock -e incluso malheridos- sacan una fuerza de la que seguramente no eran previamente conscientes para intentar sacar y prestar auxilio a los demás. En los familiares que se ven en la horrible incertidumbre de no saber qué ha pasado con los suyos y en los que tienen que reunir fuerzas para identificar a las víctimas mortales. 

En una tragedia como esta, uno se da cuenta de la fragilidad de la vida, pierde un poco de esa ilusión de invulnerabilidad con la que afrontamos el día a día para no estar anticipando desgracias a cada paso. Sin embargo, el drama forma parte de nuestras vidas y, lamentablemente, nos ha tocado de cerca.  

En medio de todo el horror, una vuelve a creer también en la bondad y generosidad de la gente, de las personas anónimas del pueblo que sin dudarlo se lanza a ayudar usando todos los recursos  de que disponen. Solo el pueblo salva al pueblo.

La solidaridad mostrada por la gente ha sido increíble y la labor de los trabajadores públicos, impecable. Aparte del personal sanitario, se han movilizado psicólogos expertos en emergencias y desastres, colegas de profesión con formación especializada en manejar y coordinar este tipo de situaciones y prestar el apoyo social, psicológico y humano necesario a los familiares y a las víctimas que han sobrevivido al accidente. Esta mañana, además, hacían un llamamiento para reclutar a más especialistas voluntarios.

Falta de respeto con algunas imágenes

Sin embargo, ha habido cosas que personalmente no me han parecido del todo correctas. Principalmente, considero que algunas imágenes excesivamente cruentas no deberían mostrarse por respeto y porque informativamente aportan realmente poco.

Asimismo, tampoco me ha gustado el exceso de especulaciones en torno a las causas del accidente que se han publicado o que han circulado sin contrastar -cuando todo apunta a una cadena de errores- ni tampoco el juicio paralelo al que se está sometiendo al maquinista del tren, del que se ha llegado a publicar un perfil de Facebook -que nadie puede afirmar que sea veraz- donde presuntamente en marzo de este año se jactaba de ir al límite de velocidad. ¿Es esto necesario ahora?

Pienso que no es momento para este tipo de cosas, ni para el amarillismo. Al menos debería respetarse el día luctuoso y, además, mostrar también empatía con alguien que, de momento, es presuntamente inocente y que, al margen de responsabilidades penales, deberá enfrentarse a un sentimiento de culpa y a unas emociones que le costará mucho superar psicológicamente y que, supuestamente, le acompañarán en mayor o menor medida durante el resto de sus días. 

Soy consciente de que hacer periodismo es difícil, y más aún cuando se trata de un periodismo en situación de catástrofe, donde existe la necesidad de informar pero también de mostrar cautela con la información que se va generando y respeto tanto a las víctimas como a sus familiares. Pero no todo vale por una noticia.

En Galicia destacó la solidaridad con las víctimas y sobró cierto amarillismo
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