A Galega es una isla que son dos, con un encanto recóndito y un tanto galaico

Momento mágico en Agalega Island / Christian Hardouin
Momento mágico en Agalega Island / Christian Hardouin

A vista de pájaro, Agalega parece lo que es: una joya verde colocada sobre el manto de terciopelo azul del inmenso océano, con una belleza natural simplemente cautivante.

A Galega es una isla que son dos, con un encanto recóndito y un tanto galaico

Un gallego de Maceda (Ourense), conocido por Xoán de Novoa, explorador al servicio de la corona de Portugal, cuando regresaba de las Indias con un barco cargado de especias, allá por el mes de marzo del año 1501, avistó en el Océano Indico, al norte de Mauricio, una isla que no dudó en llamar A Galega.

En realidad A Galega, hoy Agalega, es un conjunto de dos islas unidas por un banco de arena con una superficie de unos 70 kilómetros cuadrados y unos escasos 500 habitantes, situadas a unos 1.100 kilómetros al norte de Isla Mauricio. Son una parte de las Islas Mascareñas que, a su vez, dependen administrativamente de Mauricio. Para acceder a ellas cuentan con una pequeña pista de aterrizaje.

Agalega, por ser “un lugar estratégico para asegurar, vigilar y controlar el tráfico marítimo, la piratería y cualquier amenaza que pudiera venir de esta parte del Océano Índico” ve peligrar su estatus de idílico paraíso porque alguien anda barruntando instalar allí una base que permita combatir a los piratas que acosan a pesqueros y mercantes en el Índico.

A Galega es una isla que son dos, con un encanto recóndito y un tanto galaico
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