El futuro del audiovisual pasa por convertirse en una verdadera industria

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Producción audiovisual / blocs.gencat.cat

El tiempo de cualquier trabajador vale dinero. Y esto es una espada de Damocles para los mismísimos creadores y alentadores del capitalismo, por haber querido darle valor económico a absolutamente todo.

El futuro del audiovisual pasa por convertirse en una verdadera industria

Supongamos que yo soy un fabricante de coches, y usted me llega con 4.000 euros, me dice que quiere un coche y me pide que le construya algo como un Rolls-Royce... Yo, si estoy apurado económicamente, le diré: “vale! De acuerdo!” y me callaré el “pero no espere gran cosa...”, intentaré que me salga lo más barato posible y obtener para mí el mayor de los beneficios posibles. Ahora bien, si actúo honestamente, aun estando apurado económicamente, le diría: “mire, por ese dinero es totalmente imposible que le construya algo como un Rolls-Royce... Pero sin embargo le puedo construir un kart para usted y otro para su hijo, y le garantizo que no será cualquier kart, podré añadirle toda la tecnología más actual de la competición, y los mejores y más modernos asientos que le garanticen un revolucionario puesto de conducción. Tendrán el mejor y más moderno kart del panorama competitivo.” Su reacción, probablemente sea mandarme a tomar viento, y tendré que esperar al siguiente cliente... Pero si es un buen padre, y sabe que a su hijo le gustan tanto como a usted las carreras de coches, después de pensárselo un poco me dirá: “suena bien, acepto! Y... cuánto me costaría un Rolls-Royce?”.

Finalizada la metáfora, en el audiovisual gallego estamos viviendo estos días un caso similar. Televisiones autonómicas, TVG entre ellas, financian la producción la serie de televisión “El faro”, encargándosela a cuatro productoras. Pretendiendo con un presupuesto mínimo llevar a cabo una serie. Es decir, pretendiendo crear un Rolls-Royce con dinero para construir un kart.

En el audiovisual todo acaba saliendo

Bien, puede pasar... nunca se sabe... Como dice una máxima del gremio: “en el audiovisual las cosas siempre acaban saliendo”. Ahora bien, el problema es: a costa de qué? Evidentemente, si quiero llevar a cabo el proyecto tendré que “ajustar”... Y, desgraciadamente, a muchos productores (no a todos, ¡ojo! Tengo que decir que yo tuve hasta ahora mucha suerte en ese aspecto) la palabra “ajustar” les lleva directamente al capítulo presupuestario salarial. Y lo primero es lo primero: reducir salarios. Bien, teniendo en cuenta la época de crisis, es normal que no se pague lo mismo que en épocas de bonanza económica. Ahora bien, la línea roja se cruza cuando esa reducción salarial baja el mínimo establecido por un convenio laboral. Eso se llama “aprovechamiento”, o incluso en algún caso podría ser considerado como una nueva forma de “esclavitud”, y no exagero. ¿Por qué? Pues porque los derechos de un trabajador son sagrados. Y los derechos conquistados hasta la fecha no se pueden saltar unilateralmente como muchas empresas están haciendo o queriendo hacer amparándose en la crisis y ayudados por las recientes reformas laborales.

En el mundo capitalista actual, el mundo que las personas a las que les gusta aprovecharse de otras personas han creado, mi tiempo vale dinero. El tiempo de cualquier trabajador vale dinero. Y esto es una espada de Damocles para los mismísimos creadores y alentadores del capitalismo, por haber querido darle valor económico a absolutamente todo. Pues ahora decimos eso, y no nos debe de avergonzar en absoluto: nuestro tiempo vale dinero. Y ante esto solo caben dos soluciones posibles: o me pagas lo que corresponde por mi tiempo, o mi tiempo de trabajo será menor (no las 10 o incluso 12 horas que suelen tener las jornadas laborales en el audiovisual). Si me pagas la mitad, yo trabajaré la mitad de tiempo, es así de simple. Replantea el plan de producción, o simplemente no intentes llevar a cabo un Rolls-Royce con el presupuesto de un kart.

Números del sector

Las asociaciones representantes de los profesionales del gremio audiovisual gallego claman contra esto y con toda la razón. El audiovisual gallego, lejos de convertirse en una industria propiamente dicha (la que ha conseguido autofinanciarse a sí misma), se ha acomodado durante años viviendo de subvenciones públicas que financiaban en muchos casos el 100% del proyecto. Y ese acomodo ha provocado que hayan priorizado los proyectos “de autor” (también conocidos comúnmente como “pajas mentales”, discúlpeseme la expresión) sobre los proyectos que pueden tener posibilidades realmente comerciales, los proyectos que pueden generar rentabilidad económica, conseguir que el audiovisual se autofinancie, y crear así una verdadera industria. Lo que ni ahora tenemos ni por mucho que nos guste imaginarlo tuvimos nunca.

Pero siempre hay segundas oportunidades para crear esta industria. ¿Inyecciones económicas públicas? Sí. Porque después de todo es cultura, y la Administración pública debe invertir en cultura. Pero estas inyecciones deben ser parciales, y destinadas a formar parte de un plan estratégico más amplio para llevar al audiovisual por el camino de la autofinanciación. Es como criar a un niño: primero todo se lo aportas tú, pero poco a poco le vas ayudando a ser independiente y autosuficiente. Ese debería ser el papel de la administración, y por lo tanto ese debe ser el papel de las televisiones autonómicas. Lo que han hecho hasta ahora con sus políticas es criar niños mimados y dependientes.

Y cómo no, los que acaban sufriendo las consecuencias de todo esto son los de siempre: los trabajadores. Los que trabajamos por “amor al arte” según la gente que desde fuera mitifica e idealiza nuestro gremio, y tristemente también por lo visto según algunos “compañeros” de trabajo. Y es cierto que este trabajo es muy vocacional, te tiene que gustar mucho ya que le dedicas mucho tiempo (aquí no existen ni los 5 días laborables ni las jornadas de 8 horas). Y es posible que en un 70% sea por “amor al arte”, pero que a nadie se le olvide de que también es en un 30% por “amor a la vida”, y no se vive del aire. Por eso a quienes desde fuera se escandalizan al ver que un trabajador de este gremio puede cobrar un sueldo de 3.000 euros, y dicen eso de “los del audiovisual se quejan de vicio, pero si viven como dios! Ya me gustaría a mí!”, me gusta responderles: sí, es cierto, puede ser que alguno cobre 3.000 euros por trabajar casi literalmente las 24 horas del día, los 7 días de la semana, en un proyecto que a lo mejor dura 3 meses, con la probabilidad hoy día de que durante ese año no vuelva a trabajar en nada más. Echa cuentas, 3x3.000= 9.000 euros al año. A que ya no te parece tan “guay” ni te “gustaría a ti” tanto? Y estoy hablando de un sueldo alto aquí en Galicia en lo relativo a un técnico, que los hay que cobran mucho menos. A que ya no “mola tanto la farándula”?

Pues eso, hagamos lo que se pueda hacer con lo que hay. No nos empeñemos en construir Rolls con presupuestos de kart. Reinventemos el audiovisual, pero por el buen camino. Construyamos una verdadera industria. Y rechacemos radicalmente y sin piedad cualquier intento de aumentar la precariedad laboral en este gremio y en el que sea. Después de todo somos profesionales, con todo lo que esa palabra conlleva.

El futuro del audiovisual pasa por convertirse en una verdadera industria
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