El Ficcionario habla de ser independiente durante una sola estación del año

Cada verano, por la avalancha de turistas, se ofertan miles de puestos de trabajo en las zonas costeras.
Cada verano, por la avalancha de turistas, se ofertan miles de puestos de trabajo en las zonas costeras. /jobtoday

La independencia, como la libertad, se ha de entender siempre en un sentido restringido; y la primera de sus muchas limitaciones viene impuesta por la capacidad económica del sujeto, ya sea individual o colectivo.

El Ficcionario habla de ser independiente durante una sola estación del año

El Ficcionario de esta semana trata del modo en que la suficiencia económica nos hace más libres e independientes, pero también descubre una peculiar anomalía del sueño y pone nombre exacto al modo de hablar arrogante y altivo.   

shonorizar. Ponerle sonido al honor. De momento, el único que parece tener música reconocida es el honor militar.

¡so mero! Insulto, de evocación platónica, que dirigen los peces de aguas profundas y cavernosas a los que habitan otras más superficiales.

sonanbulismo. Trastorno del sueño durante el cual la persona dormida se levanta, habla, camina y, específicamente, se dirige a la habitación donde duerme su cuñada viuda para yacer con ella, aunque con el debido cuidado de practicar el coitus interruptus. Tal cual hiciera Onán con Tamar, viuda de Er, el primogénito de Judá, después de que éste falleciera y sabedor de que, según la ley mosaica, la hipotética descendencia nunca sería considerada suya y, además, le arrebataría los derechos de la primogenitura. El sonanbulismo pone de relieve que el hecho de estar dormido, sin ser, por tanto, consciente, no equivale a estar idiota. Freud dixit.  

sonhoridad. Propiedad de los relojes que todavía dan, de modo sonoro, la hora. Los más populares son los relojes de péndulo y, de entre ellos, los más sencillos aquellos en los que, coincidiendo con las horas, golpea una campana o gong un número de veces igual a la hora correspondiente. Otros tipos más sofisticados, denominados relojes de carrillón, marcan los cuartos de hora y pueden interpretar diferentes melodías, como el popular toque de los cuartos del Reloj de la Puerta del Sol en Madrid.

sonrhojar. Hacer que una hoja verde se ponga roja. Como consigue el otoño con las hojas del caqui.

Sonya. Femenino de Sony. 

sonydo. Vibración emitida por un aparato reproductor de cierta multinacional japonesa y captada por el oído.

sorthija. 1. Anillo que los padres ponen a sus hijas para que la suerte les sea favorable. 2. Hija de la suerte.

sorvete. Zumo helado de fruta con el que se pone fin a un acto en el que, de manera solemne y festiva, se ha recibido a un grupo de monjas.

soslhayar. Pasar de largo -porque por alto resultaría difícil hacerlo- por el lugar en el que crecen diversas especies de árboles fagáceos de hasta 40 m de altura, tronco grueso y liso de corteza gris y ramas de gran altura con hojas ovales.

sosphechoso. Persona de la que se piensa que ha sido responsable de los hechos.

SOStener. Prestar apoyo tras recibir una llamada de auxilio.

sótana. Vestidura específica que usan los eclesiásticos cuando visitan las criptas de las iglesias.

sotherrado. Dícese del caballo al que se le han puesto las herraduras de manera oculta o escondida.

sovaquina. Mal olor procedente de la axila de una vaca.

soverano. Aplícase a la persona o entidad que sólo es independiente durante el estío. Así, por ejemplo, aquellos hombres y mujeres que estando parados gran parte del año durante los meses de julio y agosto consiguen un trabajo remunerado (por lo general, relacionado con el sector turístico: camareros, cocineros, repartidores, socorristas, etc.) pueden declararse auténticamente soveranos, porque de este modo se independizan económicamente de sus familias o del Estado, al menos durante algún tiempo. La independencia, como la libertad, se ha de entender siempre en un sentido restringido; y la primera de sus muchas limitaciones viene impuesta por la capacidad económica del sujeto, ya sea individual o colectivo. Habitamos un mundo en que, más allá de sus inevitables resonancias románticas, la independencia y la libertad sólo son posibles con dinero. Puedo tener el derecho a irme de casa de mis padres o la libertad de viajar a Nueva York, mas ¿cómo hacerlo sin un duro?

soverbia. Altivez y arrogancia en el uso del verbo, lo que conduce, entre otras cosas, a querer tener siempre la última palabra. Un soverbio considera que su forma de hablar, tanto como su persona, es superior a la de los demás y se impone por sí misma, aunque en la mayoría de los casos lo que subyace es, si no un profundo imbécil, sí una profunda inseguridad que le incita a buscar de manera desesperada la aprobación del resto y una baja autoestima que le lleva a darse más importancia de la que realmente tiene. Esto hace que las personas soverbias, que tan cómodas se sienten hablando de sus éxitos o sus logros, sean incapaces de escuchar. Desprecian cualquier argumento ajeno y, cuando se equivocan, raras veces reconocen sus errores. En lugar de interesarse alguna vez por lo que les sucede a los otros (compañeros de estudios, de trabajo, vecinos...) tienden siempre a impedir que terminen de contar lo que les pasa, devolviendo una y otra vez el relato, sostenido por pretenciosas palabras, a episodios meritorios de su propia vida.

sovetear. Tocar o manosear insistentemente las vetas de la madera, el mármol o algún material similar.

sovo. Manoseo lascivo de algún huevo. De un modo u otro, te pueden tocar los huevos, pero no es menos cierto que también, durante cualquier estación del año, te los puedes estar tocando. @mundiario

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