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El Ficcionario airea una invención de película que no hizo famoso a Clark Gable

Aunque nadie le recuerde por ello, al mítico galán de Hollywood y empedernido fumador se le ocurrió la brillante idea de, en vez de tirar cada mechero agotado, poderlo volver a cargar.

El Ficcionario airea una invención de película que no hizo famoso a Clark Gable
Katharine Hepburn dando fuego a Clark Gable (París, 1948). La actriz compitió por el papel de Scarlett O'Hara en Lo que el viento se llevó, pero el productor David O. Selznick se lo ofreció finalmente a Vivien Leigh. /Photo by Keystone-France
Katharine Hepburn dando fuego a Clark Gable (París, 1948). La actriz compitió por el papel de Scarlett O'Hara en Lo que el viento se llevó, pero el productor David O. Selznick se lo ofreció finalmente a Vivien Leigh. /Photo by Keystone-France

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Luis Calero

Luis Calero

Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Salamanca. Profesor de filosofía, ha publicado Catecismo pedagógico (Ed. Aguaclara, 1999), Ficcionario (Ed. Aguaclara, 2006) y Absurdo literal (Ed. Neopàtria, 2015). Colabora en MUNDIARIO, donde mantiene la sección El Ficcionario Ortográfico.

En medio de otras curiosas nociones, en esta nueva entrega del Ficcionario se reconstruye uno de los episodios pioneros del reciclaje de objetos, una verdadera historia de cine; también se encuentra la palabra adecuada para aconsejar no decir la verdad (una interesante forma de supervivencia) y se muestra cómo el recreo escolar, contraviniendo cualquier pedagogía sensata, se convirtió en un acto de fe impropio de un patio de colegio.

reciví. Documento mediante cuya firma una persona acredita que ha visto lo que en él se indica. Cuando el documento es falso podemos darle el nombre de recivimiento.

recicable. Dícese del cable que, después de usado y tras comprobar su estado de conservación, se puede volver a utilizar.

reclarkgable. Término inglés del que proviene el español "recargable". Clase de mechero al que en los años 30 del siglo pasado dio nombre uno de los mitos del cine clásico, muy conocido por su papel de Rhett Butler en Lo que el viento se llevó. Clark Gable era un prototipo de galán rudo, cínico y viril que solía fumar varias cajetillas de tabaco al día (y, también a diario, beber una botella de whisky), lo que al fin y a la postre terminó pasándole factura bajo la forma de un infarto mortal de corazón que le sobrevino mientras cambiaba una rueda de su coche. Para entender tan compulsiva adicción al tabaco hay que considerar, no obstante, que en aquellas primeras décadas el consumo de cigarrillos no estaba mal visto; al contrario, se consideraba incluso beneficioso para relajar la tensión, entablar una conversación y adelgazar. No hace mucho se ha sabido que en la época dorada de Hollywood las empresas tabaqueras invirtieron grandes sumas en publicidad y llegaron a pagar millones de dólares a las estrellas de cine para que aparecieran en las películas que protagonizaban fumando sus cigarrillos. Marcas como Lucky Strike, Chesterfield o Camel firmaron acuerdos con productoras como la Paramount o la Warner de los que se beneficiaron económicamente actores y actrices famosos como Spencer Tracey, Joan Crawford, John Wayne o Bette Davis. Clark Gable y Gary Cooper, por ejemplo, recibieron 150.000 dólares de la época por fumar cigarrillos Lucky. Cigarrillos que, obviamente, había que encender y para los que aquellos primeros mecheros que producían chispas con las que se prendía una mecha de algodón (por otro lado, muy útiles en el campo por mantenerse encendidos incluso en presencia del viento), carecían del glamur suficiente. Los encendedores posteriores se concibieron a partir de un pequeño depósito de combustible situado bajo una rueda estriada que provocaba la chispa por roce en una piedra y permitía la ignición del gas que de forma controlada brotaba de un inyector. Y fue en este contexto en el que a nuestro empedernido fumador se le ocurrió la brillante y hasta ahora desconocida idea de, en vez de tirar cada mechero ya agotado (en muchas ocasiones, quizá, recuerdo de alguna conquista amorosa), poderlo volver a cargar. Eso sí, hasta hoy no se ha podido evitar -a diferencia de lo que sucedía con los antiguos encendedores de mecha-, que si hace viento se lleve la llama.     

recolestar. Cosechar coles.

recomendazión. Acción de aconsejar a alguien que sea mendaz, de manera que adquiera el hábito o la costumbre de mentir. Es lo que legítimamente, llegado el momento de la declaración en un proceso judicial, hacen muchos abogados defensores con sus clientes, con tal de buscar su inocencia o, si se demuestra su culpabilidad, reducir en lo posible su condena. Como prueba de este hecho valga comprobar la práctica ausencia del reconocimiento explícito de culpabilidad en cualquier acusado, siempre adiestrados para descargar la responsabilidad en otros (preferiblemente muertos) o en unas circunstancias irresistibles que les empujaron en una dirección y a las cuales era imposible sustraerse. ¡Cuán lejos queda Sócrates y su irrenunciable disposición moral a acatar las leyes aun a sabiendas de que injustamente le condenaron a muerte!

reconstitullente. Medicina empleada para fortalecer el organismo de los tullidos y hacer que recobren el movimiento. Cuando la guerra no los ha matado.

recredo. En los colegios religiosos, concertados y privados, intervalo entre clases en el que los alumnos aprovechan para rezar una de las principales oraciones católicas. A instancias de la Conferencia Episcopal y con el manoseado argumento de respetar el derecho de los padres a elegir libremente la educación de sus hijos -haciéndolo incluso extensivo a los momentos de descanso y diversión-, en una de las disposiciones de la LOMCE el gobierno católico conservador del PP estableció que este periodo de tiempo, en el caso de los colegios religiosos, en lugar de recreo recibiera el nombre de recredo y fuera consagrado a la reafirmación de la fe mediante el rezo.

recryminar. (angl.). Reprender a una persona porque llora. Y a continuación, quizá, si se trata de Scarlata O'Hara, rematarla sin la menor consideración su amado diciendo: "Francamente, querida, me importa un bledo".

recuerdar. Amarrar con cuerdas a nuestra memoria determinados episodios de la vida que no queremos olvidar.

redación. Hecho de dar algo repetidas veces. A raíz de la crisis económica del año 2008 se popularizó la expresión "dación en pago", entendida como la entrega de un bien (una vivienda, por ejemplo) a cambio de saldar una deuda pendiente (la correspondiente hipoteca con el banco). En este sentido, puede afirmarse que para miles de españoles que ya no acudían al colegio la vivienda fue objeto de redación. Cuestión de fe. @mundiario