La ficción, un punto de partida para grandes realidades con las que convivimos hoy día

Futuro. / airbusgroup.com
Futuro. / airbusgroup.com

Las páginas de los libros de ciencia ficción han sido génesis de muchas de las cosas que hoy día nos parecen comunes, necesarias o incluso indispensables.

La ficción, un punto de partida para grandes realidades con las que convivimos hoy día

La relación innegable entre la ficción y el devenir cotidiano ha sido un hecho manifiesto en la vida del ser humano desde hace mucho tiempo. No deja de asombrar ―por ejemplo― cómo las historias escritas por autores como Julio Verne, H. G. Wells o Isaac Asimov ―por citar algunos― se han ido convirtiendo paso a paso en realidades comunes y normales de nuestro día a día. Otras tantas, con sigilo e inexorable persistencia, van cobrando vida de forma casi imperceptible para la humanidad. Los viajes espaciales, las exploraciones submarinas, los teléfonos móviles, las pantallas de alta definición, los robots humanoides, y hasta el Internet cuya inexistencia a las nuevas generaciones les parecería simplemente algo impensable, son sólo algunos de los muchos avances científico-tecnológicos con los que con "naturalidad" convivimos en la actualidad, y que vieron su génesis en predictivas páginas de libros de ficción, y, por supuesto, en la mente de autores que en algún momento plasmaron sus "locas" ideas en sencillas hojas de papel (o en hojas electrónicas de ordenadores, como suele ser las más de las veces hoy en día).

La mente humana no se detiene. Las ideas fluyen continuamente y las páginas de cientos (si no miles) de obras literarias, se siguen llenando de artefactos, inventos o tecnologías con las que vamos aprendiendo a vivir, y que, en muchos casos, se convierten en realidades que llegan para quedarse por un buen tiempo, hasta que otras aparecen o evolucionan dando paso a versiones mejoradas que van sumando nuevos elementos o capacidades que también pasan a formar parte de la cotidianidad de un segmento cada vez más amplio de la población mundial. Los medios de transporte no son la excepción. Una cosa trae a la otra. El mundo avanza, las ciudades crecen y los espacios se reducen, y asimismo, se va haciendo evidente la necesidad de crear nuevos medios de transporte o nuevos mecanismos tecnológicos que mejoren los ya existentes, pero, ¿si los espacios físicos de las calles, avenidas, carreteras y autopistas se van reduciendo, cómo se soluciona una problemática que pueda surgir en esa área tan importante hoy en día para el desplazamiento humano y de bienes, productos y servicios? ¿Por el aire?...

Desde hace algunos años se viene escuchando y hablando ―sea en broma, sea en serio― acerca de vehículos voladores que en algún momento se convertirán en un medio de transporte al que muchos tendrán acceso y que tarde o temprano terminará también por colapsar las rutas aéreas que para el ello deberán existir sobre los ciudades... ¿Suena a ciencia ficción?, probablemente sí. A muchos incluso les parecerá el argumento de una de esas costosas películas de Hollywood que se difunden con rapidez por todos lados, aunque, en honor a la verdad, ¿no es así como ha funcionado el avance de la ciencia y la tecnología en las últimas décadas?: alguien lo imagina y lo escribe primero, luego lo vemos en el cine, y finalmente empezamos a convivir con esto o aquello, o aquello otro que en muchos casos ya nos es familiar gracias a la ficción y a esas ideas futuristas que, llegado el momento, dejan de ser futuristas para convertirse en realidades de un presente que nos alcanza más rápido de lo que imaginamos.

Grandes empresas como Airbus, han empezado a trabajar en prototipos de lo que han denominado "taxis aéreos", y en vehículos unipersonales de despegue vertical que se espera puedan ser una realidad a finales de 2017, aunque, según han indicado, aún tendrán que pasar cerca de diez años más para que podamos verlos de forma comercial por los cielos de nuestras ciudades. Hasta hace unos pocos años, esto era algo que se veía muy lejano, sin embargo, ahora es algo que de concretarse como está previsto, estaría prácticamente a la vuelta de la esquina. Diez años, en términos de avance tecnológico, realmente es un lapso corto. Y más allá de las muchas interrogantes que puedan ir surgiendo en el marco de la seguridad y de las regulaciones que dichos vehículos supondrían, lo cierto es que una vez más nos vemos alcanzados por ideas que inicialmente fueron solamente materia de la ciencia ficción, de la ficción.

Existe una línea que separa lo ficcionado y lo real, pero pareciera ser tan delgada y sensible que hace que nos cuestionemos cómo pudo Julio Verne haber imaginado el Nautilus; cómo pudo H. G. Wells haber imaginado un viaje a la luna; cómo pudo Asimov haber imaginado un horno de microondas mucho tiempo antes de que fueran una realidad o que siquiera se empezara a hablar de ello... ¡Verdaderamente interesante! Más allá de teorías informales o elucubraciones poco fundamentadas, existe una verdad que guarda estrecha e innegable relación con las obras de ficción que hoy día conocemos ―y otras tantas que seguramente aún no conocemos―. Esa verdad es el hecho innegable de que la ficción ha sido el punto de partida para grandes realidades con las que hoy día convivimos cotidianamente de forma "normal". Las ideas siguen fluyendo, y los avances siguen un curso inexorablemente constante que tarde o temprano se vuelve presente, por lo que solamente deberemos observar a nuestro alrededor y esperar un poco para ver qué más nos deparan los años venideros, y qué nuevas ideas leeremos en los libros de ficción. Como escribió alguna vez Rosa Montero en una de sus novelas: "la realidad es una materia vidriosa, que a menudo se empeña en imitar a la ficción".

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