La familia de Pascual Duarte, una novela con un montón de aspectos picarescos

Camilo José Cela.
Camilo José Cela.

Pascual Duarte no es un pícaro propiamente dicho, pese a la presencia de todas estas características; porque este protagonista carece de la malicia y la picardía de los originales pícaros. 

La familia de Pascual Duarte, una novela con un montón de aspectos picarescos

La lectura detenida de La Familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, nos deja traslucir unas características de la novela picaresca. Dichas características serán, de ahora en adelante, el foco de nuestro interés en esta nuestra modesta reflexión. Las vamos a detectar y resumir según esta manera:

A - La función del “Yo”

1 - El falso autobiografismo

 Antes que nada, tenemos que señalar que La Familia de Pascual Duarte es una narración en forma autobiográfica. Expone la perdición de un hombre en las determinadas circunstancias  familiares y sociales que el relato mismo describe o indica. Y esa perdición que encierra una validez típica no en los detalles de la fábula  sino en su total sentido, tiene por causa el abandono y por resultado la soledad.

 En efecto, es esta forma autobiográfica la que, en primer lugar, nos incita a integrar La Familia de Pascual Duarte, de antemano, en la esfera de la  novela picaresca.

Al hablar de esta forma autobiográfica, entendemos la forma en la que está contada  la narración. Es un rasgo formal común que recorre la mayoría de las novelas picarescas.

Volviendo a nuestro texto narrativo,  podemos decir que esta nota autobiográfica es la que llama, por primera vez, nuestra atención. Por consiguiente,  Pascual Duarte abre sus memorias de esta manera:

“Yo, señor, no soy malo, aunque no me fatan motivos para serlo, nací hace ya muchos años - lo menos cincuenta y cinco - en un pueblo perdido por la provincia de Badajoz; el pueblo estaba a unas dos leguas de Almendralejo, agachado sobre una carretera lisa y larga como los días - de una lisura y unalargura como usted, para su bien, no puede ni figurarse - de un condenado a muerte ”. (pág.21).

Este comienzo nos hace recordar, de inmediato, las palabras de Pablos de Quevedo en  El Buscón[1] , cuando dice el pícaro explicando sus origines:

                    “Yo, señor, soy de Segovia”. (Pág.95).

  O, también, el mismo comienzo de  El Lazarillo[2]  que dice:

  “Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, y vengan a notica de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade y a los que no ahondaren tanto los deleyte”. (Pág.9).

En este orden de ideas, debemos señalar que la manera de narrar aquí en La Familia de Pascual Duarte Va definida; puesto que Pascual se dirige a una persona  determinada que es el señor Don Joanquín Barrera López por ser éste el único amigo de Don Jesús González de la Riva, cuyas señas conocía Pascual Duarte:  

 “Reciba, señor Don Joaquín, con este paquete de papel escrito, mi disculpa por haberme dirigido a usted, y acoja este ruego de perdón que le envía, como si fuera el mismo Don Jesús, su humilde servidor”. (Pág.17).

 El señor Barrera López no es más, claro está, que el “alter ego” del insigne patricio local. Es como si en la la persona de Barrera resuscitase Pascual Duarte al conde de Torremejía. Para explicarle  y explicar a sí mismo, por qué todas sus violencias remataron en rematarle. En rigor, el crimen culminante de Pascual no es el que tiene por víctima a su madre, aunque así lo parezca, sino el que tiene por víctima al conde de Torremejía. Crimen solamente aludido en la obra. Pero es el que lleva al protagonista, sin remisión, al patíbulo.

 En líneas maestras, uno puede decir que el “Yo” desempeña un papel muy importante en la composición de cualquier novela picaresca; porque según el estudioso español Francisco Rico[3]:

“Es el yo quien da al mundo verdadera realidad: Las cosas y los gestos nada valen - en cierto modo, pues nada son - mientras no se los incorpora el sujeto”. (pág. 41).

2 - La doble temporalidad

 Es decir, el protagonista aparece en la novela desde una doble perspectiva: como autor y como actor. En el primer caso, se sitúa en un presente, un “ahora”que se explica a través de un pasado,  un “antes”. Contempla  su pasado y narra su acción cuyo desenlace conoce de antemano. En el segundo caso, es decir como actor, se dirige hacia un futuro que nunca poseerá, por lo que será un futuro incierto.

 Pascual Duarte desde su celda y esperando el momento de su ejecución, nos está contando en retrospectiva lo que ha sido su vida. Una vida marcada por el

abandono, la soledad, la incomunicación, la injusticia, la crueldad, el odio, la desgracia, el instinto, el sexo y la brutal realidad. Pero, también, y aunque en menor cantidad, por el amor, la comprensión, la poesía, la ternura y  la piedad

B - Características familiares, estructura, determinismo y realismo

1 - Características familiares

 La  estructura  familiar  impregna toda la novela. Si,  por ejemplo, nos fijamos en los personajes, podemos ver que son sistemáticamente presentados en sus relaciones familiares. Nunca en su vida individual. Nada conocemos de  ellos excepto su relación familiar con Pascual. Nada sabemos de las ocupaciones o aficiones de su padre - excepto que mucho antes, fue contrabandista - ni de la vida cotidiana de la madre.

¿ Cómo es, pues, la familia de pascual duarte ?

 Vamos a comenzar por el carácter de los componentes.

- El padre

 Era  áspero, brusco y no toleraba que se le contradijese en nada. Les  pegaba a su mujer y a su hijo Pascual cuando se enfurecía. Por último, fue un contrabandista: “Lo guardaron por contrabandista, por lo visto había sido su oficio durante muchos años ”. (pág.30).

- La madre

 Es una madre condecorada con toda suerte de defectos. Pascual la describe de esta manera:

“Mi madre era chupada y larga y no tenía aspecto de buena salud, sino por el contrario, tenía la tez cetrina y las mejillas hondas. Y toda la presencia o de estar tísica o de no andarle muy lejos, era desabrida y violenta”. (pág. 30).

  Se trata, en fin de cuentas, de unos padres adictos al vino, inconvenientes, no religiosos, campesinos, poco educados y hasta incomunicados.   Desgraciadamente, sus defectos había de heredar su hijo Pascual más tarde. Este último resume aquí la relación de sus padres como sigue:

“Se llevaban mal mis padres; a su poca educación se unía su escasez de virtudes y su falta de conformidad con lo que dios les manda - defectos todos ellos que para mi desgracia hube de heredar - y esto hacía que se cuedaron bien poco de pensar los principios  y de refrenar los instintos, lo que daba lugar a que cualquier motivo, por pequeño que fuese, bastaba para desencadenar la tormenta que se prolongaba días y días sin que se le viese fin. Yo, por lo, general, no tomaba el partido de  ninguno porque si he de decir verdad tanto me daba el que cobrase el uno como el otro; unas veces me alegraba de que zurrase mi padre y otras mi madre, pero nunca hice de esto cuestión de gabinete”. (pág.31).      

- Sus hermanos Rosario y Mario

 En cuanto a su hermana Rosario, sabemos que a los catorce años abandona la casa y la familia, a las que volverá sólo interminentemente, para dedicarse a la prostitución.

 Por otra parte,  Mario cumple en la novela la función de mostrar a través de su desvalimiento la diferencia entre Pascual y Rosario, cariñosos con él, y su madre, despreocupada por el hijo.

- Sus mujeres Lola y  Esperanza

 Después de muerto su padre y con Rosario en el prostíbulo intenta formar una familia con Lola la cual era:

 “Alta, morena de color...y por el mucho desarrollo que mostraba cualquier daría en pensar que se encontraba delante de una madre”. (pág. 65).

 Así es como nos la presenta el narrador, en su figura de madre, nunca con caracteres psicológicos propios. Lola es, señalémoslo, precisamente lo contrario de la madre de Pascual. Es tan adecuada según él para la  formación de una  familia ideal. Pero, como hemos visto, el intento se trunca, porque Lola  aborta al caerse de la yegua, recién llegados de la luna de miel. Lola, sin embargo, volverá a quedarse embarazada y tener un hijo, renaciendo así, la alegría de Pascual. Pero, a su vez, este hijo va a morir por un mal aire.

 Además,  Lola ha estado de nuevo embarazada, pero ahora, de Paco López, el chulo de Rosario. Pascual llega, incluso, al extremo de consentir la deshonra  disculpándoselo a su mujer:

                                “Te  perdono, Lola”. (pág. 124).

 Pero, ella muere del miedo que le produce el hecho de delatar al padre de su hijo. Después de salir de la cárcel, Pascual empieza el tercer  intento de formar familia. Ahora con Esperanza, una vecina que quería a Pascual de antiguo y lo estaba esperando. Con ella se va a casar, pero este matrimonio no llegará a tener ningún hijo.

 Después de este sencillo análisis de la estructura de la Lamilia de Pascual Duarte, destacamos la falta de convivencia, la comunicación y la conformidad entre sus componentes. Uno de los momentos que justifican la incomunicación entre estos componentes de esta familia, es cuando Pascual pierde a su hijo Pascualillo. Pascual reitera:

“Tres mujeres hubieron de rodearme cuando pascualillo nos abandonó, tres mujeres a las que por algún vínculo estaba unido, aunque a veces me encontrase tan extrañado a ellas como al primer desconocido que pasase, tan desligado de ellas como del resto del mundo, y de estas tres mujeres, ninguna, créame usted, ninguna,  supo con su cariño o con sus modales hacerme más llevadera la pena de la muerta del hijo, al contrario, parecía como si se hubiesen puesto de acuerdo para amargarme  la vida. Esas tres mujeres eran mi mujer, mi madre y mi hermana”. (pág.93).

 A partir de este análisis, uno puede confirmar que este tipo de familia del cual desciende el protagonista  Pascual, es totalmente análogo a aquel del que parte cualquier pícaro en cualquier novela picaresca.

 Al padre de Pascual le guardaron por contrabandista:

 “Lo guardaron por contrabandista; por lo visto había sido su oficio durante muchos años”. (pág.30).

De modo semejante a como el padre de Lazarillo, Tome Pérez González que padeció persecución por justicia a causa de los hurtos que había hecho en los costales de la molienda. Dice Lázaro[4]:

“Pues, siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre ciertas sangrías malhechas en los costales de los que allí a moler venían. Por lo cual fue preso y confesó y no negó, y padeció persecución por justicia”. (pág.10).

 O como el caso del padre de Pablos[5] estuvo preso por rapar las bolsas y no las barbas.

 “Porque malas lenguas daban en decir que mi padre metía el dos de bastos para sacar el as de oros”. (pág. 97).

 En cuanto a la madre de Pascual aparece retratada con rasgos muy negatios:

“No la vi lavarse más que en una ocasión en que mi padre la llamó borracha y ella quiso demostrarle que no le daba miedo el agua ”. (pág. 30).

                   “Mi madre no sabía leer ni escribir”(.pág.31).

                   “Tenía un bigotillo cano por las esquinas de los labios”. (pág.31).

 Vemos que en cierta medida,  la madre de Pascual tiene muchas afinidades con la de Pablos. , el cual se nos la describe de tal manera:

 “Hubo fama que reedificaba doncellas, resucitaba cabellos encubriendo camas. Unos la llamaban  zurcidora de gustos, otros algebrista de voluntades desconcertadas, y por mal nombre alcagueta”. (Pág.99).

 Pero, claro está, uno puede notar que la madre de Pablos es, en lo que atañe a lo físico, más bella que la de Pascual. Pablos nos dice exagerando su buen parecer:

 “Tuvo muy bien parecer, y fue tan celebrada, que en el tiempo en que ella vivía, casi todos los copleros de España hacían cosas sobre ella”. (pág.97).

 Es evidente, que los altercados y las broncas entre los padres de Pascual traen a la memoria las disputas que sucedían entre los de Pablos. Si pascual, como hemos visto antes, confiesa diciendo que:

                        “Se llevaban mal mis padres...”. (pág.31).

  Notamos que Pablos[6] muestra casi las mismas diferencias entre sus padres cuando dice:

“Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quién había de imitar en el oficio, más yo, que siempre tuve pensamiento de caballero desde chiquito, nunca me apliqué ni a uno ni al otro”. (pág.100).

Si la madre de Lázaro[7] , da entrada en su casa a un hombre extranjero:

“Ella y un hombre moreno de aquellos que las bestias curaban, vinieron en conocimiento. Este algunas veces se venía a nuestra casa y se iba a la mañana. Otras veces de día llegaba a la puerta, en achaque de comprar huevos, y entrabase en casa. Yo al principio de su entrada, pesábame con él  y habíale miedo, viendo el color y mal gesto que tenía. Mas de que vi que con su venida mejoraba el comer, fuile queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos de carne, y en el invierno leños a que nos calentábamos”. (pág.104).

 Ahora la madre de Pascual hace lo mismo sin ton ni son:

“Quedó la vieja con el vientre lleno, vaya usted a saber de quién, porque sospecho que, ya por la época, liada había de andar con el señor Rafael, de forma que no hubo más que esperar los días de la ley para acabar recibiendo a uno más en la familia”. (pág. 45).

  De estos matrmonios salieron dos hijos. Uno de Lázaro[8] :

 “Mi madre vino a darme un negrito muy bonito, el cual yo brincaba y ayudaba a calentar”. (pág. 104).

El otro es de Pascual:

“El nacer del pobre Mario - que así hubimos de llamar al nuevo hermano - más tuvo de accidentado y de molesto que de otra cosa, porque, para colmo y por si fuera poca la escandalera de mi madre al parir, fue todo a coincidir con la muerte de mi padre”. (págs. 45 - 46).

También, en este orden de ideas, recordamos que Pablos[9], a su vez, tuvo un hermanico de siete años, el cual murió de unos azotes que le dieron en la cárcel, lo cual sintió mucho su progenitor, porque era tal que robaba a todos las voluntades:

 “Un mi hermanico de siete años les sacaba muy a salvo los tuétanos de las faldriqueras. Murió el angelico de unos azotes que le dieron en la cárcel”. (pág. 97).

 Pero aquí, en cuanto a Pascual, era su hermana Rosario la que hablaba con tal facilidad y tal soltura que a todos llegó a amaravillar. Dice Pascual:

 “Pronto la niña se hizo la reina de la casa y nos hacía andar a todos más derechos que varas  ... era a ella la única persona que escuchaba, bastaba una mirada de Rosario para calmar sus iras, y en más de una ocasión buenos golpes se ahorraron con su sola presencia”. (págs. 38 - 39).

  En fin, si Pablos[10] sale pronto de la escuela persuadido de que, aunque no sabía bien escribir, porque  él cree que:

  “Para mi intento de ser caballero lo que se requería era escribir mal”. (pág. 96).

Vemos que Pascual hace lo mismo dejándose convevcer por su madre, inmediatamente, para abandonar la escuela por la razón de que para no salir en la vida de pobre no valía la pena aprender nada.

“Mi madre no quería que fuese a la escuela y siempre que tenía ocasión y aun a veces sin tenerla, solía decirme que para no salir en la vida de pobre no valía la pena aprender nada. Dio en terreno abonado, porque a mí tampoco me seducía la asistencia a las clases, y entre los dos, y con la ayuda del tiempo, acabamos convenciendo a mi padre  que optó porque abandonase los estudios”. (Pág. 33).

Cuando Pascual  Duarte fracasa en su primer intento de formar una familia, huye del pueblo hacia el ancho mundo en busca de un lugar:

 “Donde nadie nos conozca, donde podamos empezar a odiar con odios nuevos ”. (Pág. 102).

 Señalamos que tenía programado ir a las Américas de manera parecida a como actúa Pablos[11]:

“Determiné, y consultándolo primero con la Grajal, de pasarme a Indias con ella, a ver si, mudando mundo y tierra, mejoraría mi suerte. Y fueme peor, como v. m. Verá en la segunda parte, pues nunca mejorá su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres”. (pág. 308).

 Pascual da a conocer su propósito casi de igual manera:

“A tren lo fue a alcanzar en Don Benito, donde pedí un billete para Madrid, con ánimo no de quedarme en la corte sino de continuar a cualquier punto desde el que intentaría saltar a las Américas”. (pág. 110).

  Pero,  Pascual aunque lo intentó no pudo lograrlo porque no tenía suficiente dinero para comprar un billete para las Indias:

“El problema que se me presentaba no era pequeño y yo no le encontraba solución”. (pág. 116).

 Esto por  una parte,  por  otra,  y con el paso del tiempo, Pascual iba olvidando el ambiente triste e inhóspito de su familia: “Pensaba que había de ser bien recibido por mi familia - el tiempo todo lo cura - y el deseo crecía en mí como crecen los hongos en la humedad”. (Pág. 117).

 En lo que a este punto atañe, Spitzer llama la atención sobre la solución de enviar al protagonista al lugar de las posibilidades ilimitadas. Esto es, a América, solución que se da, también, en el caso de Losada[12] en El Celoso Extremeño:

 “ Viéndose, pues, tan falto de dinero y aun con no muchos amigos, se acogió al remedio de a que otros muchos perdidos en aquella ciudad se acogen, que es el pasarse a las Indias, refugio y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados, salvoconductos de los humecidas”. (pág. 308).

Hasta la casa, como centro donde se desarrolla la vida, la vemos calificada con casi los mismos calificativos que utiliza Lazarillo para describir la casa del escudero:

 “En este tiempo dio el reloj la una después de medio día, y llegamos a una casa, ante la cual mi amo se paró, y yo con él. Y derribando el cabo de la capa sobre el lado izquierdo sacó una llave de la manga y abrió su puerta, y entramos en casa. La cual tenía la entrada oscura y lóbrega de tal manera, que parece que ponía temor a los que en ella entraban, aunque dentro della estaba un patio pequeño y razonables cámaras”. (pág. 152).

Pascual describía la suya así:

“En realidad lo único de la casa que se podía ver era la cocina, lo primero que se encontraba al entrar, siempre limpia y blanqueada con primor, cierto es que el suelo era de tierra, pero tan bien pisada la tenía...., la cuadra era la peor; era lóbrega y oscura, y en sus paredes estaba empapado el mismo olor a bestia muerta...., el resto de la casa no merece la pena ni describirlo tal era su vulgaridad”. (Págs. (23 - 25 - 25).

Resumiendo, podemos postular que estas características familiares que acabamos de analizar son, verdaderamente, propias del género picaresco. Sin embargo, estas características alcanzan  mayor relieve en La Familia de Pascual Duarte, adquiriendo un tono existencial.

 En este sentido, el estudioso norteamericano Paul Ilie[13] , cuando estaba estudiando la novelística de Camilo José Cela, reiteró que:

“No existe comunicación entre el yo y el no yo, y por ello tampoco entendimiento, siendo el resultado creerse una víctima de las situaciones, de los hombres que le provocan, o de dios”. (pág. 56).

2 - La estructura abierta

 Entendemos por estructura  abierta, el desarrollo o el encadenamiento lineal de la acción. Porque esta acción se va contada itinerantemente, por sucesión rigurosa de aventuras o lances, y no termina sino se interrumpe. El estudioso checo Jean Caprias[14] matiza el carácter abierto de la novela picaresca diciendo:

 “Y el pícaro es condenado a resistir para supervivir, haciendo astucia tras otra. Por eso, su historia del mucho andar permanente, se compone de secuencias que no pueden constituir un verdadero relato, igual que el pícaro, se para en el camino cuando está andando”. (Pág. 59).

 En este sentido, destacamos que es la figura del protagonista que crea una coherencia y una cohesión entre los diferentes episodios que se suceden. Esto quiere decir que, las diferentes aventuras no tienen más unión que la que favorece el protagonista  mismo. De ahí que, el pluralismo de aventuras que se

narran  podrían, como hemos dicho ya, continuarse, no hay nada que lo impida.

3- El determinismo

  Entendemos por  “determinismo” el hecho de negar la existencia de la libertad humana para decidir, es decir, todos los acontecimientos que suceden son inevitables, y han sido predeterminados por el destino.

 Este rasgo, como se sabe, está presente en la mayoría de las obras picarescas. A modo meramente ejemplificador, vamos a ilustrar lo que venimos diciendo con algunos ejemplos sacados de El Guzmán de Alfarache.

 Cuando el pícaro Guzmán[15]  abandona su casa nos cuenta:

 “Con esto salí a ver mundo, peregrinando por él, encomendándome a dios y buenas gentes, en quienes hice buena  confianza”. (pág. 162).

             “Quise ponerlo en las manos de dios”. (pág. 164).

  Ahora bien, en lo que atañe a La Familia de Pascual Duarte, vemos que choca por su determinismo, fatalismo religioso y total sumisión social: Todo sucede como dios manda, háganse lo que está escrito en los libros del cielo, etc. Son una muestra clara y prueba tajante de dicho determinismo.

 Pascual Duarte postula desde el principio que es imposible elegir en la vida, sino hay que someterse al destino con las buenas o las malas. Así dice este último:

 “Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo cuando vamos creciedo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: La muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas”. (pág. 21).

  Además, Pascual justifica su situación familiar como sigue.

 “La verdad es que la vida en mi familia poco tenía de placentera, pero como no nos es dado escoger, sino que ya - y aun antes de nacer - estamos destinados uno a un lado y otro a otro, procuraba conformarme con lo que me había tocado, que era la única manera de no desesperase”. (pág. 32).

  Más que eso, cuando Rosario salió contra toda expectativa de Pascual, éste se complace diciendo:

 “Pero como dios se conoce que no quiso que ninguno de nosotros nos distinguiésemos por las buenas inclinaciones, encarriló su discurrir hacia otros menesteres...robaba con igual gracia y donaire que una gitana vieja, se aficionó a la bebida de joven, servía de alcahueta para los devaneos de la vieja”. (pág. 38).

4 - El realismo crudo

  La intención realista es un rasgo, también, que distingue la novela picaresca. Consiste en buscar la representación fiel de la realidad, hasta el punto de que no faltaron quienes habían ido muy lejos, considerando toda novela picaresca como si fuera un documento sumamente informativo acerca de la realidad de la época. De hecho, José Ortega y Gasset[16] forma parte de aquellos que abogaban por esta idea cuando dice:

 “La novela picaresca no puede ser sino realista en el sentido menos grato de la palabra: Lo que posee de valor estético consiste justamente en que al leer el libro levantamos a cada momento los ojos de la plana y miramos la vida real y la constatamos con la del libro y nos gozamos de la confirmación de su exactitud. Es arte de  copia”. (pág. 21).

  Por ejemplo, en  El Buscón[17] nos topamos con muchas escenas de tipo realista.   Una de estas escenas es aquella en la que Pablos describe lo que nosotros  podemos llamar “distinción social”:

  “A mi amo, apadrináronlo unos colegiales conocidos de su padre y entró en su general, pero yo, que había de entrar en otro diferente y fui solo, comencé a templar”. (pág. 142).

 Otra escena sacada de El Lazarillo[18] que ilustra la violencia, es aquella en la que el clérigo le dio a Lazarillo un garrotazo creyendo que está golpeando la culebra:

 “Levantando bien el palo, pensando tenerla debajo y darle tal garrotazo que la matase y con toda su fuerza me descargó en la cabeza un tan gran golpe que sin ningún sentido, muy mal descalabrado me dejó”. (pág. 146).

 En La familia de Pascual Duarte, tema de nuesro estudio, asistimos a un realismo muy crudo al que se suele llamar tremendismo. Este concepto significa para J. M. Martínez Cachero[19]:

El desquiciamiento de la realidad en un sentido violento, o la sistemática presentación de hechos desagradables e incluso repulsivos ... se trata de un realismo que acentuaba las tintas negras, la violencia y el crimen truculento, episodios crudo  y a veces repulsivos. Zonas sombrías de la existencia. Esto, al material novelesco, respecto al lenguaje, desgarro, crudeza, en alguna ocasión, una cierta complación en la soez”. (pág. 115).

 Este realismo crudo recorre toda la novela. En este sentido, aludimos a las escenas en las cuales, sucesivamente, Pascual Duarte,  mata a la perra, a la yegua  y a la madre. Acerca del asesinato de ésta nos dice:

“Fue el momento mismo en que pude clavarle la hoja en la garganta...la sangre corría como desbocada y me golpeó la cara. Estaba caliente como un vientre y sabía lo mismo que la sangre de los corderos. La solté y salí huyendo. Choqué con mi mujer a la salida; se le apagó el candil. Cogí el campo y corrí, corrí sin descanso, durante horas enteras. El campo estaba fresco y una sensación como de alivio me corrió las venas. Podía respirar”. (págs. 156 – 157).

C - Fondo crítico, ideología moralizante y pesimismo

1 - Fondo crítico

 Toda la sociedad se critica por el pícaro el que según José Ortega y Gasset[20]:

   “Mira la sociedad de abajo a arriba ridículamente escorzada”. Pág.34.

 Si en las obras representativas del género encontramos una crítica muy dura y explícita de los componentes  de la sociedad, en La Familia de Pascual Duarte no se da lo mismo. Entonces, nos advertimos a una crítica latente e implícita de los defectos sociales.

 En el primer caso. Pablos[21] cuando entra con el carcelero en su casa critica intensamente su familia:

“Dejábame entrar en su casa. Tenía una ballena por mujer, y dos hijas del diablo, feas y necias, y de la vida, a pesar de sus caras”. (pág. 245).

Al ir a la iglesia para arreglar los asuntos del matrimonio con Lola,  deducimos que  a  Pascual  no le cayó bien lo que le ordenó el cura antes de entablar con él el diálogo en torno al tema:

 “Don Manuel abrió la puerta de la sacristía y me señaló un banco de la iglesia, de  madera sin pintar, duro y frío como la piedra, pero en los que tan hermosos ratos se pasan algunas veces...siéntate allí. Cuando veas que Don Jesús se arrodilla te arrodillas tú, cuando veas que Don Jesús se levanta te levantas tú, cuando veas que Don Jesús se Sienta te sientas tu también”. (págs. 67- 68).

 En el mismo sentido, cuando Pascual está en Madrid, nos resume unas características de las mujeres madrileñas en la persona de Concepción Castillo López:

  “Era  joven, menuda con una carrilla pícara que la hacía simpática, presumida y pizpireta como es fama que son las madrileñas; me miraba con todo descaro”. (pág. (113).

Tampoco el carácter de su esposo Angel López y sus actitudes escapan a Pascual:

  “El marido era celoso como un sultán y poco debía fiarse de su mujer porque no la dejaba ni asomarse a la escalera”. (Pág. 114).

Todos estos ambientes y comportamientos de los personajes  sea con los cuales Pascual tuvo contacto, sea los que veía, le resultaban tan diferentes de lo que había acostumbrado en su pequeño pueblo:

“Yo estaba asustado viendo tan poco frecuentes costumbres pero, como es natural no metí bazo”. (pág. 115).

2 - La ideología moralizante

 Primero, es de señalar que  toda novela picaresca relata la vida de un pícaro que viene a ser un ejemplo.

 El pícaro da  a conocer al público lo que ha sido su vida, para que se tomen de ella predicaciones, y para que uno evite lo que le pasó a dicho pícaro. De ahí, no es de extrañar que Guzmán de Alfarache se dirigía al público incitándole a sacar lecciones de su vida cuando dice[22]:

                “Haz, hermano, lo que digo, y no lo que hago”. (pág. 45).

“Alabo tu razón por buena, pero quiérote advertir que, aunque me tendrás por malo, no lo quisiera parecer - que es peor serlo y honrarse de ello -...”. (pág.126).

Todo esto, significa que siempre que se realiza alguna acción que perjudica, provoca un castigo al que ha realizado esta mala acción, con la intención de que aprenda a no portarse mal con los demás.

 En esta misma línea, la vida de Pascual Duarte viene a ser un ejemplo. Pero no para imitarlo, sino para huirlo. El transcriptor nos dice desde el principio:

“El personaje, a mi modo de ver, y quizá por lo único que lo saco a la luz, es un modelo de conductas; no para imitarlo, sino para huirlo; un modelo ante el cual toda actitud de duda sobra, un modelo ante el que no cabe sino decir¿ ves lo que hace? Pues,  hace lo contrario de lo que debiera”. (pág. 14).

  En espera de la ejecución, y después de arrepentirse, Pascual Duarte lamenta sus exrtavíos y confiesa que:

“Ejemplo de familias sería mi vivir si hubiera discurrido todo él por las serenas sendas de hoy”. (pág. 109).

 Más allá de eso, toda la novela deja traslucir muchas moralejas e intenciones de tipo didáctico, como por ejemplo:

 “El pez muere por la boca, dicen, y dicen también que quien mucho habla mucho yerra, y que en boca cerrada no entran moscas”. (pág. 78).

3 - El pesimismo

 Es una tendencia a ver y a juzgar las cosas teniendo en cuenta sus aspectos menos favorables. Esta es una característica muy constante en la novela picaresca, porque el pícaro siempre se encuentra amenazado en su contorno social y ve con ojos inseguros su futuro.

  Así, en El Buscón[23], Pablos deja claro su pesimismo  cuando dice por ejemplo:

  “Pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres”. (pág.308).

O en El Guzmán[24] de Alfarache al decir este pícaro:

“La vida del hombre milicia es en le tierra, no hay cosa segura ni estado que permanece, perfecto gusto ni contento verdadero, todo es fingido y vano”. (pág.204).

 En La Familia de Pascual Duarte, el protagonista no puede deshacerse de su pesimismo ni siquiera en tan felices momentos. Así que, cuando estaba pasando con su mujer Lola buenos momentos durante su luna de miel confiesa:

“La felicidad de aquellos dos días llegaba a extrañarme por lo completa que parecía”. (pág. 75).

D - El humor negro y el hecho de servir a vrios amos

1 - El humor negro

 Primero, señalamos que este concepto significa la capacidad para ver o para mostrar las cosas desde un punto de vista gracioso o cómico. Pero, claro está, si le añadimos el calificativo, “negro” será algo más: La capacidad de reirse de la muerte, y generalmente de lo desagradable. Este tipo de humor no se da en cualquier creador, sino en aquellos que poseen grandes dotes.

 En las novelas más representativas del género picaresco, sobre todo en El Buscón, el humor aparece impregnado de agrio pesimismo, como corresponde a la psicología del pícaro.

 A título de ejemplo, sacamos ahora mismo un caso humorístico de El Buscón[25] en que el narrador Pablos nos cuenta la desgracia de su amigo, como sigue:

 “Entró luego mi compañero, deshechas las narices y toda la cabeza entrapajada, lleno de sangre y muy sucio. Preguntámosle la causa, y dijo que había ido a la sopa de San Jerónimo y que pedió porción doblada, diciendo que era para unas personas honradas y pobres. Quitáronselo a los otros mendigos para dárselo, y ellos, con el enojo, siguiéronle y vieron que, en un rincón detrás de la puerta, estaba sorbiendo con gran valor. Y sobre si era bien hecho engañar por engullir y quitar a otros para sí, se levantaron voces, y tras ellas palos, y tras los palos, chichones y tolondrones en su pobre  cabeza”. (pág. 234).

 Ahora es tiempo de decir que La Familia de Pascual Duarte está impregnada de humor negro que se adquiere gracias a la capacidad que tiene el autor para poder manejar el lenguaje hasta sus últimas posibilidades expresivas.

 En muchos casos, leyendo algunas escenas, no podemos sino prorrumpir en risa aunque la situación es más dramática. Vamos a ilustrar todo esto ahora con ejemplos sacados de la novela.

2 - La muerte del padre

  Pascual nos describe los últimos días de su padre antes de morir rabiado:

 “¡Dios, y qué fuerza hubimos de hacer todos para reducirlo! Pateaba como un león, juraba que nos había de matar a todos, que por seguro lo tengo que lo hubiera hecho si dios lo hubiera permitido...y cuando fuimos a sacarlo pensando que había muerto, allí nos lo encontramos, arrimado contra el suelo y con un miedo en la cara que mismo parecía haber entrado en los infiernos. A mí me asustó un tanto que mi madre en vez de llorar, como esperaba, se riese, y no tuve más remedio que ahogar las lágrimas que quisieron asomar cuando vi el cadáver, que tenía los ojos abiertos y llenos de sangre y la boca entreabierta con la lengua medio fuera”.(págs. 46 - 47).

 Como lo demuestra esta cita, vemos que se trata de una muerte muy horrible. Pascual duarte nos la describe como si se tratase de la muerte de un animal.

3 - La desgracia de su hermano Mario

Antes que nada, es pertinente avanzar una  muy buena observación que retomaremos  adelante: El pobre Mario con todas sus desgracias sirve a Pascual para poder, en cierta medida, legitimizar el asqueroso asesinato de su madre.

Pascual nos describe  tantas  desgracias de su pobre  hermano, de entre las que citamos:

“No se le ocurriera peor cosa al pobre Mario que morderle en una pierna al viejo, y nunca lo hubiera hecho, porque este con la otra pierna le arreó tal patada en una de las cicatrices que le dejó como muerto y sin sentido, manándole una agüilla que me dio por pensar que agotase la sangre. El vegete se reía como si hubiera hecho una hazaña... la criatura se quedó tirada todo lo larga que era, y mi madre - le aseguro que me asusté en aquel momento que tan ruin - no lo cogía y se reía haciéndole coro al señor Rafael”. (pág.50).

“ Día llegó en que, no encontrándolo por lado alguno, fue a aparecer ahogado, en una tinaja de aceite”. (pág. 52).

“Un guarro le comió las dos orejas”. (pág.49).

 En general, pienso que todo ese dramatismo y deformación de la realidad serán a favor de Pascual al fin y al cabo; puesto que un niño criado en contorno semejante, según él, no tiene más remedio que salir en la vida con grandes defectos.

4 - El hecho de servir a varios amos

  El hecho de que el pícaro sirva a varios  amos, constituye un medio para entrar en contacto con diversas clases sociales. Como ocurre en El Guzmán, EL Lazarillo y El Buscón etc, encontramos que Pascual, a su vez, había hecho lo mismo cuanda se vio necesitado del dinero para comprar un billete. Se vio obligado a servir a varios amos. Pero, antes que nada, nos toca advertir que los demás pícaros propiamente dichos, no sirven a sus amos sino para sobrevivir. Sin embargo, Pascual aquí no lo hace con semejante fin. Más bien, porque necesitaba momentáneamente  dinero para poder embarcar a las Indias. Todos los oficios que practicó Pascual en la Coruña son:

- Mozo de estación

    “ Cargué maletas en la estación”. (pág. 117).

- Cargador en un muelle

    “Cargué maletas en la estación y fardos en el muelle”. (pág.117).

- Un ayudante de cocina

 “Ayudé en la labor de la cocina en el hotel Ferrocarrilana”. (pág. 117).

- Un sereno

  “Estuve de sereno una temporadita en la fábrica de tabacos”. (pág.117).

- Guarda de una mancebía

 “E hice de todo un poco que hasta que terminé mi tiempo de puerto de mar sirviendo en casa de Alpacha, en la calle del papagayo, subiendo a la izquierda, donde serví un poco para todo, aunque mi principal trabajo se limitaba a poner de  patitas en la calle a  aquellos a quienes se les notaba que no iban más que a alborear”. (pág. 117).

Claro está, tras estos oficios se perfila el antiguo esportillero, paje o mozo alcahuete.

E - La astucia y la degradación del personaje

1 - La astucia del pícaro

Es decir, toda la habilidad que tiene el pícaro para engañar a alguien, para evitar un daño o para lograr un fin. Todo pícaro se caracteriza por su astucia, estratagemas y habilidades para sobrevivir. Es un ser muy inteligente

  Muestra de tal astucia será,  primero, la escena en la que aparece Lazarillo entre las piernas del ciego para robarle vino de la jara. Segundo, la escena en la que se nos presenta Pablos de  El Buscón[26] haciendo uso de su propio dinero para salir de la cárcel:

“Echáronnos, en entrando, a cada uno dos pares de grillos, y sumiéronnos en un calabozo. Yo que me vi ir allá, aprovechéme del dinero que traía conmigo y, sacando un doblón, dijele al carcelero: “Señor, oígame v. m. En secreto “Dejóme fuera, a los amigos descolgáronlos abajo”. (pág. 239).

  En lo que a Pascual Duarte se refiere, podemos decir que este último, parece demostrar algo de inteligencia al modo de los pícaros. Pero, notamos que se trata de una astucia deficiente y deja mucho que desear.

 De igual manera que hizo Pablos para salir de la cárcel, vemos que, haciendo uso del dinero, Pascual pudo evitar ciertos problemas.

  Primero, cuando los familiares de la vieja dañada por la yegua de Pascual le alcanzaron con la justicia en la posada del Mirlo. Después, cuando Pascual se encontró en Madrid tan forastero, usó también de su dinero para ganar amigos.

Vamos a abastarnos con el primer caso, en el que Pascual nos cuenta lo siguiente:

“Porque como con los hombres, ya lo sabe usted, no hay mejor cosa que usar de la palabra y hacer sonar la bolsa, en cuanto le llamé galán y le metí seis pesetas en la mano se marchó más veloz que una centella y más alegre que unas castañuelas y pidiéndole a dios - por seguro lo tengo - ver en su vida muchas veces a la abuela entre las patas de los caballos”. (pág. 76).

2 - La degradación del personaje

 A medida que pasan los años, el protagonista va convirtiéndose más en un lacra social. Exceptuando el caso de Lazarillo, que aunque su vida se ve dificultada, paulatinamente, al final llega según él a “buen puerto”; la mayoría de los pícaros de las demás novelas picarescas van de mal en peor.

Si Pablos deja la escuela, le mueren sus padres dramáticamente, ser tema de burla de la parte de sus análogos en la corte y fracasa al final aun mudando a las Américas; Pascual le suceden cosas más trágicas que a éste.

 Llevaba su vida en un ambiente familiar muy complejo; a sabiendas unos padres inconvenientes, adictos al vino, una hermana prostituta, un hermano desvalido, muerte de sus dos hijos y al final el asesinato de su propia madre y del conde de Torremejilla para terminar en la horca.

 

Conclusiones
 En conclusión, y después de esta detección de los aspectos de la picaresca en La Familia de Pascual Duarte, podemos dejarnos convencer que, verdaderamente, esta novela se encuentra, estructuralmente hablando, en la línea del género picaresco; puesto que, el tono confesional, la narración en primera persona, el origen humilde del protagonista, el registro idiomático, las cartas y las notas añadidas, son las que más nos evocan la novela picaresca.
 Pero, ahora es necesario decirlo, Pascual Duarte no es un pícaro propiamente dicho, a pesar de la presencia de todas estas características; porque este   protagonista, carece de la malicia y la picardía de los originales pícaros. Entonces, la naturaleza de éste dista mucho de  aquella “elaborada” condición del que no tiene más recurso que su astucia para sobrevivir.
 Se trata, más bien, de un ser primitivo que responde a estímulos animales, productos de la hostilidad del ambiente, no socioculturales, como el pícaro clásico.

 


[1] Ibid. Pág. 95.

[2] Anónimo, La Vida de Lazarillo de Tormes y de sus Fortunas y Adversidades, Madrid, ed. Cátedra, edción de Joseph. V. Ricapito, 1984, pág. 91.

[3] Rico, Francisco, la novela picaresca y el punto de vista, Barcelona, ed. Seix Barral, cuarta edición, 1989, pág. 41.

[4] Anónimo, La Vida de Lazarillo de Tormes y de sus Fortunas y Adversidades, Madrid, ed. Cátedra, edición de Joseph. V. Ricapito, 1984, pág. 101.

[5] De Quevedo, Francisco, La Vida del Buscón, Madrid, ed. Cátedra, 1990, págs. 97 - 99.

[6] Ibid. Pág.100.

[7] Ibid. Pág.104

[8] Ibid. Pág. 104

[9] Ibid. Pág. 97.

[10] Ibid. Pág. 96

[11] Ibid. Pág. 308.

[12] De Quevedo, Francisco, La Vida del Buscón, Madrid, ed. Cátedra, 1990, pág. 308.

[13] Ilie, Paul, la novelística de Camilo José Cela, Madrid, tercera edición aumentada, versión española de César Armando Gómez, ed. Gredos, 1970, pág. 5

[14] Caprias, Jean, ensayo de tipología, enciclopedia universalis, Paris, corpus 16, roman, 1982, p. 24. Sacado de la revista: los árabes y el pensamiento universal, números 15 - 16, 1991. págs. 58 -59.

[15] Alemán, Mateo, Guzmán de Alfarache, Madrid, ed. Cátedra, primera parte, 1987, págs. 162 - 164.

[16] Aseguinolaza, Fernando Cabo, el concepto de género y la literatura picaresca, Santiago de Compostela, servicio de publicaciones e intercambio científico, 1992, pág. 21.

[17] Ibid. Pág. 142.

[18] Ibd. Pág. 146

[19] Cachero, J. M. Martínez, la novela española entre 1936 y1980, historia de una aventura, Madrid, ed. Castalia, 1985, pág. 115.

[20] Aseguinolaza, Fernando Cabo, el concepto de género y la literatura picaresca, Santiago de Compostela, servicio de publicaciones e intercambio científico, 1992, pág. 34.

[21] De Quevedo, Francisco, La Vida del Buscón, Madrid, ed. Cátedra, 1990,  pág. 245.

[22] Alemán, Mateo, Guzmán de Alfarache, Madrid, ed. Cátedra, 1987, págs. 45 - 126.

[23] Ibid. Pág. 308.

[24] Ibid. Pág.204.

[25] Ibid. Pág.  234.

[26] Ibid. Pág. 239.

 

La familia de Pascual Duarte, una novela con un montón de aspectos picarescos
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