El extraño protocolo del alcalde de Vigo Abel Caballero

La corporación de Vigo y la de A Coruña en otro tiempo. / Atlántico
La corporación de Vigo y la de A Coruña en otro tiempo. / Atlántico Diario

Los maceros escoltan al alcalde que coloca a su lado a quien le place, sea un conselleiro o un ex alcalde; los maceros tercian la maza y la corporación les sigue en alegre desorden.

El extraño protocolo del alcalde de Vigo Abel Caballero

Los maceros escoltan al alcalde que coloca a su lado a quien le place, sea un conselleiro o un ex alcalde; los maceros tercian la maza y la corporación les sigue en alegre desorden.

El  protocolo es un lenguaje simbólico, de suerte que hacer una cosa u otra tiene significado distinto. Al actual alcalde de Vigo, Abel Caballero, del PSOE, no parece importarle demasiado cuidar estos aspectos públicos de su propia imagen y de la institución que encabeza. Y es curioso que el Ayuntamiento de Vigo posea en su plantilla con uno de los más reconocidos expertos en estos asuntos de Galicia, al que por lo que se ve no le hacen demasiado caso.

Otra vez acabamos de verlo con ocasión de la última comparecencia pública de la corporación en una de las más señaladas celebraciones de la ciudad. Pero no es el único caso: Con frecuencia, Caballero preside actos donde las banderas no se colocan respetando lo establecido en las normas jurídicas que regulan el uso de la enseña nacional. O lo que es peor, demuestra nulo respeto institucional, cuando ni siquiera espera y recibe al presidente de la Xunta para inaugurar un edificio financiado a medias entre la ciudad y la comunidad (como hizo con el palacio de congresos) e incluso se omite el  nombre del titular de la autonomía en la placa conmemorativa. Toda una falta de descortesía y de respeto al orden institucional.

Todos los años, la salida bajo mazas de la corporación municipal de Vigo es acto insólito, pobre y desangelado. Se convierte en un remedo de lo que debería ser un acto solemne y simbólico. Cada año es peor. ¿Qué significado tiene que la corporación municipal salga bajo mazas?

Fueron los romanos quienes establecieron el ritual simbólico que se respeta de manera general en las ciudades de España. Cuando los ediles municipales salían del Consistorio o foro local, vestían las togas pretextas e iban escoltados por la milicia urbana y precedidos por las faces o las hachas con las varas de la justicia, las haces de lítores y otros símbolos de la ciudad.

Hoy en día, esos símbolos del poder municipal son las mazas y el pendón de la ciudad que deben preceder a la corporación. Las mazas se deben llevar sobre el hombro, escoltando al pendón municipal (que debe llevar el concejal más joven, acompañado por el secretario, como fedatario de los actos de la urbe), y detrás, el edil máximo, el alcalde y el resto de los corporativos, con una escolta de la guardia urbana de gala. En algunas ciudades forma parte de la comitiva el pregonero, el tambor de aviso y una pareja de alguaciles, vestidos a la española; es decir, de negro (como los que vemos en las corridas de toros) con espada y vara.

Cierto que desde 1986, el secretario (garante de la legalidad de los actos jurídicos municipales), ya no forma parte de la corporación, pero a mi entender se impone el peso de la tradición y yo creo que debe seguir asistiendo a estos actos. Cuando la municipalidad sale a la calle bajo mazas significa que el Ayuntamiento está constituido como tal en todo su recorrido y al ir escoltado por los símbolos del poder local, sus actos jurídicos tienen el mismo valor que si estuvieran reunidos en el Consistorio.

Lo de Vigo es un quiero y no puedo: los maceros escoltan al alcalde que coloca a su lado a quien le place, sea un conselleiro o un ex alcalde; los maceros tercian la maza, en lugar de portarla sobre el hombro y la corporación les sigue en alegre desorden. El pendón se coloca donde cuadra, y en lugar de desplegarlo, parece un viejo trapo envuelto en un palo. Todo el significado del acto se pierde. En tiempos de Soto se llegó a suprimir la presencia de maceros, pero al advertir la metedura de pata hubo que pedir prestadas las vestiduras a la Diputación, de suerte que la corporación municipal de Vigo comparecía escoltada… por las armas de la provincia de Pontevedra, no las propias. Abel Caballero ha perfeccionado el desastre.

En el caso que comentamos, ni el conselleiro Rueda ni el ex alcalde Pérez Mariño, ¿qué sentido tiene ubicarlos junto al alcalde, entre los maceros…? ¿Da igual todo?

Todo el sentido simbólico del acto se pierde. Y del resto de la corporación es mejor ni hablar. Yo añoro aquellos tiempos en que los concejales vestían chaqué y las ediles mantilla. Eran sus togas pretextas de antaño. Ahora, la corporación tiene la pinta de que salieron a tomar unas tazas en alegre camaradería.

El extraño protocolo del alcalde de Vigo Abel Caballero
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