Experiencias que cambian vidas: la mezcla de inteligencia, trabajo y bondad

El doctor Patarroyo.
El doctor Patarroyo.

Entre mis tesoros está un libro, una dedicatoria y una cena con Patarroyo, Pilar del Rio, Saramago, Agustín Ibarrola, Eduardo Riestra... hasta nueve personas, partícipes en la historia que sigue.

Experiencias que cambian vidas: la mezcla de inteligencia, trabajo y bondad

Entre mis tesoros está un libro, una dedicatoria y una cena con Patarroyo, Pilar del Rio, Saramago, Agustín Ibarrola, Eduardo Riestra... hasta nueve personas, partícipes en la historia que sigue.

 

Cuando en el año 2004 el presidente de la Asociación Amigos de la Casa de las Ciencias, Enrique Montero, decidió que fuera yo la representante de la Asociación en el Jurado de los premios Prisma de divulgación científica, le dije que me sobraba pasión por la Ciencia pero me faltaban conocimientos. Su respuesta fue que justo de eso se trataba, de premios que acercaran la Ciencia a la gente normal.

De ahí salieron unos meses intensos en que me levantaba, comía y dormía leyendo todo lo que me recibia de la AACC; especialmente ilustrativos fueron los manuscritos que optaban al premio de textos inéditos y de ellos recuerdo tres, uno sobre el descubrimiento del cornezuelo del centeno y la peste, al mismo tiempo que empezaron a aparecer por toda la casa manchas negras en los sitios más inverosibles: platos, muebles, ropa, sábanas… no podía creer lo que estaba pasando ¿estábamos de nuevo en tiempos de brujas…? El misterio duró varios días, hasta que descubrí que una tanda de fotocopias de artículos  que optaban a uno de los premios, tintaba mis dedos; el que simultaneara el pelar patatas u otras labores en casa, para ir leyendo alguno de los artículos,  hacia el resto.! Uf ¡misterio resuelto, pero quedaba al descubierto otro todavía no resuelto, sobre un personaje que la prensa decía era el “descubridor” de la primera vacuna sintética “que no había funcionado” o eso querían vendernos.

Las más de 500 páginas del manuscrito de J. J. Garcia Miravete, un periodista madrileño,  sobre la vida de Patarroyo, eran un cúmulo de fechas, nombres y datos que relataban una historia que demostraba como la realidad supera a la ficción: un científico colombiano en el año 1987 donaba a la OMS la  SPF66, la primera vacuna sintética, contra la malaria, una enfermedad que afecta a 200 millones de personas y provoca 2 millones de muertes, sobre todo en países tercermundistas, pero tenia que venderse a precio de costo (menos de 1 euro) y producirse en Colombia

En el manuscrito se relataba con nombres, fechas y testigos, como se le había intentado comprar al investigador, para poner en el mercado dicha vacuna, incluso con preciosas mujeres a la que el investigador parecía ser vulnerable.

La OMS cuyos intereses quedaron muy a la vista con ocasión de la gripe A,  torpedeó varios años dicha vacuna. En el ensayo en La Tola (Colombia) -diseñado por Pedro Alonso en su periodo de trabajo con Patarroyo y que se publicó (The Lancet, 20 de marzo de 1993)-, la primera Spf66 aportó un 77% de eficacia en menores de cuatro años, un 67% en mujeres de 45 años, y una protección global entre todos los inmunizados del 38,8%, sin provocar efectos colaterales. Solo con esa vacuna cada año se habría salvado mas de un millón de vidas. ¿Qué oscuros intereses dominan nuestra salud?

El libro que salió publicado por Ed. del Viento en el 2005 “Patarroyo, pasión por la vida” es una versión reducida del manuscrito y su prólogo está escrito por Bruce Merrifield, premio Nobel de química del 84  quien reconoce que hay mucha gente inteligente, mucha gente trabajadora, mucha gente buena pero muy poca gente que reúna estas tres cualidades.  Patarroyo, como queda al descubierto en el libro, no es perfecto, pero es un hombre con unas cualidades científicas excepcionales, una formación intensa a lo largo de toda su vida y sobre todo un hombre bueno.  

Contra viento y marea, con equipos de investigación entregados a su labor y muchas veces sin cobrar, la vacuna siguió progresando y la actual Colfavax se aproxima al ideal 99%

En el año 1956 un equipo norteamericano en el Hospital Gorgas de Panamá encontró que el “aotus”  era la única especie susceptible al desarrollo de la malaria humana, quizás porque vive a 30 m. de altura sobre el suelo amazónico y nunca entra en contacto con mosquitos anofeles hembra, trasmisores de la malaria. Los protocolos dicen que antes de los humanos hay que probarla en animales, pero no podrá hacerse porque después de 7 denuncias archivadas, la octava ha conseguido que no se le deje utilizar monos aotus, los que se estaban utilizando, luego se curaban y eran devueltos a su hábitat. La pretendida creación de una granja de dichos monos, supone un mazazo a la investigación teniendo en cuenta la dificil reproducción en cautividad, y que su sistema inmunitario no estaría completo.

En los últimos años el trabajo del doctor Patarroyo ha consistido más en apartar piedras del camino que en investigar. Hoy he recibido en mi correo dos cartas, una del rector de la Universidad Pública de Navarra (1995/03), Antonio Pérez Prados, y otra del autor del libro, J. J. García Miravete, dirigidas al presidente del Consejo de Estado de Colombia, Alfonso Vargas Rincón, pidiéndole que reconsidere una medida que atenta contra el derecho a la salud y bienestar de toda la Humanidad.

Y nosotros. El futuro depende de nuestras elecciones. Podemos mirar a otro lado dejando solos a personas que han entregado su vida por los demás, como demostró Patarroyo rechazando un talón en blanco por su vacuna; esperar a que una multinacional encuentre  por fin una vacuna que nos venderán a precio de oro; o hacer algo como Miravete, Prados o Merrifield para que la labor de gente como el Dr. Patarroyo frutifique.

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