¿Cómo evitar que el dolor crónico alcance al 14% de la población española?

El dolor crónico un mal cada vez más común
El dolor crónico, un mal cada vez más común.

Especialistas recuerdan que si bien el volumen de personas que sufren dolor es menor, los costes sociales son altos y el impacto socioeconómico es mayor que el de otras enfermedades.

¿Cómo evitar que el dolor crónico alcance al 14% de la población española?

Especialistas recuerdan que si bien el volumen de personas que sufren dolor es menor, los costes sociales son altos y el impacto socioeconómico es mayor que el de otras enfermedades.

Aunque el volumen de personas que sufren dolor crónico sea menor del 15% que esta tasa comparada con la media en Europa que alcaza cifras del 20%, los costes sociales siguen siendo altos y el impacto socioeconómico es mayor que el de otras enfermedades. Y es que, las personas con dolor crónico tienen una afectación multidimensional de la calidad de vida, que supera a otras enfermedades médicas crónicas al provocar limitaciones físicas y psicosociales.

Estas son las preguntas más frecuentes con las que nos encontramos los profesionales sanitarios:

¿El dolor es una enfermedad o un síntoma?

El dolor, aunque en teoría es un síntoma y no una enfermedad en el sentido literal de la palabra, tiene connotaciones que hacen que en ocasiones se exprese como una enfermedad.

El dolor agudo representa un aviso o un síntoma sobre la existencia de una lesión que es necesario diagnosticar y tratar. Se puede considerar como un dolor útil, ya que avisa de la existencia de un proceso y orienta el diagnóstico por su localización, extensión, naturaleza, duración e intensidad. Por tanto, tiene una finalidad protectora, es un sistema de alerta.

El dolor crónico se equipara al dolor enfermedad. En el dolor crónico existen componentes psicoafectivos que facilitan la fijación del dolor, lo que a su vez producirá en el enfermo y su ambiente un importante estrés físico, emocional, social y económico.

¿Qué relación tienen el dolor y la inflamación?

Cuando se produce la lesión de un tejido, en nuestro organismo se inicia el proceso inflamatorio que origina la liberación de determinadas sustancias (fundamentalmente histamina, bradicinina, prostaglandinas y leucotrienos) contenidas en las terminaciones dolorosas de la piel. Ello provoca la llegada de leucocitos (células de defensa) y produce la dilatación de los vasos sanguíneos y el aumento de la permeabilidad de los capilares (hinchazón o edema).

Esas sustancias químicas liberadas por las células alrededor de la lesión tienen una acción sobre el dolor y una actividad inflamatoria (vasodilatación y edema).

Los fármacos antiinflamatorios, al inhibir la síntesis periférica de prostaglandinas, controlan el dolor y disminuyen la vasodilatación y la inflamación. La potencia analgésica de los antiinflamatorios será mayor cuanto más rápido actúen sobre ese mecanismo.

¿Todas las clases de dolor se pueden curar?

Para tratar un dolor es fundamental conocer su origen, ya que la eficacia de los fármacos contra el dolor depende del mecanismo de actuación de los mismos.

Actualmente poseemos un gran arsenal de fármacos que utilizados según la escalera analgésica de la OMS (de menor a mayor potencia) permiten controlar un porcentaje muy alto de los dolores que sufren las personas.

Por otro lado, existen muchas alternativas no medicamentosas para el tratamiento del dolor (bloqueos nerviosos, estimulación eléctrica, cirugía antiálgica, acupuntura, etc.).

Sin embargo, desgraciadamente todavía existe algún tipo de dolor resistente o de difícil manejo, como el dolor neuropático (de origen nervioso) o el de determinados cánceres.

¿Los antitérmicos pueden usarse para el dolor?

Los antitérmicos, como su nombre indica, sirven para controlar y regular la temperatura elevada de una persona.

Todos conocemos las propiedades de determinados fármacos que poseen la propiedad de ser antitérmicos y a la vez analgésicos (por ejemplo, el paracetamol), es decir, que se pueden emplear para ambos fines. Esto podría ser útil en enfermedades agudas que cursan con elevación de la temperatura corporal y dolor asociado (por ejemplo, la gripe).

Por tanto, un medicamento que sólo sea antitérmico no estaría indicado para manejar el dolor.

¿Cuándo se considera que un dolor agudo pasa a ser crónico?

Según el tiempo de duración, el dolor puede ser agudo o crónico.

El dolor agudo es el que tiene una duración limitada de unas horas a unos pocos días (dolor de cabeza, dolor dental), que suele ser muy intenso pero de poca duración en el tiempo.

Cuando alguien se hace daño, su cuerpo y su mente reaccionan protegiendo la parte débil del cuerpo, y se siente dolor si se intenta utilizarla. El dolor impide usar la parte lesionada del cuerpo para que se pueda curar.Si el dolor continúa mucho tiempo después de curarse la lesión, se padece un “dolor crónico”. La mente y el cuerpo siguen protegiendo la lesión, pero la parte débil del cuerpo no mejorará si no se utiliza; por el contrario, sólo se debilitará más.

Cuando el dolor se prolonga en el tiempo por lo menos tres meses, se dice que se ha cronificado. Para otros expertos ya es crónico cuando pasa de tres semanas.

¿Cuándo debe usarse un antiinflamatorio y cuándo un analgésico?

El término antiinflamatorio refleja capacidad para controlar la inflamación, bien sea aguda (traumatismo) o crónica (artritis reumatoide, por ejemplo).

Los analgésicos son fármacos que poseen propiedades exclusivas para combatir el dolor.

Es decir, sólo cuando el dolor es debido a una causa inflamatoria deberíamos usar antiinflamatorios. No debemos olvidar que hay otras múltiples causas de dolor sin inflamación. En estos casos se debería usar el analgésico más adecuado en función del tipo de dolor que lo origina.

¿Cómo evitar que el dolor crónico alcance al 14% de la población española?
Comentarios