España legisla para dejar de liderar el maltrato y abandono de mascotas

Un perro en la calle. Wikimedia Commons.
Un perro en la calle. / Wikimedia Commons.

El Congreso apuesta por otorgar “derechos” a los animales de compañía y a reconocerlos como seres vivientes, para dejar de ser el país con mayor número de abandonos de mascotas en Europa.

 

España legisla para dejar de liderar el maltrato y abandono de mascotas

Somos un país de leyes, normas, desarrollos de normas, jurisprudencia, toda clase de garantías legales y transposiciones del derecho comunitario, eso nadie lo discute. Pero como en otros muchos frentes, muy insensibles a determinadas materias. Una de ellas es el maltrato animal. Maltratar a una mascota, en no pocas ocasiones, no tiene contestación social, ni penal ni pecuniaria. Y da cuenta del tipo de sociedad inmadura, inhumana e inculta que nos aleja de los países más avanzados. Un país que no respeta la naturaleza ni a los animales no puede ser ejemplar en ningún sentido. Mientras polemizamos desde hace años por los toros y las corridas, o sobre el fin de la violencia en general, el maltrato de las mascotas en España pasa de puntillas.

Escasos partidos hasta hace poco han demostrado históricamente sensibilidad por los derechos de los animales de compañía. De la misma forma que maltratamos el medioambiente y nuestra cultura ecológica está por debajo de nuestro nivel de industrialización, en el caso del maltrato animal parece que salimos peor parados. A ello contribuye la falta de valores hacia los animales de compañía como seres vivientes.

Para acabar con todo ello se acaba de aprobar recientemente en el Congreso una proposición de ley de modificación del código civil y Ley Enjuiciamiento Civil sobre el régimen jurídico de los animales para que dejen de ser considerados bienes (cosas) y pasen a ser “seres sintientes”.  Nos ha costado llegar a estas alturas del siglo XXI pese a las innumerables demandas por parte de colectivos y asociaciones protectoras desde hace años. Esta iniciativa se suma a la anterior reforma del código penal en el 2015 en materia de protección animal, con escaso escarmiento para los infractores. 

La nueva tramitación pretende paliar que España detente hoy por hoy el ranking europeo del mayor número de abandonos de mascotas al año. Si antes de la pandemia se calcula aproximadamente 300.000 animales de compañía terminaron en medio de la cuneta, con el confinamiento durante la pandemia algunas fuentes cifran que dicha tasa habría aumentado el 25%. Pese a que el trámite parlamentario siga su curso y contemple que las mascotas no sean “embargables”, o se les proteja del maltrato y del abandono, hace falta más que un marco legal enmendado para que los españoles asumamos que los animales de compañía sienten y deberían gozar también de nuestra protección más elemental como ser vivo ante los innumerables delitos registrados.
 

Mientras polemizamos desde hace años por los toros y las corridas, o sobre el fin de la violencia en general, el maltrato de las mascotas en España pasa de puntillas.

 

MALTRATAR SALE BARATO

Este desgraciado liderazgo europeo en maltrato, nos sitúa además en un país carente de valores al menos hacia el trato con las mascotas. Al problema del excesivo número de abandonos se le añade los sacrificios de miles de animales en las perreras municipales, ya de por sí colapsadas. Junto a la excusa de la crisis económica, se dan casos de numerosos abandonos por separaciones matrimoniales, cambios de domicilio o por tener un hijo, tal y como denuncian fuentes animalistas.

Aunque la nueva ley en trámite además nos acerca a Europa y actualiza la consideración de los animales (tal y como exige el artículo 13 del Tratado de la Unión Europea), nos urge respetar el bienestar de los animales como “seres sensibles”. Según fuentes de asociaciones protectoras, “somos unos irresponsables y abandonar y maltratar sale muy barato en nuestro país. Si el castigo fuese elevado, la gente tendría mucho más cuidado y se decantaría por la adopción o adquiriría animales de una forma más concienciada”.

Pero señores lectores, la falta de valores no solo hace referencia al abandono físico de animales, sino también a otros muchos aspectos, en especial el adiestramiento que no parece contemplar la reforma legislativa. Paren a pensar cuando pasean por determinadas calles de nuestra vecindad y los cánticos ensordecedores de las jaurías al otro lado de las vallas en los jardines de casa. Pensemos también cuando las mascotas salen de paseo con sus dueños sin ninguna clase de respeto hacia sus propios amos, otros animales y viandantes próximos. O cuando esas mascotas son empleadas como vigilantes jurados de seguridad para proteger viviendas vacías con un cubo de pienso y agua mientras pasan largas temporadas en solitario.

Pretender pues como en muchos países europeos que la mascota pueda hacer compañía al trabajador en su puesto laboral mientras cumple con sus tareas diarias, es casi utópico. Un problema añadido al maltrato son los refugios de animales que en muchos casos se encuentran por encima de sus capacidades de acogida y máxima saturación, o incluso la trata ilegal de animales (vía internet) según denuncia la fundación para la defensa de animales (FAADA) al ser llevados a otros países para su venta como animales de raza.

Los refugios de animales, al borde del colapso, se enfrentan además a la escasa sensibilidad de las autoridades locales por asignar partidas que ayuden al mantenimiento de los mismos en condiciones aceptables. Como narra una defensora de animales ASGAT: “es más fácil que aprueben y aumenten partidas para las fiestas mayores que a entidades y protectoras que trabajan por mantener con vida a muchas de esas mascotas maltratadas y recogidas de la vía pública”


MÁS MASCOTAS QUE HIJOS

España sufre una especie de trastorno emocional. Mientras nos extinguimos por falta de descendencia a causa de las crisis económicas y la nefasta política de incentivos a la familia, acogemos ya a más mascotas que hijos en el hogar. 

Se calcula que en España existen actualmente unos casi 30 millones de animales de compañía en nuestros hogares, habiendo aumentado un 40% solo durante la última década. Esto no quita para que cada cinco minutos abandonemos una mascota en plena calle.

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Con el nuevo trámite parlamentario, España  tiene que demostrar que da un paso más en la protección real de los animales, defendiendo su bienestar y otorgando la consideración de “seres sensibles”. Haría falta también que esa “sensibilidad” la pusieran en práctica criadores, propietarios y la sociedad en general a la hora de asumir la responsabilidad de criar una mascota, el amigo más fiel del hombre. Algún día tendríamos que referirnos a otro asunto que afecta a estos seres sensibles, como es: los experimentos de animales, la sobre-explotación de aves de corral y ganado, el hacinamiento en el transporte por carretera, el estado de los zoos, la caza furtiva y, para los defensores de la igualdad, la zoofilia. @mundiario 

 

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