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MUNDIARIO

Qué es la ideología de género y por qué es tan necesario combatirla

La libertad personal no se refleja acudiendo a votar en las urnas. Las libertad personal se ejerce con una libertad de expresión sin límites que no tiene que ser censurada. 

Qué es la ideología de género y por qué es tan necesario combatirla
Meme.
Meme.

La democracia, como el ajedrez, tiene unas reglas. Se rige por una serie de normas que tenemos que aceptar para poder decir que nos encontramos ante un régimen democrático o ante una partida de ajedrez. Si un niño en lugar de mover la torre en vertical u horizontal y el alfil en diagonal decide mover las fichas como le viene en gana no estará jugando al ajedrez, por muy joven que sea. Del mismo modo, desde el momento de su creación, ciertos pensadores de prestigio establecieron los requisitos que un sistema político debe cumplir para ser considerado democrático. Una democracia real no puede apoyarse en ser joven o vieja para dejar de cumplir sus requisitos.

La primera Ley de Género se aprobó en España con presiones ejercidas por el Gobierno al Tribunal Constitucional,  atentando así contra el primer requisito democrático: la separación de poderes. No podía hacerse de otra manera, puesto a que aquella Ley era inconstitucional en sí al atentar contra el segundo requisito democrático: la igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley. Esta Ley que diferencia por sexos las penas de ciertos delitos, acabó con la presunción de inocencia e implantó y legitimó en nuestro país un movimiento totalitario.

Los motivos que llevaron al partido socialista a incluir este movimiento en su agenda fueron por un lado económicos (vine financiado con miles de millones de euros) y por otro lado partidistas: apropiarse tanto del voto femenino como del LGTBI. Para ello aprovecharon el auge de ciertas fundaciones y de activistas y vendieron a la sociedad ciertas mentiras que en un análisis un poco exhaustivo se caen por su propio peso. La forma más fácil de hacerlo, copiando la lucha de clases del marxismo, fue tratar de iniciar una lucha de sexos.

El enfrentamiento entre clases, razas, sexos, etc. es un mecanismo totalitario de ingeniería social. Franz Stangl exterminó entre doce y quince mil personas diarias en Treblinka y cuando fue capturado en Brasil y llevado a juicio su conciencia estaba tranquila. Por un lado porque alegó haber estado cumpliendo en todo momento con su deber, y por otro lado porque el nazismo acabó con un “yo” individualista para crear un “nosotros” y un “ellos”, o mejor, un “eso” que era el judío demonizado. Dicho en otras palabras, el comandante Stangl asumió un rol social políticamente correcto para la época y por eso no sintió ninguna culpa. Thomas Mann y Franz Kafka, humanistas de relevancia internacional y reconocidos como dos de los mejores novelistas de la historia, tampoco condenaron el antisemitismo de la época en el periodo de entreguerras porque el mayor acierto del nazismo - que hay que entender en su contexto - fue polarizar a la sociedad y crear una identidad de lo bueno. Una idea de comunión social y de pueblo.

En el momento en que un movimiento social totalitario consigue que los ciudadanos de una determinada nación - o sociedad de naciones-  lo vinculen al bien y a lo políticamente correcto y al mismo tiempo sea capaz de etiquetar al diferente, ese movimiento habrá ganado la batalla. La propaganda política de Joseph Goebbles es lo que me viene a la mente cuando en institutos públicos y otros centros educativos leo pancartas que rezan “Patriarcado asesino” o “El violador eres tú” y darme cuenta de que aceptamos esa patraña porque viene financiada por el mismo gobierno que nos paga la nómina. Es una vergüenza que la educación pública en nuestro país esté politizada porque, al menos en los centros públicos, debería de regir una escrupulosa neutralidad ideológica. 

Para enzarzar al sexo femenino contra el masculino se insiste sobre todo en dos cosas. Una es que el hombre sigue cobrando más que la mujer (algo ilegal desde los años ochenta y tan minoritario en España que llega a ser irrelevante. No hay un empresario en su sano que quiera que le cierren la empresa) y el otro el hecho de que siguen muriendo más mujeres que hombres. Sin embargo está sobradamente demostrado que los hombres en general estamos a favor del endurecimiento de las penas a violadores, maltratadores y asesinos. 

Por un lado el primer hecho es una realidad parcial que trató de combatirse con paridas, si me permiten la paronomasia, como las normas de paridad. Debe ser por cuestión de mérito  que determinadas personas ostenten el puesto en el que están. Por eso, por ejemplo, hay más mujeres en el diseño, la judicatura y la docencia. Y por otro lado es un tanto manipulador porque no tiene en cuenta una estructura familiar tradicional que muchas parejas siguen eligiendo a día de hoy por propia voluntad. Si una familia decide libremente que va a ser el hombre el que vaya a ganar dinero y la mujer quien se ocupe de la familia es obvio que en las estadísticas siga cobrando de media más el hombre que la mujer,  pero ese dinero no lo disfruta únicamente el hombre sino la familia en general. Además de que el Estado no tiene por qué meterse en las familias y es la mujer quien debe ser libre para elegir entre disfrutar una vida familiar, una laboral o compaginar ambas. Y sobre la igualdad de derechos entre sexos nadie se ha mostrado en contra. A la igualdad de género, que en su definición semántica no implica otra cosa que eliminar uno de los dos (el masculino, se supone) sí hay que oponerse.

El gobierno actual además de controlar la educación ahora también ha decidido meterse en nuestras camas. Después de las estupideces del lenguaje inclusivo y querer hacer ver que es machista hasta la gramática nos vino el eslogan del “no es no” como si el “no” en ocasiones no fuese un “quizás”, como si el “quizás” no quisiera decir a veces un “sí” encubierto o como si el “sí” de primeras no  imposibilitara el cortejo y la seducción y no fuese, a su vez, otra cosa que una falta de elegancia. Con la nueva ley mojigata hasta el piropo puede ser considerado un delito ¡vaya ataque al estilo y la cultura!.

Además de esto no solamente ha tratado de venderse que el hombre es machista sino que también lo es la violencia. Para la ideología de género el hombre y la mujer no son ya, por tanto, fruto de la naturaleza. El hombre y la mujer no se dividieron los roles como mejor creyeron que les convenía en un pasado, sino que fue el hombre, por su intrínseca maldad patriarcal, quien a lo largo de la historia ha maltratado a la mujer. Y además sigue haciéndolo. Esta guerra de sexos que por intereses político-económicos intentan atizar desde el poder está cada vez más patente en la educación, y otro de los síntomas para diagnosticar su clara naturaleza tiránica y arbitraria es que atenta también contra el tercer requisito democrático: la libertad de expresión. Lo más fácil es hacer como el comandante Stangl, no decir nada, seguir la corriente y hacer la vista gorda para no meterse en problemas. Porque como se te ocurra opinar o pensar lo que no está permitido, la que te espera...

Pero eso ni es un acto por la libertad ni puede considerarse democrático. La libertad personal no se refleja acudiendo a votar en las urnas. Las libertad personal se ejerce con una libertad de expresión sin límites que no tiene que ser censurada.

Lo cierto es que en democracia se han puesto al menos dos excepciones a esta libertad de expresión. Una es cuando se atenta contra el honor de las personas y sus creencias y otra cuando se niega el holocausto. De ambas quien suscribe esta columna se muestra también radicalmente en contra. Ya se llame Willy Toledo y sea un asco para la sociedad tener que aguantar sus diarreas o se llame David Irving y niegue que Hitler supiera del holocausto. Lo primero pasó como si nada pero lo segundo le costó una pena de tres años de cárcel a su autor. El motivo: sostener un dato histórico como que no se encontró ningún documento firmado por el Führer donde se ordenara la solución final y, a partir de ese hecho histórico, confabular en ciertos libros sobre el supuesto negociazo turístico que había sido la creación de campos de exterminio. 

Una cosa es estar a favor de la libertad de expresión, aunque esta vaya en contra de tus ideas, principios o de la documentación histórica y otra muy distinta es apoyar que un gobierno mezcle instrucción y educación con propaganda y adoctrinamiento. Porque una cosa es que podamos tolerar que se digan mentiras y otra es que encima de eso tengamos que sacar dinero de nuestros propios bolsillos para subvencionarlas. @mundiario