Los enemigos de la longevidad acechan nuestro esfuerzo para alcanzarla

La lucha contra el cambio climático sufre un retroceso con la manipulación de datos de emisiones contaminantes.
Tráfico y contaminación en París.

El Día de la Salud que acaba de celebrarse ha servido para que recibiésemos una avalancha informativa sobre nuestros mayores y preguntarnos si llegaremos a ser uno de ellos.

Los enemigos de la longevidad acechan nuestro esfuerzo para alcanzarla

El Día de la Salud que acaba de celebrarse ha servido para que recibiésemos una avalancha informativa sobre nuestros mayores y preguntarnos si llegaremos a ser uno de ellos.

Los periódicos llenaron sus páginas de información relativa a la longevidad para contarnos como están los estudios científicos sobre el tema, anécdotas, experimentos, entrevistas a expertos, y otros datos que llegaron a ocupar una docena de páginas en algunos casos. Así hemos leído como un español logró duplicar la vida de ratones, o como van los estudios de los puntos azules, aquellos donde la concentración de centenarios es muy superior a la media, unos cinco distribuidos por todo el mundo aunque destaca la celebérrima isla griega de Icaria que tiene una esperanza de vida nada menos que diez años superior a la europea o estadounidense. También leímos entrevistas a gente longeva entre la que destaca el récord español masculino con 110 años, que se alimenta básicamente de lácteos porque desayuna leche con sus magdalenas, se toma un yogut a media mañana y otro a media tarde, se llena de queso de postre, que es su sabor favorito, y cena leche caliente con algo. Total, que teniendo en cuenta que cualquier persona va disminuyendo su tolerancia a los lácteos con la edad, podemos afirmar que este esta hecho un niño.

La televisión por su parte, nos mostró imágenes entrañables de personas que luchan con muchos años, incluso más de cien, por establecer récords en ciclismo, natación, o atletismo, y lo consiguen, y algunos mientras tanto se hacen una carrera universitaria. La verdad es que fue un día para la sonrisa donde era esa gente la que nos daba la nota de optimismo y simpatía hacia la vida, porque no se trataba solo de vivir mucho, sino de estar activo, con ilusión y objetivos.

Los mas longevos, los nonagenarios o centenarios, no valen para hacer comparaciones porque nacieron en una época donde la esperanza de vida era de 42 años en España, la mortalidad infantil era aniquiladora, no había vacunas, ni antibióticos, y aún así sobrevivieron a las epidémias, a las guerras mundiales y a una alimentación deficitaria. Los ancianos que quedan son supervivientes casi indestructibles porque los débiles murieron todos en un proceso de selección natural, y por eso no nos valen de referencia para los que no hemos alcanzado esa edad. De hecho los centenarios récord, los de más de 110 años (mujeres en general), es gente que come de todo y lo disfruta mientras que la mayoría ya hemos ido haciendo restricciones desde jovenes porque nos sienta algo mal, o somos alérgicos, o intolerantes, o necesitamos dieta por algún problema.

Una vez visto esto he tratado de encontrar que había en común entre estas personas, algo que no fuese genético porque eso no se puede incorporar de momento, y en general encontré que eran felices comiendo lo que les gustaba, que no fumaban ni habían fumado, que limitaban el consumo de alcohol a un vaso de vino en las comidas, y que hacían o habían hecho hasta tiempos recientes, mucho ejercicio, básicamente caminar, ir a pie a los sitios (en el mencionado caso de Icaria, siempre en cuesta). Para la mente era vital leer, escribir, pintar, tocar música, o las relaciones sociales, es decir, ser creativo.

La receta parece fácil pero no lo es. Podemos controlar el tabaco, el alcohol, hacer ejercicio aeróbico  diariamente, y comer lo que nos gusta, pero ¿qué comemos y respiramos?

Ahí está la gran diferencia inalcanzable.¿cómo evitar la contaminación?. La atmosférica se combate viviendo en zonas donde no la hay, igual que la acústica, o la de las ondas que utilizan masivamente teléfonos, radios, o televisiones, es decir, no viviendo en las grandes ciudades, pero hay otra ,uy importante y es la contaminación de los alimentos. En Icaria toman mucho pescado pero siempre fresco, poca carne y mucho de cultivo, pero desconocen los edulcorantes, colorantes, o conservantes artificiales. Consumen alimentos frescos y ecológicos como fueron toda la vida.

Ahora sabemos de los estudios sobre el tabaco ocultos a la opinión pública que desconocía además que se añadían aditivos para incrementar la dependencia sin importar la salud, que el consumo de sal o azúcar es excesivo y dañino, pero que las empresas los combinan en el mismo alimento para que nos saciemos menos y comamos más, que es difícil encontrar una etiqueta sin colorantes, sin conservantes, alimentos sin pesticidas o pescados sin mercurio, carne sin hormonas o antibióticos, todo esto sin contar las atrocidades que se cometen con la alimentación de granjas y piscifactorías de algunos países.

Por qué no comemos sano?
La pregunta es saber por qué no comemos sano como nuestros antepasados. Ya sabemos que un huevo ecológico cuesta lo mismo que tres de los otros aunque deberíamos de pensar en el ahorro que habría de gastos médicos y medicinas. Yo prefiero que comamos todos a que comamos sano unos cuantos, pero hay una tolerancia excesiva con aquellos productos nocivos para la salud, los que se añaden innecesariamente a la comida, que debería ser prohibido, y fomentar o bajar las cargas fiscales a aquellos que mantienen a la gente sana. ¿Para qué sirve un colorante? ¿Somos niños que comemos con los ojos? ¿o las autoridades quieren bajar la vida media para hacerla compatible con el sistema de pensiones? Nosotros queremos ser longevos, sanos y felices, pero algo tiene que cambiar.

 

Los enemigos de la longevidad acechan nuestro esfuerzo para alcanzarla