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MUNDIARIO

Los endemoniados de la Romería del Corpiño tampoco se libran de los tópicos

Un reportaje de la Sexta sobre los exorcismos vuelve a explotar la imagen de la Galicia rural que gusta en Madrid: ritos ancestrales, religión e ignorancia.

Los endemoniados de la Romería del Corpiño tampoco se libran de los tópicos
Romería do Corpiño, en Lalín (Pontevedra).
Romería do Corpiño, en Lalín (Pontevedra).

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David F. Villar

David F. Villar

Redactor de Televisión de Galicia. Licenciado en Periodismo por la Universidad del País Vasco y en Ciencias Políticas por la Universidad de Santiago. Colabora en MUNDIARIO.

Uno de los mayores éxitos de “Ocho apellidos vascos” es que la película ha conseguido que la gente se ría de si misma, que piense en cómo somos y en cómo nos ven. El tópico construye esta historia cinematográfica pero, en muchas ocasiones, construye también la realidad. Y sobre eso también se debe reflexionar.

De subrayar esa tendencia ya se encargó Aurelio Arteta en su obra “Tantos tontos tópicos” en la que expone una serie de “verdades absolutas” y argumentos manidos utilizados a diario. Los lugares comunes y los mitos configuran incluso el imaginario social construido alrededor de procesos históricos. García de Cortázar ha destacado la visión de Castilla como “arcaica, inquisidora y absolutista” frente a la Cataluña “burguesa, amante de la libertad y republicana”. Una dualidad, cuando menos, reduccionista y matizable.

Nada ni nadie escapa a la simplificación. El viernes Santo –qué cosas tiene la programación de las televisiones- emitieron en la Sexta un reportaje sobre los exorcismos. El plato fuerte, cómo no, era Galicia. “Tierra de ritos, magia y espíritus”, decía. En Madrid gusta mucho esa imagen esotérica y ancestral de Galicia que, con frecuencia, lleva aparejada una idea de atraso e incultura. Los modernos urbanitas son simplificadores. Las imágenes de los endemoniados en la romería del Corpiño o de los mortos en vida de Santa Marta de Ribarteme son, para ellos, ciencia ficción, la “España inferior que ora y bosteza, vieja y tahúr, zaragatera y triste” que diría Antonio Machado. No comprenden el porqué de estos ritos (“¿no sabes lo que es el meigallo?” le pregunta un feirante a la reportera mientras se ríe) y los vinculan sólo con la religión, la ignorancia y la superstición.

La idea de la superstición es un reflejo más de la superioridad de la cultura urbana, que utiliza sus valores y sus puntos de vista para analizar otras realidades. Hay quien critica los ritos liberadores del rural gallego mientras ensalza la espiritualidad de la India.

La sociedad postmoderna forma individuos que observan con displicencia este tipo de romerías. Somos personas más frágiles, menos preparadas para la frustración, que escapamos del dolor. También más individualistas y ególatras.Tal vez por eso no entendamos lo que muchos psiquiatras han destacado. La romería es un residuo del pasado en el confluye la religión y el paganismo, la enfermedad y la fiesta, lo colectivo, la solidaridad… El Corpiño funciona como una terapia grupal de individuos que comparten ansiedades y angustias. Los enfermos mentales deben tratarse con especialistas pero… ¿Por qué menospreciar un método que alivia las preocupaciones de cientos de personas? “Apenas son las once de la mañana en el santuario del Corpiño. Aparece el primer autobús. El segundo. El tercero… Así hasta seis”, relata asombrada la locutora del reportaje de la Sexta. Sólo falta la idea del “carrexo” de ancianos analfabetos...

Todas las creencias de las culturas populares cumplen una función social y son los antropólogos y los psicólogos sociales los que deben descubrir cómo se articulan. Una pulmonía es idéntica en Lalín que en Japón. Una enfermedad psíquica, no se exterioriza de la misma forma.

En muchos lugares de la Galicia rural los malestares psíquicos se manifiestan con un lenguaje y unas expresiones singulares. Incluso con gestos. “Nervios”, “mal de ollo”, “meigallo”… remiten con frecuencia a preocupaciones y depresiones que deben ser entendidas en un contexto (la desgracia que podía suponer la muerte de un animal, la enfermedad de un familiar, el disgusto de un hijo que no se casa o los conflictos por la propiedad de la tierra). Antes, los médicos rurales recomendaban ir al Corpiño para curar los males de la mente y del espíritu. La catarsis colectiva de la romería parece que funciona en bastantes casos pero el moderno urbanita siempre mirará por encima del hombro estos rituales. Y él seguirá en su realidad, atiborrándose de pastillas para no dejar de ser feliz.