El caso de Bretón devuelve al primer plano la pregunta clave: ¿Existe el crimen perfecto?

José Bretón, declarado culpable.
José Bretón
¿Existe el crimen perfecto? Puede que sí, pero nunca lo sabremos, pues de conocerlo ya no lo sería. La perfección implica incluso que no exista sospecha, explica esta colaboradora de MUNDIARIO.
El caso de Bretón devuelve al primer plano la pregunta clave: ¿Existe el crimen perfecto?

¿Existe el crimen perfecto? Puede que sí, pero nunca lo sabremos, pues de conocerlo ya no lo sería. La perfección implica incluso que no exista sospecha.

Durante dos semanas he estado viendo y escuchando lo que sucedía con respecto a Ruth y José, los dos niños que fueron supuestamente asesinados por su padre, con motivo de dañar para siempre a su ex pareja. Sí, lo sé, no he utilizado el "presuntamente”, porque en este país, o en esta sociedad o en esta vida, algunos se permiten el lujo de hacer y deshacer a su antojo aunque se lleven vidas por delante, y no pasa nada, pero si tú cometes la osadía de decir lo que piensas, lo que sientes, lo que te parece… te puede caer un puro. Pues yo creo que pudo haberlo hecho, porque como apuntó Serafín Castro, el exjefe de la Unidad de Delitos Especializados y Violentos de la Policía Nacional, cuesta dar crédito al comportamiento de Bretón, un padre que habiendo desaparecido sus hijos, se mostraba frío y distante. Hasta sus propios amigos no entendían como ellos sentían más preocupación que el propio padre.

Según la Brigada Judicial no fue hasta avanzado el interrogatorio cuando Bretón habló de que estuvo en Las Quemadillas con los niños, ni tampoco que luego hizo una hoguera. Agentes que no dudaron de que aquello tuviera un origen criminal. A todas luces el comportamiento y la reacción ante la desaparición de los niños, cabe concluir que él puede ser el responsable. Todo se reduce a pensar lo que pudo pasar, porque la realidad es que no hay pruebas concluyentes, no se puede extraer el ADN de los huesos encontrados, huesos que en un principio se dijo que eran de animales y un año más tarde se reconoció que pertenecían a dos niños con edades similares a los desaparecidos. Y que bajo el testimonio del doctor Etxeberria no cabe ninguna duda de que son huesos de dos niños de seis y dos años.

José María Sánchez de Puerta, abogado de Bretón, centró, como se suponía, la defensa del acusado en los errores cometidos en dicha identificación de los huesos, poniendo en duda la custodia de los restos hecha por la policía. Y que ayer gracias al testimonio de la primera forense -que ha admitido que se equivocó en el primer análisis- ha contribuido a poner en duda la cadena de custodia de los huesos por un comentario que escuchó y que no recuerda bien quien lo hizo, por lo que ha dejado la puerta abierta a la defensa para continuar tirando por ahí.

Según Castro, “no hay un crimen perfecto, hay una investigación imperfecta”. Para quien de forma subjetiva no hay duda de que son los restos de los niños, pero claro la objetividad que se le exige a una prueba por lo visto, no existe.

Hemos escuchado infinidad de testimonios, profesionales, a la propia madre, amigos, el primo, personas cercanas que describen el comportamiento de Bretón, quien pudo terminar probablemente cometiendo un terrible crimen si valoramos que en aquel fuego había sin lugar a ninguna duda restos humanos.

Pero estamos en ese punto donde “carcaños” y “bretones” juegan con la justicia, no hay cuerpo, no hay delito… es así, según algunos profesionales, el hecho de que él fuera una persona no muy equilibrada en sus emociones, incluso siendo un maltratador para su pareja, y sumándolo al comportamiento descrito por la policía, nada puede ser concluyente…

Independientemente de las pruebas necesarias para demostrar en algún caso la inocencia de alguien, nos perdemos en el camino de olvidar a quienes sin razón ya no están.

El caso de Bretón devuelve al primer plano la pregunta clave: ¿Existe el crimen perfecto?
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