Cómo ejercer de padres durante las vacaciones de verano

'Corriendo por la playa, Valencia'; de Joaquin Sorolla.
'Corriendo por la playa, Valencia'; de Joaquin Sorolla.

Llega el verano y por tanto el momento de que los padres ejerzan a tiempo completo como tales pero algunos aún se preguntán cómo hacerlo.

Cómo ejercer de padres durante las vacaciones de verano

Parte I: Aquellos maravillosos años

Llega el verano. Es la época preferida de los niños, porque  por fin hace bueno, pueden salir más a la calle, estar más tiempo en el parque, jugar mucho más con sus amigos y pasar más tiempo con sus padres en las vacaciones.  Y siendo claros: porque ¡SE ACABA EL COLE!

O eso era antes. Las cosas han cambiado mucho desde que vivimos aquellos fantásticos veranos jugando horas en el parque o en la calle a puntos, o a futbol, salíamos con la bici sin rumbo fijo ni gps y volvíamos a casa sanos  y a salvo. Incluso cuando tirados en la playa nuestro padre construía castillos con muralla o cuando hacíamos la croqueta ladera abajo en casa de la abuela.

Se ha acabado el tiempo de verano, ahora solo queda “verano” (y con el cambio climático casi ni eso). Quizá irán a algún campamento una semana o dos, o a varios campamentos mejor. Otra semanilla o dos donde los abuelos, o todo el mes, porque allí están mejor. Siempre pensando en los niños, claro. Esos niños que ya no están en casa ociosos o haciendo el cuadernillo de vacaciones, ahora les apuntan a escuelas de verano donde alargan su jornada escolar estirando junio en julio, comiendo incluso en el colegio. Con suerte los recogen los abuelos que los llevarán al parque o a casa haciendo un gran esfuerzo. Los niños meterán en la cama a los abuelos y los padres descansarán de su trabajo procurando respirar algo de verano. Anhelando vacaciones. Libertad.

Y como todo llega, las vacaciones les encuentran agotados, sin fuerzas para controlar a unos niños que han dejado de ser suyos. Ahora son niños del cole, de los madrugadores, incluso de los abuelos o cuidadores, rara vez “suyos”. No saben cómo imponerse y lo más interesante, están de vacaciones y no quieren hacerlo. Y así pasan los días donde los niños van campando a sus anchas, ganando terreno a unos padres que se van conformando con el poco espacio libre que les dejan para respirar. Se engañan felices para posar en las fotos que enseñarán orgullosos a sus vecinos: “Fuimos de vacaciones a Londres, qué bien lo pasamos” se repiten para decirlo después a sus amigos. Y seguramente, sea de todas la menor de las mentiras.

Parte II: la verdad de las vacaciones

La verdad es que las mejores vacaciones que les pueden dar a sus hijos son en un ambiente tranquilo (independientemente de dónde vayan o lo que hagan), cuidando mucho el núcleo familiar. ¡Qué poco se lleva eso! ¿Dónde está ese pueblo? ¿Se puede ir en coche allí? Procurando establecer normas, mantener rutinas (rutinas de verano más laxas si se quiere) y reconociendo a esos pequeños seres que tanto nos quieren y nos necesitan. Esos niños que casi no conocen a sus padres y, tristemente, viceversa.

El tema de la conciliación familiar y laboral, que bien merece su propia página, no puede ser la excusa para no ejercer de padres. Salvo que se quiera ser amigos, entonces, en ese punto todo vale. La teoría del padre amigo es un paraguas fantástico para dormir relajado. Si usted es de esos padres modernos mejor deje de leer, el resto no le sonará ni de lejos.

Sin embargo, si usted, amigo, es de los que les gusta ser padre y ejercerlo (no sólo posar en las fotos) tenemos una receta infalible de verano para recuperar el tiempo robado con la dichosa conciliación:

-quiera a su hijo (a partir de ahora me referiré con este término a hijo, hija, hijos, hijas, y todas sus variaciones). Quiéralo mucho, de verdad, sin condiciones. No sólo cuando se porta bien, sobre todo quiéralo cuando más lo saque de sus casillas, porque así recordará estar tranquilo y no dejarse llevar por la ira.

- juegue con su hijo, todos los días. A ser posible por la mañana y por la tarde. ¡Están de vacaciones! No hay nada mejor que hacer. El libro o ipad pueden esperar, su hijo no. No lo va esperar siempre.

- tómese el tiempo necesario para escuchar a su hijo. Y no me refiero a que razone con él desde su lógica aplastante de adulto, sino a que le deje hablar (sin terminar sus frases, sin prisa por interpretarlo, sin interrumpirle, sin mirar el teléfono mientras espera), le escuche (no sólo oírle), le acompañe, entienda qué le interesa y por qué. Intente ilusionarse con lo que le cuenta y no olvide que no es su amigo, sino su padre o tendrá un problema grande en poco tiempo. Tiene que estar plenamente con él, en cuerpo y mente.

- organice rutinas y procure cumplirlas, eso dará tranquilidad a su hijo y evitará rabietas innecesarias o que ante la incertidumbre del niño por no saber qué viene a continuación, intente salirse con la suya.

- escuche música con él (ella o ellos), baile, cante, juegue. Invente historias. Cuéntele cuentos. Ponga magia en la vida de su hijo, en la suya (¡por fin!) y en los sueños de ambos. Usted será más feliz y a su hijo le hará un favor porque así no tendrá que intentar hacerle comprender cómo es su mundo, usted se habrá acercado un poquito más.

- dele alguna responsabilidad familiar. Hágalo sentir importante. Sea claro en las funciones, en las exigencias y en las consecuencias y verá cómo lo cumple con satisfacción y orgullo, buscando complacerle y haciéndose más autónomo por el camino.

- avise siempre antes de las consecuencias de las acciones tanto las positivas como las negativas. Cumpla las consecuencias que anuncia o se convertirá en un padre amenazante, al que no hay que respetar porque no cumple. No se olvide nunca jamás de premiar lo positivo, siempre será muchas más veces.

- ayude a su hijo a tener éxito en alguna cosa al menos una vez al día. Prémielo en justa medida a su esfuerzo y dificultad. Eso reforzará su confianza y la seguridad en sí mismo. Lo hará más feliz, autónomo e independiente. Son estrellas preparadas para brillar a pesar de todo.

Podríamos continuar la lista varias páginas, pero quizá el mejor consejo es que sea feliz, ría, viva la magia con su hijo  y disfrute. No vea el tiempo con su hijo como un condena, todo lo que hacen los niños es para llamar nuestra atención y buscar nuestro cariño. Si se lo da antes de que se desate posiblemente no llegará a hacerlo. Procure hacer los cambios paulatinamente, entrene a diario, sean vacaciones o no, sea más exigente consigo mismo que con su hijo en cumplirlo y establezca normas claras que tiene que mantener de forma constante. El buen tiempo, el sol, la playa, los viajes van a estar siempre. El tiempo para ejercer de padre es finito, único, no debe dejarlo escapar, como tampoco debe dejar escapar a su hijo o se perderá,  irremediablemente, sin un faro que lo guíe (o buscará faros en los amigos o en otras personas). Disfrute de su hijo, es como usted, único.

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