¿A dónde vas, clase media?

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Angel DeCuir Pinterest

“Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse. La cuestión es que ese matrimonio entre poder y política en manos del Estado-nación se ha terminado", Z. Bauman.

¿A dónde vas, clase media?

En un artículo entrevista a Z Bauman aparecido antes que falleciera en El País referido a la desigualdad, el filósofo opinaba: “Ha sido una catástrofe arrastrar la clase media al precariado. El conflicto ya no es entre clases, sino de cada uno con la sociedad” para agregar que “lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse. La cuestión es que ese matrimonio entre poder y política en manos del Estado-nación se ha terminado. El poder se ha globalizado pero las políticas son tan locales como antes. La política tiene las manos cortadas. La gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas. Es lo que está poniendo de manifiesto, por ejemplo, la crisis de la migración. El fenómeno es global, pero actuamos en términos parroquianos”.

Diremos que la democracia tal vez no está en peligro, pero sus contenidos han cambiado. Nos habíamos acostumbrado a la dialéctica izquierda derecha y que una de ellas, la izquierda fuera el motor del cambio; pero la sociedad sabe que ese mito ha terminado. El cambio ya no provendrá por la actuación desde el Estado. Los líderes son globales y provienen de la esfera privada o de la voluntad cooperativa con una gran carga trasversal. Con lo cual los partidos de izquierda son meras especulaciones para ocupar el poder y aprovecharse de sus ventajas. Ha muerto su espontaneidad o capacidad reformista. En lo que coincidimos con Z. Bauman es en la creciente resistencia a aceptar la globalización, muchas tareas son concebidas como locales pero poseen un sesgo de interdependencia que las sociedades no aceptan asumir. La crisis de la emigración siria que abrió en canal la Europa rica hasta Alemania mostro las resistencias para asumir cooperativamente este fenómeno.

Aparece nuevamente ante nosotros el péndulo entre libertad y seguridad. Ante ello Z. Bauman sostiene que “son dos valores tremendamente difíciles de conciliar. Si tienes más seguridad tienes que renunciar a cierta libertad, si quieres más libertad tienes que renunciar a seguridad. Ese dilema va a continuar para siempre. Hace 40 años creímos que había triunfado la libertad y estábamos en una orgía consumista. Todo parecía posible mediante el crédito: que quieres una casa, un coche… ya lo pagarás después.

"Ha sido un despertar muy amargo el de 2008, cuando se acabó el crédito fácil. La catástrofe que vino, el colapso social, fue para la clase media, que fue arrastrada rápidamente a lo que llamamos precariado."

La categoría de los que viven en una precariedad continuada: no saber si su empresa se va a fusionar o la va a comprar otra y se van a ir al paro, no saber si lo que ha costado tanto esfuerzo les pertenece... El conflicto, el antagonismo, ya no es entre clases, sino el de cada persona con la sociedad. No es solo una falta de seguridad, también es una falta de libertad”.

Nuestra reflexión nos lleva a pensar que al aumentar la seguridad debido al estallido social fundamentalista nos ha obligado a renunciar a vivir en una sociedad de iguales. Mientras aumenta el confort espiritual de sensación de sentirnos protegidos, cedemos nuestros derechos y garantías al Estado que vive dominado por aparatos burocráticos lentos e ineficientes, y se reduce la espontaneidad social. Estamos renunciando por el miedo que nos domina ante cada ataque fundamentalista, pero no hay solución, participamos de la inestabilidad de otras zonas del mundo que se transfieren al centro de la civilización; o si me permiten los ejes de globalización transfieren los conflictos a las zonas de larga tradición democrática.

El aumento de la precariedad, se ha instalado entre nosotros y nos domina hasta empujar a las propias élites a participar de esta fiesta inútil. Los consumidores han acentuado esta precariedad, hace unos días en una charla observé que la contradicción entre comprar en China o en nuestros países deslocaliza aún más nuestro trabajo, pero los participantes de la conversación recurrían a la clásica frase: “las empresas están bajando los salarios” sin aceptar que sus elecciones de compra crean esa bajada de precios y el traslado del consumo a otros países.

Pero a veces uno se pregunta si esta inseguridad ¿puede ser creativa? O… ¿nos instala en la desafección y la falta de estímulos? Una gran batalla de valores se aproxima. El paradigma creado por la socialdemocracia en Europa se tambalea entre precariedad y cambio, o ruptura del mundo laboral y de consumo tal como lo conocíamos hasta ahora. No me atrevo a señalar como se resolverá. @mundiario

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