El destino como sujeción del azar

Los estoicos pensaban que nuestro camino por la existencia ya venía trazado de antemano. / Microfilosofía
Los estoicos pensaban que nuestro camino por la existencia ya venía trazado de antemano. / Microfilosofía

El destino no es más que la vinculación de los acontecimientos, rescatados de la incomprensible casualidad, mediante imperiosas conexiones causales.

El destino como sujeción del azar

Los estoicos pensaban que nuestro camino por la existencia ya venía trazado de antemano. Hay que trabajar sin remedio, aunque para llegar al trabajo, en lugar de coger un atajo a veces se nos permita dar un rodeo. Y quizá luego, al final de la jornada, con un poco de suerte nos podamos tomar una caña en el bar, si es que antes no se nos ha caído el pelo. Pero no hagan mucho caso: es posible que en algún momento de estos Significados inéditos se nos hayan cruzado los cables.

atacable. (de atar + cable). Dícese de la persona que, para evitar desconexiones o cruzamientos indeseados, se dedica a amarrar los cables sueltos de las instalaciones eléctricas. En una medida mayor que cualquier otra profesión, los electricistas son atacables, razón de interés general por la cual deben ser defendidos.

atajo. (de atajo + tajo). Senda por la que se llega antes al trabajo. Sólo en los días laborables están habilitados los atajos. No hay atajos, tampoco, para trabajar desde casa o el teletrabajo.

atalantar. (de atalantar + Atalanta). Tranquilizar o calmar los ánimos de Atalanta, una heroína de la mitología griega reconocida por sus habilidades para la caza.

atañer. (de atañer + tañer). Concernir al hecho de tocar un instrumento musical de cuerda o percusión, en particular las campanas. Nada te atañe, a menos que seas campanero o toques el laúd.

atascar. (de atascar + tasca). En una población, obstruir una multitud el paso hacia la zona de las tascas. Para evitar que en la ciudad se produzcan atascos bastaría con cerrar todos los bares.

atavismo. (de atavismo + avis, ave). Fenómeno consistente en aparecer en los organismos de las aves rasgos característicos de sus antepasados. El atavismo muestra la vinculación evolutiva de las aves con los dinosaurios. Los científicos creyeron durante mucho tiempo que las aves provenían de reptiles no directamente emparentados con los dinosaurios. Pero poco a poco, tras numerosas investigaciones y hallazgos, se ha confirmado que las aves son los descendientes vivos de un grupo particular de saurios, los dromaerosaurios -uno de cuyos ejemplares más conocidos es el Velociraptor-, con los que compartirían, aparte del hecho decisivo de tener plumaje, la forma de las extremidades delanteras y de la cadera. Una forma distinta de ver los pájaros del cielo y las gallinas del corral.

atenazar. (de a + tenaza + azar). Sujetar fuertemente al azar con unas tenazas, para impedir que la casualidad amenace el curso escrito del destino. Es lo que, en el terreno intelectual, hicieron los estoicos al alumbrar una visión determinista del mundo donde nada azaroso podía suceder: todo cuanto ocurre está gobernado por una ley racional inmanente y necesaria. El destino no es más que la estricta sucesión de los acontecimientos ligados unos a otros mediante imperiosas conexiones causales. La flauta nunca suena por casualidad: el azar no existe. Todo lo que sucede está regido por la ley de causa-efecto, de manera que los sucesos anteriores producen los posteriores. Eso es todo. Y si nuestra mente fuera lo suficientemente potente como para captar la cadena completa de causas podría conocer la totalidad del pasado, explicar el presente y predecir el futuro. Los estoicos no creían, pues, en la casualidad, sino en la causalidad. El destino se nos aparece como un conjunto de leyes de las que no podemos escapar, pero cuyo conocimiento nos permite movernos mejor a través de ellas. En concreto, Epicteto piensa que hay dos tipos de cosas, las que dependen de nosotros y las que no. Si basamos nuestra vida en las cosas que dependen de nosotros nos resultará más fácil encontrar la felicidad y sentirnos más libres; si, por el contrario, lo fiamos todo a aquello que no depende de nosotros, estaremos comprando muchas papeletas para la futura desdicha y frustración.

aterciopelado. (de tercio + pelo). Dicho de un individuo: que ya se le ha caído un tercio de su pelo. Declarar que alguien tiene la cabeza aterciopelada significa reconocer que ya está afectado seriamente por la calvicie.

aterrar. (de aterrar + errar). Causar terror a alguien la posibilidad de que pudiera estar equivocado. Por eso el escéptico Pirrón argumentó que, dado que no podemos conocer nada, la actitud más conveniente es la epojé, es decir, la suspensión del juicio o de la afirmación. Por el contrario, nada puede aterrar a un dogmático.

aterrizar. (de aterrizar + rizo). Posarse en tierra, al desprenderse de la cabellera, un mechón de pelo que tiene forma ensortijada, de onda o de tirabuzón. Quienes tienen el pelo liso dificultan gravemente las tareas de aterrizaje.

atesorar. (de atesorar + orar). Reunir y guardar las oraciones especialmente valiosas para comunicarse con Dios. Quien tiene un rezo tiene un tesoro.

atiborrar. (de atiborrar + borrar). Llenar hasta los topes de archivos desechados la papelera de un ordenador. “Estoy atiborrado” es frase propia de la inteligencia artificial que antecede al vaciado automático de la papelera.

atisbar. (de atisbar + bar). Ver un bar en lontananza. Ignoramos si la zona está atascada.

atinar. (de atinar + Tina). Dar con Tina, entre la multitud agolpada.

atizar. (de atizar + tiza). Asestar un golpe con una tiza. Cuando los alumnos se atizan entre sí podría decirse que se están propinando pedradas educativas.

atolladero. (de atolladero + olla). Dificultad u obstáculo que encontramos para regresar a la cordura cuando se nos va la olla. O se nos cruzan los cables. @mundiario

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