Cuidar el planeta parece la única vía posible para evitar catástrofes naturales

El desastre del supertifón Haiyan, en la primera página del 'Inquirer' filipino.
El desastre del supertifón Haiyan, en la primera página del Inquirer filipino.

El tifón de Filipinas se suma a la larga lista de desastres naturales que deben ser revulsivos para adoptar medidas que se han ido aplazando aunque son cada vez más urgentes.

Cuidar el planeta parece la única vía posible para evitar catástrofes naturales

Cuidar el medio ambiente parece la única salida para hacer previsible lo imprevisible. A veces, la humanidad parece como en esa serie de ficción en la que están preocupados por el poder, sin saber que su mayor amenaza es sobrehumana, y que contra eso sí que no podrían sobrevivir. En la realidad, el poder sería económico, político, social. Pero si las peores predicciones se cumplen, no valdrían nada ante los desastres naturales, el deshielo, la desaparición de ciudades y la muerte de miles de personas ya sea en Filipinas o en Nueva Orleans. Así que la parte de la humanidad que puede evitarlo tiene razones más que suficientes para tomárselo en serio.

El cambio climático cada vez es menos discutido en la comunidad científica, y aún así, no existe una conciencia colectiva de la importancia de cuidar la naturaleza.

Efectos para despertar

Sabemos que el nivel del mar asciende anualmente; que la lluvia ácida aparece en algunos puntos del planeta de vez en cuando para terror de sus seres vivos; que se achacan hoy al clima extremo numerosas pérdidas, también económicas; que el deshielo es un hecho, aunque se discuta su alcance o si es efecto del cambio climático y del calentamiento global; y que, precisamente, el cambio climático, también con polémica sobre su existencia y extensión, puede ser la causa de numerosas catástrofes naturales.

Desacelerar el problema puede ser la única solución, pero exige una serie de cambios que, aunque podemos decir que se hallan en la agenda internacional desde la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano de 1972, no llegan a producir sus frutos. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, creado por las Naciones Unidas, da a conocer periódicamente datos realmente preocupantes sobre las consecuencias irreversibles de las acciones humanas para el planeta. Las “cumbres sobre el clima” se acaban convirtiendo en un catálogo de buenas intenciones y escasos resultados, y esta la tendencia que conviene invertir.

Medidas colectivas e individuales

Para invertir esta tendencia no se requieren sólo medidas que se adopten desde entes lejanos encargados de fijar los límites a los grandes productores de contaminación. Sino medidas individuales que  pueden, sin un gran esfuerzo, cambiar la tendencia actual de destrucción del mundo

Por un lado, se requiere exigir responsabilidades para el verdadero cumplimiento de los acuerdos internacionales de reducción de gases invernadero. Todos oimos hablar del Protocolo de Kyoto, pero algunos de los países con más peso en la esfera internacional y con mayor tasa de emisión se niegan a cumplirlo. También en la Unión Europea se han adoptado medidas que consideran la protección del medio ambiente una política comunitaria e inciden en la búsqueda del desarrollo sostenible.

Sin embargo, todo ello se vuelve insuficiente en un mundo que nos supera. Reformas como la generalización del uso de energías renovables, sin muchos incentivos todavía para su normalmente cara instalación o la utilización de transporte limpio como alternativa son hoy todavía una utopía.

Por otro lado, además, existen una serie de hábitos individuales que no exigen más trabajo que la costumbre. Por ejemplo, reciclar. Aprender a distinguir los plásticos de lo orgánico y del vidrio, si se facilita el acceso a contenedores, es un pequeño cambio que unido al gesto de muchos puede ayudar a frenar la ruina de la Tierra. Esto también se podría conseguir si se comparte el coche como con las iniciativas que empiezan a proliferar con internet, se utiliza el transporte público o se aprovecha para pasear cuando se tiene tiempo.

Y todo ello,  será imprescindible para que los nietos de nuestra generación puedan disfrutar de la naturaleza como muchos de nosotros lo hemos hecho. Aún semejan vigentes las palabras de Víctor Hugo: “Primero, fue necesario civilizar al hombre en su relación con el hombre. Ahora, es necesario civilizar al hombre en su relación con la naturaleza y los animales.”

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