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MUNDIARIO

Cuando la opinión contra la opinión mayoritaria te convierte en un traidor

Cien artistas e intelectuales francesas desatan la ira del feminismo exacerbado al oponerse al movimiento #MeToo con un manifiesto que denuncia el odio a los hombres y a la sexualidad.

Cuando la opinión contra la opinión mayoritaria te convierte en un traidor
Amor pesado. / Marilena Nardi
Amor pesado. / Marilena Nardi

Fernando Cueto

Publicitario y consultor.

Les ha faltado tiempo a los guardianes de la ortodoxia para encabezar el linchamiento mediático de Catherine Millet, escritora, crítica de arte y directora de la revista Art Press, impulsora del manifiesto de 100 mujeres francesas contra el movimiento #MeToo, y al resto de las firmantes, entre quienes destacan la cantante Ingrid Caven, la editora Joëlle Losfeld y la actriz Catherine Deneuve, con quien los críticos se han cebado con especial saña por su popularidad. La única razón es cuestionarse el hecho de que el hombre sea considerado de partida como un posible agresor y oponerse a lo que denominan puritanismo sexual imperante.

A los inquisidores les ha importado un bledo que hubiesen condenado -faltaría más- con vehemencia las agresiones sexuales. Sus declaraciones sobre que “La violación es un crimen. Pero la seducción insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista” han sido demasiado para un sector del feminismo exacerbado, amantes de quedarse en el titular antes que profundizar en el manifiesto, y ha hecho que abandonen las garitas de vigilancia moral para exigir la quema pública  de las osadas, enarbolando consignas que repiten machaconamente como un mantra. 

“El feminismo se ha convertido en un estalinismo con todo su arsenal: acusación, ostracismo, condena”, afirma la escritora Abnousse Shalmani.


Es incuestionable que la violencia machista es un problema muy serio que el año pasado causó 71 muertes en nuestro país entre las mujeres y se hace necesario medidas más eficaces contra los casos comprobados de abuso. También lo es que entre 2009 y 2016 las condenas por denuncias falsas fueron 79, frente a las 1.055.912 denuncias por violencia de género presentadas y que la Fiscalía señala que sólo el 0'01% de las denuncias por violencia machista son falsas. Lo realmente preocupante de esta última afirmación del Ministerio Público es que este argumento es perverso por dos razones. La primera es que cuando un hombre es acusado de violencia machista a lo máximo que puede aspirar, en caso de no demostrarse su culpabilidad, es a ser declarado No Culpable, nunca inocente. La segunda, como consecuencia directa de la primera, es que ningún hombre en estas condiciones puede emprender con posterioridad acciones contra la acusadora, lo que imposibilita el hecho de conseguir una posible condena por falsa denuncia.

Hoy la palabra de la mujer es suficiente evidencia para “condenar” a priori a cualquier hombre que no pueda probar su inocencia y esto supone una profunda injusticia que socava los derechos fundamentales del género masculino. Quizá por esta manifiesta desigualdad, el vilipendiado manifiesto recoge que las denuncias volcadas en las redes sociales se asemejan a “una campaña de delaciones y acusaciones públicas hacia individuos a los que no se deja la posibilidad de responder o de defenderse”.

Atraen con ello la repulsa pública del denunciado, su estigma permanente y casi con seguridad la ruina económica. La escritora Abnousse Shalmani ha sido rotunda al afirmar que “El feminismo se ha convertido en un estalinismo con todo su arsenal: acusación, ostracismo, condena”. Al tiempo, la periodista Élisabeth Lévy ha acusado de “infecto” el movimiento #MeToo por etiquetas como #balancetonporc (“denuncia a tu cerdo”).

La igualdad de derechos y la protección de la mujer ante las agresiones machistas deben llegar por medios razonables de educación, concienciación, prevención y firmeza. Pero nunca desde la perspectiva de legitimar una injusticia amparada bajo la ridícula definición de desigualdad positiva. Porque, admitámoslo, no hay nada de positivo en la desigualdad. Esta es la verdad. @mundiario