Cuando la muerte cierra su círculo vital: amigos huidos al más allá

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Escaleras hacia lo eterno. / RR SS.

Todo creador, artista, filósofo, escritor o poeta, ha de morir para cerrar el círculo creativo; es decir, mientras vives, pocos se preocupan de ti, sin embargo, luego, cuando la naturaleza cierra su círculo vital, que es el propio de la vida, resurges de nuevo, en la memoria de los demás: de los otros.

Cuando la muerte cierra su círculo vital: amigos huidos al más allá

Nacemos con una etiqueta de caducidad, lo que no sabemos es la fecha ni las circunstancias de cómo va a suceder. Recientemente he perdido a tres grandes amigos creadores, como muy José Antonio Suárez García, poeta y filósofo; Gaspar Peral Baeza dramaturgo y hernandiano, y Paco Alonso Ruiz, poeta; cuyas presencias resurgen en mí con dolor, y a la vez con orgullo de haber sido su amigo y haber compartido charlas, tertulias y horas de conversación, y reconociendo, ahora, que no hemos de morir para cerrar por completo la etapa de vida física y presente. Para que nuestro ente, o alma o espíritu, si queremos llamarlo así, pase a otro estado que no sabemos muy bien de qué tipo de vida inmaterial se compone. Porque la materia no muere sino que se transforma.

Ahora que tres amigos míos creadores se ha ido al más allá, se ha cerrado el círculo en una exasperante metamorfosis que no comprendo y me causa incertidumbre y pavor…, su memoria me acude con frecuencia, y es cuando me pongo a analizar en profundidad la obra creativa que dejaron en vida; y dejarme llevar por una sensaciones inexplicables, con nostalgia a la vez, hablo con ellos a través de sus libros; pero sin duda con otros puntos de vista de comunicación “extrafísica” o metafísica no del compromiso, no del ciudadano pedestre y "pasa-páginas" de sus dedos para leer, sino para comunicarnos desde los espirtual o, a lo mejor en un ejercicio de espiritismo, porque cuando leemos a un autor que se ha ido al más allá es como si habláramos con él. Es que somos así de tercos en el sentir y en el gritar a la desesperada “quiero regresarte” escribió Miguel Hernández en su famosa Elegía a Ramón Sijé. Soy, ahora, cada vez más un coleccionistas de momias, ahora que yo también me acerco inexorablemente a cerrar los 4 ciclo de la vida: nacer, vivir, morir y estado metafísico del espíritu.

Cuando un amigo se va nos queda un vació, un gran hueco sin fondo, como pasando por peligrosos puente hechas de lianas en unas selva amazónica, o un tiralíneas de no se cabe cuanta caída hay debajo, solo perturbado con el sonido del minuto río debajo de los mies que perdieron el equilibrio.

Tres recuerdos gratos

Recuerdo al poeta y filósofo José Antonio Suárez García, asturiano,  en las tertulias del Grupo Numen de poesía, siempre tan culto y tan bien preparado, falleció en 2013, dejó dos grandes obras poéticas: Mortal Eterno (1993) y del ensayo Filosofía del Anhelo, en ECU, 2008.

Estoy releyendo la obra de teatro “Un rincón donde dormir” de la Caja Provincial de Alicante, 1983, de Gaspar Peral Baza, cuyo ejemplar lo tengo dedicado. Ahora  el valor sentimental y emocional del libro, varía profundamente. Recuerdo hablar con Gaspar de esta obra de teatro que nunca llegó a representarse en teatro, y de otras que escribirá, pues fue fundador del  Teatro Cámara de Alicante en los años cincuenta.

Francisco Alonso Ruiz, nos dejó recientemente, poeta del grupo AUCA. De su poemario Soledad de Alma,  colección Lunara Poesía nº 15, Frutos del Tiempo 2001,  donde tiene escrito un poema que resume muy bien su perspectiva del ser y del morir en unos versos del poema:

LA NOCHE

Mi dolor es compañero en la lucha

de la noche contra sí mismo,

es un triste leopardo que me araña los ojos,

que derrama mi sangra viva como una fuente.

Hay otros animales dentro de mí

pero nada temo más que la oscuridad

de la noche,

como el animal más terrible y desconocido. @mundiario

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