Cuando el dinero lo compra todo menos los cariños que proceden de corazones

La sexualidad de las chicas estudiantes.

Era común, la compra de aprobados, enchufar a los hijos de papá en empresas con sueldos muy apetecibles y las fiestas. Todo era excesivamente fácil, el modus operandi: el dinero.

Marisa estudiaba la carrera de Física en la Universidad privada de Somosaguas, una zona residencial de lujo de Madrid. Sus padres tenían mucho dinero. Todos los estudiantes procedían de familias bien, de ésas que son multimillonarias.

Ella estaba en tercero. En su clase había la mitad de alumnos chicos y la mitad chicas. Cosa rara que hubiese el mismo número de hombres que de mujeres alumnos, pero como toda la carrera, era todo cálculo exacto. No había lugar para la imaginación, todo era completamente racional. Nada era infuso. Era una ciencia matemática exacta.

El profesor de estadística cuántica era un chico muy apuesto. Medía exactamente dos metros y, extraoficialmente, trabajaba también como modelo publicitario. Había hecho un  anuncio de un perfume muy caro y había salido en todas las revistas.

En la Universidad, por desgracia, era muy común, la compra de aprobados, enchufar a los hijos de papá en empresas con sueldos muy apetecibles y las fiestas de los muchachos en los chalets de alto standing. Todo era un lujo, todo era excesivamente fácil, el modus operandi: el dinero.

En una de las celebraciones, vino Marisa con sus compañeras y amigas de aula, Cecilia y Martina, invitaron también al buenorro del maestro que se llamaba David. En la mitad de la fiesta, éste entabló una conversación con nuestra protagonista y empezaron, bajo el efecto del alcohol y sustancias nocivas, a enrollarse en la piscina. Se habían quitado el bañador y practicaron el sexo mientras se besaban apasionadamente por todo sus cuerpos. Su amiga Martina lo vio y avisó con un gesto con la mano a Cecilia, la dijo susurrando en el oído:

-  ¡Corre, corre! Trae el móvil, lo grabaremos todo con la cámara.... ¡Tendremos el aprobado asegurado!

-  ¿Vas a chantajear a Marisa? -  la preguntó extrañada Cecilia -  ella es tu mejor amiga.

-  Nada, nada -  respondió Martina -  ella sabe perfectamente que David me gusta a mí. Si da problemas, subiremos el vídeo a You Tube.

Así lo hicieron. Lo firmaron todo con la cámara del dispositivo y se veía claramente como el profesor le penetraba a Marisa. Grabaron todo el acto sexual y los jadeos de placer.

Terminó la fiesta. Era sábado a las diez de la mañana. Los chóferes del anfitrión llevaron a todos a sus casas de lujo y a su mundo de celos, envidias, ambición y traiciones.

Marisa estudiaba muy duro y sacaba muy buenas notas, pero desde que empezó el curso, se dio cuenta que se había confundido de opción de estudios. Había cogido Ciencias, le gustaban mucho los números. Llevaba tres años con integrales, fórmulas, logaritmos y la dichosa calculadora científica. Todo era cuadrado. Sota, caballo y Rey. No había más que problemas y problemas de física. A ella también le gustaba mucho soñar e imaginar. El pensamiento creativo y no sólo el pensamiento racional. Quería hacer interpretación. Sus padres se negaban rotundamente.

El lunes por la mañana empezó la rutina de las clases, sonó la sirena de comienzo. David no había llegado, había pillado atasco y estaba en mitad de la carretera completamente parado. No llegaría para dar su clase al aula “C” donde impartían las asignaturas los de tercero. Marisa estaba hablando con Sofía, otra compañera, repentinamente, entró Martina y aceleró el paso hasta el pupitre donde estaban sentadas. Sin mediar palabra, le soltó una gran bofetada a Marisa en plena cara. Sofía, muy enfadada, la preguntó:

-  ¡Oye tía! ¿Eso a qué viene?

-  Ella sabe perfectamente lo que hizo en la fiesta de Antonio -  la respondió gritando muy alto fuera de sí -  Esta todo resumido en una palabra: Gilipollas.

Martina se fue dando un portazo mientras Marisa lloraba amargamente y Sofía llamó por su móvil a su padre. Él era juez y quiso denunciar la situación. Marisa también era una de sus mejores amigas.

-  Acelera los papeles, papá, acelera el curso de la sentencia judicial -  le rogó Sofía susurrando -  la ha partido la cara con un guantazo y está sangrando.

-  Vale, Sofía – la contestó su padre -  hablaré hoy mismo con el Supremo, mandaré a dos agentes de la policía y al Samur. Les pediré que den un parte de lesiones.

 Al poco tiempo de irse los facultativos médicos y la pasma, llegó David y corriendo fue a ver a Marisa. Al terminar la hora de clase e irse todos los alumnos, entraron al aula Martina y Cecilia con el vídeo en el móvil y amenazaron a David:

-  Si no quieres que subamos el vídeo a Internet y se lo digamos a los dueños de la universidad, accederás a nuestras “peculiares” peticiones y antojos.

-  ¿Qué queréis exactamente? -  las preguntó el maestro con un enfado de mil demonios.

-  Queremos un diez cada una de nosotras -  contestó la envidiosa de Martina -  y, además, yo quiero que dejes de ver a Marisa, o sino, atente a las consecuencias...

David se lo dijo inmediatamente a Marisa y la comentó con tono muy bajo para que nadie lo oyese:

-  No tendré otra que aceptar el chantaje de estas dos o nos echarán de la universidad.

Marisa se lo dijo llorando a su también amiga Sofía, pero sin que pidiera ayuda su progenitor, tenía miedo de que se lo contase a su padre. Entonces, en la cafetería del lugar de estudios, planearon un malicioso plan vengador contra las dos chantajistas.

La estrategia consistía en que el profesor David tenía que ligarse a Martina y en otra de las fiestas de los chalets con piscina y jardín, montar un dispositivo de cámaras. Quedaron para ello con el compañero José Francisco.

-  Martina, por favor, al terminar la clase pasa a mi aula de profesorado -  le pidió David.

Cuando terminó la asignatura que estaba recibiendo, Martina se quitó la chaqueta que cubría un trajecito muy sexy y entró a ver lo qué quería el profesor:

-  Vienes muy sexy y muy fresca hoy -  la comentó David -  ¡qué guapa y qué buena estás! Nunca me había fijado en el tipito que tienes...

Se acercó a ella, le bajó los tirantes de su vestimenta y empezó a morrearse con ella. La besó “aparentemente” apasionado por toda la delantera y la dijo susurrando:

-  Este viernes, José francisco me ha invitado a su casa a las nueve. ¿Vas a venir?

-  Sí. Nos ha invitado a media clase -  contestó muy acaramelada Martina.

-  Entonces, nos vemos ahí este viernes -  la sugirió David haciéndole unas “supuestas” cariñosas carantoñas.

José Francisco había preparado todo para la celebración de esa tarde y la velada, incluido las cámaras de vídeo para el contraataque de la burda faena que le habían hecho a su amiga Marisa. Llegó la hora y las limusinas se detenían frente a la puerta de su mansión. Chicas muy elegantes y sexys bajaban de los coches de lujo, subidas en diez tacones de aguja. Los varones invitados, sin embargo, iban en sus típicos vaqueros de marca de quinientos euros.

Ahí estaba, bajó del vehículo Martina muy sexy con un vestidito escotado muy corto. Entró en la vivienda y se sentó en una de las tumbonas de la piscina en el jardín. Inmediatamente vino David para hablar con ella y a engañarla para irse a la piscina cubierta. En dos horas estaban ya en las aguas azules, se habían quitado los dos las vestimentas. Empezaron hacer el amor y a besarse por todo el cuerpo. José Francisco, Marisa y Sofía empezaron a grabar el exótico y fraudulento encuentro sexual.

Terminó la celebración y el domingo llamó David a Martina para desayunar juntos en la cafetería más prestigiosa y cara de la urbanización. El maestro le enseñó los vídeos grabados en su portátil y la invitó a que eliminara cualquier rastro del sexo que había tenido con Marisa o subiría las grabaciones al espacio ciber náutico. Así lo hizo la celosa ex amiga de Marisa borrándolas de su móvil. Se acercaron y se sentaron en la mesa del restaurante Marisa y Sofía y pidieron al profesor que les explicase unos ejercicios de estadística muy difíciles. A ellas les gustaba destacar limpiamente y no querían el aprobado fácil, sino, valer y triunfar por sus propios logros y no por el dinero de papá. Martina se fue llorando cubriendo sus ojos y sus lágrimas con sus gafas Ray Ban...