La Covid-19 es maestra de mundos paralelos al real

Coronavirus. / Pixabay
Coronavirus. / Pixabay
Comportamientos y procesos que Daniel Defoe narró en 1722 parecen los de un testigo de los que estamos viviendo desde marzo de 2020.
La Covid-19 es maestra de mundos paralelos al real

La segunda oleada de la Covid-19 propicia que los malos aprendizajes de la primera aumenten los riesgos en una sociedad que, en buena medida, sigue teniendo un alto grado de desconcierto.  Gran parte de lo que está sucediendo ya lo narró Daniel Defoe en 1722, referido a la peste bubónica de Londres siete años antes. Suprimidos o modificados  elementos coyunturales de la narración, El Diario del año de la peste tiene muchos paralelismos con la que estamos sufriendo.

Incluso, lo que aconteció cuando aflojó la primera ola, que “el carácter precipitado” de las gentes, al difundirse que había aflojado el peligro, “adquirieron un valor tan temerario que se volvieron descuidados  de sí mismos y del peligro de contagio”… “Las audaces criaturas estaban tan poseídas de la primera alegría… que eran incapaces de sentir terrores nuevos…, y el tratar de convencerlas era como clamar en el desierto; abrían sus tiendas, callejeaban por todas partes, resolvían negocios, charlaban con quienquiera se cruzase en su camino…”

El dilema

Como ahora, en aquellos días del siglo XVII se rumoreó que aparecería una orden del Gobierno para poner vallas y barreras en los caminos a fin de impedir que la gente viajase; y que los pueblos de los caminos no tolerarían el paso de los londinenses por miedo a que llevasen consigo la epidemia.

Entonces, muchos comenzaron a pensar seriamente sobre lo que hacer; es decir, si deberían decidir quedarse  o  cerrar su casa y huir como muchos de sus vecinos. Se enfrentaban a dos cuestiones importantes: una de ellas era el manejo de  sus tiendas y negocios, en que estaba embarcado todo lo que poseían; la otra era preservar su vida de la calamidad tan funesta que iba a caer sobre la ciudad.  

Los botellones

En general, la gente era amable y cortés y de carácter muy servicial. Pero había un grupo horrible de individuos que frecuentaban algunas tabernas, los cuales, en medio de tanto horror, se reunían allí todas las noches y se comportaban con toda la algazara y las ruidosas extravagancias que tales gentes suelen cometer en tiempos normales, y de modo tan irrespetuoso que hasta los dueños se avergonzaban y se espantaban…

Siguieron con esta perversa conducta  burlándose continuamente de cuantos se mostraban serios, religiosos o simplemente impresionados por lo que estaba aconteciendo, y de la misma manera hacían escarnio de la buena gente que hacía lo que podía para apartar el riesgo de contagio.

Los errores 

 Era un gran error que una ciudad tan grande tuviera un solo lazareto, porque si hubiera varios en lugar de uno…, estoy convencido –decía Defoe- de que no hubieran muerto tantos, sino muchos miles menos… No hubo nada más fatal para los habitantes, sin embargo, que la negligencia imperdonable de las gentes mismas, quienes durante el largo período de alerta y de conocimiento de la calamidad que se avecinaba, no hicieron preparativo alguno… y tampoco rehuyeron de conversar con los demás. .

La calamidad se propagaba por contagio, es decir, por corrientes o emanaciones que los médicos llaman efluvios, por la respiración o la transpiración…, o bien por algún otro medio que quizá estuviese incluso fuera del alcance de los médicos mismos; afectaba a los sanos que se aproximaban demasiado a los enfermos, penetrando inmediatamente en sus partes vitales,  y así estas personas recién contagiadas transmitían el mal  a otros de igual manera…Y era asombroso que hubiera gente que dijera que había sido un golpe directo del Cielo, enviado para castigar a determinadas personas.

Las consecuencias

Entre las sorpresas que causó, estuvo que no había nada dispuesto para auxiliar a los pobres; si hubiera estado previsto se hubiera podido aliviar la desgracia de muchas familias que entonces se vieron reducidas a la penuria más angustiosa… La mayor parte de los pobres y familias que antes vivían de su trabajo o del comercio al por menor, dependían ahora de la caridad…

Cuando se supo que la ciudad sería visitada por la peste, a partir de ese instante todo el comercio, salvo el de artículos de primera necesidad, quedó totalmente paralizado…., fueron muchísimos los empleados que fueron despedidos y abandonados sin amigos ni ayuda alguna, sin empleo... Desaparecidos todos los ramos de la actividad, desapareciendo el trabajo y con él, el pan de los pobres, los lamentos eran muy desgarradores.

Las disensiones

Con motivo de los efectos de la peste muchos disidentes dejaron oír su voz públicamente,  sin animosidad ni prejuicios. Otro año más de peste eliminaría estas diferencias, el conversar de cerca con la muerte apartaría el rencor de los corazones, eliminaría la inquina y haría ver las cosas con ojos diferentes.

Pero no veo probabilidades –continuaba Defoe, casi al final de su relato- de que este discurso sea eficaz; las disensiones más parecen agrandarse y tender a ser cada vez más hondas que a disminuir. Aunque es evidente que la muerte nos reconciliará a todos, más allá de la sepultura; seremos todos hermanos nuevamente.… allí seremos todos de la misma opinión y tendremos los mismos principios.

Universos paralelos

En aquella pandemia la confusión era muy grande, y lo sigue siendo en esta. Los rumores y disensos siguen abundando como norma; cunden el cansancio y la perplejidad por las variables decisiones que adoptan nuestras Administraciones Todos, sin embargo, decimos estar  a la espera de que la malignidad de la epidemia cese, y de que la mortandad, contagios, hospitales y ocupación de sus UCI bajen a los ritmos anteriores al mes de marzo, mientras cada cual va lo suyo como si nada pasara.

Parece que estemos en una repetición paralela a la de la narración de Defoe. Sorprende que, en días como hoy, decisivo en las elecciones de EEUU –con los avances tecnológicos que este país tiene-, la lentitud que se dan en la tarea del recuento de votos; con un candidato que ha dado muestras de jugar con fuego con la pandemia y, en este instante, con el propio escrutinio de votos en un país fragmentado en dos. Menos puede sorprender que esta Covid-19 haya despertado en España, envanecidas imitaciones políticas: menosprecio a la moderación, gran estima por el espíritu de contienda, y orgullo por la ignorancia y la difamación, como si los ciudadanos estuviéramos inmunizados contra esas  formas desleales y faltas de educación democrática; bien vemos que se les ha pegado, como a Trump,  vivir en otro mundo paralelo. @mundiario

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