Las costumbres de loro en el uso del lenguaje reflejan algo más que una moda

Bandera de España.
Bandera de España.

Me da la impresión de que reflejan un cierto hastío a pensar y analizar la oportunidad, origen o corrección de lo que dicen personas habituales en los medios de comunicación.

Las costumbres de loro en el uso del lenguaje reflejan algo más que una moda

El seguidismo lingüístico es una manifestación más de lo propensa que es la sociedad actual a adoptar fácilmente, sin pensarlo mucho, novedades, modas y costumbres, para no ser diferente de los demás.

Se habrán percatado de que ahora casi todo se ha dicho “por activa y por pasiva”, expresión habitual cada vez que un político da ruedas de prensa o declara ante la alcachofa de un reportero, generalmente aderezada con un tono que denota cierto  cansancio o desdén ante tu tema determinado.

La falta de imaginación se pone de manifiesto en la forma en que los tertulianos quieren referirse a las promesas, luego no cumplidas, de los políticos: “el papel lo aguanta todo”. Y ¡qué decir! de quienes  siempre tienen un ”plan B” para cualquier situación imprevista; y a quienes no tienen “plan B”, se lo recriminan.

No puedo olvidar ni el “dequeísmo” (“ es posible de que...”), ni el hablar en infinitivo, como los indios de las películas de cuando yo era adolescente –ahora se expresan mejor los indios: “declarar que estoy...”. “decir que...”.

Terminaré las citas, limitándome a enumerar algunas más, para no cansar: “sí o sí”, “cuídate” –y la panacea del “cuídate mucho”-, “es lo que hay” –y su variante “es lo que toca”-, la tan manida “hoja de ruta”, “mi agenda” –porque todo el mundo tiene muchas cosas que hacer-, “este país” –prometo hablar otro día del recurso vergonzoso a este vocablo para evitar  pronunciar España.

Alguien podrá responder que lo que acabo de decir no es ni bueno ni malo, que no tiene importancia,  y no se trata más que de  costumbres o modas de un momento. Efectivamente, yo también creo que es así. Pero lo que me llama la atención es la facilidad y rapidez con que asumimos y prohijamos estas muletillas, sin detenernos a analizar su procedencia, oportunidad o corrección. Las hacemos propias porque si las ha utilizado un político o un tertuliano habitual, por algo será y, además, parece que nos da cierto aire de modernidad o de sabiduría.

Me da la impresión de que detrás de este mimetismo hay una cierta falta de imaginación y cansancio para pensar, afirmación que se vería corroborada por el borreguismo propio  del lenguaje habitual y uniforme de las redes sociales.

A lo mejor me he excedido en mi apreciación, o no; ustedes dirán.

Las costumbres de loro en el uso del lenguaje reflejan algo más que una moda
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