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Coronavirus: La nueva peste que despierta atavismos

La crisis del coronavirus pone en evidencia la fragilidad y revela tintes orwellianos. China aisló a 60 millones de habitantes en un territorio equivalente a la mitad de España. En su interior decretó la prohibición de actividades masivas. Se frenó la expansión del virus, pero éste saltó a Corea, Irán, Italia y otros países.
Coronavirus: La nueva peste que despierta atavismos
Mascarilla del coronavirus. / Qué
Mascarilla del coronavirus. / Qué

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José Luis Méndez Romeu

José Luis Méndez Romeu

El autor, JOSÉ LUIS MÉNDEZ ROMEU, es licenciado en Pedagogía y columnista de MUNDIARIO. Exdiputado y exportavoz parlamentario del PSdeG - PSOE, fue conselleiro del Gobierno de Galicia y secretario de Estado del Gobierno de España. @mundiario

Una característica de las modernas sociedades globalizadas es su fragilidad. Al mismo tiempo que diariamente se desplazan de un lado a otro del planeta millones de personas, muchas por algo tan fútil como el ocio, cualquier incidencia inesperada puede provocar colapsos de gran magnitud. Días pasados en Canarias, más de cien mil personas han quedado bloqueadas durante días en los aeropuertos porque una tormenta de arena dificultaba la navegación aérea.

La crisis del coronavirus pone en evidencia esa fragilidad y revela tintes orwellianos de nuestras sociedades. China aisló a 60 millones de habitantes en un territorio equivalente a la mitad de España. En su interior decretó la prohibición de actividades masivas. Según dicen han frenado la expansión del virus, pero éste ha saltado a Corea, Irán, Italia y otros muchos países. En Italia han aislado a 50.000 personas y el Ejército patrulla las calles de Milán, listos para disparar ¿a quién? ¿nacionales, asiáticos, sospechosos de qué?. En Tenerife ha sido aislado un hospital con mil personas, viajeros y empleados incluidos, unos condenados a perpetuar sus vacaciones y se supone que los empleados también. Las Bolsas han reaccionado con pánico aunque sus frecuentes sobresaltos invitan a relativizarlos.

En Ucrania los vecinos han apedreado a un autobús de personas en cuarentena, pensando que el mal viene de fuera. En Francia, los pasajeros han obligado a evacuar al conductor de un autobús para acto seguido ser ellos mismos puestos en cuarentena. La embajada china en Madrid se ha quejado de discriminación hacia sus ciudadanos.

Las televisiones han reaccionado durante semanas magnificando las imágenes y contribuyendo a extender el miedo. Sólo al acercarse el virus a nuestro país han comenzado a introducir mensajes de prudencia y sobre todo datos: la mitad de los infectados permanecen atendidos en sus propios domicilios, la mortalidad es inferior al 3%. Todos los fallecidos presentaban otras patologías. Un patrón similar al de la gripe que durante la última campaña y sólo en España provocó más de seis mil fallecimientos, según la Asociación Española de Pediatría, aunque las cifras no son fáciles de determinar según las fuentes utilizadas.

La gran epidemia de la peste negra produjo una obra maestra como El Decamerón, cien relatos breves contados por diez jóvenes que entretienen su ocio forzado en la campiña durante la peste del siglo XIV. Son una exaltación de la alegría de vivir y del goce de amar. Otras obras que tratan de epidemias similares son más sombrías, como “La Peste”, de Albert Camus;  “Diario del año de la peste”, de Daniel Defoe;  “La peste escarlata”, de Jack London o “Némesis”, de Philip Roth, entre  muchas. El tema, un clásico como todo apocalipsis,  ha provocado también un aluvión de películas de catástrofe.

Dado que las autoridades siempre vigilantes nos garantizan que nuestro sistema sanitario es óptimo, lo cual no impedirá ni la circulación del virus ni, en su caso, las cuarentenas, recomiendo hacer acopio de lecturas y audiovisuales y si llega la ocasión disfrutar del forzado paréntesis en nuestros días, si no en tan gratas aventuras amorosas como los jóvenes de Boccaccio, al menos con la compañía de amigos fieles como libros y películas. Es lo que llevaremos ganado. @mundiario