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Comprar un animal es un acto impulsivo: llegas, pones el dinero y te lo llevas

En este segundo reportaje sobre adopciones caninas tengo la oportunidad de hablar con Laura, dueña de dos perras, ambas adoptadas, que nos cuenta cómo fueron encontradas y cuáles son las responsabilidades a las que se enfrentan los dueños de perros – adoptados o comprados -.

Comprar un animal es un acto impulsivo: llegas, pones el dinero y te lo llevas
Sol y Raspa. / Cedida
Sol y Raspa. / Cedida

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Judith Muñoz

Judith Muñoz

La autora, JUDITH MUÑOZ, es escritora y periodista. Fue coordinadora general de MUNDIARIO, donde actualmente es adjunta al Editor. Fue redactora del periódico Xornal de Galicia y también formó parte del equipo del periódico La Voz de Galicia y de la agencia Quattro Idcp. Es autora del libro de poesía Anhelo. @mundiario

Cuando una persona en solitario o en pareja decide ampliar la familia con un animal, en este caso un perro, una de las preguntas que se hace es ¿adoptar o comprar? Laura lo ha tenido claro siempre: “he tenido animales toda mi vida y jamás he comprado como no compraría un ser humano”.

Hace ocho años decidieron ampliar la familia y se plantearon adoptar. "Mi pareja y yo teníamos conciencia por los animales, éramos vegetarianos, y a parte de "comprar no" porque se fomenta la existencia de mafias de cachorros de raza… son animales [los perros en adopción] que necesitan un hogar y nosotros queríamos dárselo [a uno]”, explica Laura.  “Fuimos a la perrera de Coruña y la experiencia fue terrible”, afirma. Para su sorpresa se encontraron con multitud de impedimentos por parte de los responsables de la perrera, tanto para adoptar como para simplemente ver a los perros. Era el año 2009, mucho antes del boom de las adopciones. “Las perreras no estaban preparadas. No había acogidas y las posibilidades de adopción eran mínimas”, dice Laura.

Se marcharon de allí sin haber realizado ningún avance, pero el destino quiso que de vuelta a casa en el coche escucharan por la radio hablar de APADAN (la protectora de animales de Culleredo).

El trato fue totalmente opuesto. En APADAN pudieron ver a los perros y conocer el método de adopción. Raspa, que se encontraba en un chenil, se acercó a la puerta como queriendo darse a conocer. Su pareja pudo tener contacto con ella y se marcharon a casa sin adoptar. “Ese día nos fuimos para casa sin ella para pensarlo y reflexionarlo, como deben hacerse estas cosas”, afirma Laura. Al día siguiente volvieron y como otras muchas cosas en la vida que son cuestión de sentimientos, de feeling, se llevaron a casa a Raspa. No la cambiaron el nombre. “En la protectora la llamaron Raspa porque estaba tan delgada… se la marcaban todas las costillas y parecía la raspa de un pescado”, me cuenta Laura.

Esta basset leonada llevaba tan solo 15 días en APADAN y aún se la notaban las secuelas del abandono. Porque como otros muchos perros destinados a la caza, cuando no sirven para su cometido, el ser humano los abandona, cuando no directamente los asesinan. “Raspa es un tipo de perro de caza usado para la persecución de jabalíes. La encontraron en un monte vagando y buscando comida”, recuerda Laura quien añade: “Con un año y medio ya no valía para cazar porque se asustaba con cualquier ruido (y se sigue asustando) y el cazador la abandonó”. Miembros de APADAN la encontraron vagando por el monte buscando comida y en total estado de abandono. Pero la vida cambia para muchos de estos perros gracias a aquellas personas que se deciden por adoptar en vez de comprar.

Raspa. / Cedida

Raspa. / Cedida

¿Y qué diferencia hay entre adoptar y comprar? “Comprar puede ser un acto impulsivo: llegas, pones el dinero y te lo llevas. Y en cambio en la mayoría de las adopciones lo que hay es un cuestionario previo de la protectora a las personas que quieren adoptar, también un poco de sensibilización y educación de lo que supone un perro para evitar un segundo abandono”, explica Laura.

Respecto a las responsabilidades, estas son iguales para cualquier perro y las preguntas que realizan en una protectora se las debería realizar cualquier persona que quiera abrir las puertas de su casa a un perro: “¿cuántas horas crees que hay que invertir en el cuidado del animal? ¿qué cuidados y qué costes lleva esto?”, dice Laura. A mayores “hay que tener claro que también son unas horas de inversión en sacarles a pasear -3 paseos, paseos más o menos largos, a las mismas horas aproximadamente, comida, veterinario…-“ relata Laura. “Y a parte de los gastos fijos, los extraordinarios, sobre todo del veterinario si el perro tiene una enfermedad, y más con el IVA de lujo que tienen los veterinarios” añade.

Lo que quizá nunca se imaginó Raspa es que en su nueva familia habría sitio para uno más. Cuando Laura y su pareja se trasladaron a Madrid decidieron que su vivienda fuese casa de acogida. Por lo que por su piso han pasado diversos perros que en algún momento han necesitado un hogar a la espera de ser adoptados. Es el caso de Sol quien llegó de acogida por un mes y lleva con ellos casi tres años. “Sol es una bodeguera y la encontraron en un polígono de Alcalá de Henares. No podía ni correr del hambre y la sed que tenía” cuenta Laura.

La persona que la acogió en su casa se iba de vacaciones por lo que Laura, cuya vivienda ya era casa de acogida, se hizo cargo de ella por un mes. Lo que ocurrió en esas semanas fue que Raspa, quien nunca había sido una perra juguetona ni activa, cambió por completo: “comienza a jugar con Sol, a seguirse a todos los lados, a ir juntas por la calle…” cuenta con orgullo Laura quien al tener que devolver a Sol a su primera casa de acogida sintió un gran vacío en su casa. Quizá la que mas la añoró fue Raspa a quien la vieron triste y decaída tras su marcha. “No queríamos adoptar a un segundo perro, queríamos que ese hueco siguiera estando para acogidas pero hubo un feeling entre Raspa y Sol increíble”, confiesa Laura y Sol volvió a casa pero ahora para siempre.

Raspa y Sol. / Cedida

Raspa y Sol. / Cedida