Cómo actuar ante un apagón masivo: desde proteger dispositivos hasta gestionar recursos esenciales
Un apagón eléctrico de gran magnitud, como el que dejó a buena parte de España y Portugal sin suministro desde las 12:30 del lunes, pone a prueba no solo la infraestructura de los países, sino también la capacidad de respuesta de los ciudadanos.
La falta de electricidad afecta rápidamente al transporte, las comunicaciones, el comercio y la vida doméstica. En estos escenarios, la prioridad debe ser preservar la seguridad personal, proteger los dispositivos electrónicos y administrar los recursos disponibles con criterio.
Uno de los primeros pasos ante un corte de luz es evitar desplazamientos innecesarios. La falta de semáforos y señalización activa aumenta el riesgo de accidentes de tráfico, motivo por el cual las autoridades recomendaron limitar la movilidad al mínimo indispensable.
Además, se insistió en no saturar las líneas de emergencia, reservando las llamadas al 112 únicamente para situaciones realmente urgentes.
¿Y los aparatos eléctricos?
En cuanto al uso de dispositivos electrónicos, el ahorro de batería en los móviles se convierte en una necesidad crítica. Activar el modo de ahorro de energía, reducir el brillo de la pantalla y limitar el uso a funciones esenciales ayuda a prolongar su funcionamiento. Si se dispone de un ordenador portátil cargado, puede utilizarse como fuente de energía adicional para recargar teléfonos móviles.
La protección de los electrodomésticos y otros aparatos eléctricos también es fundamental. Se recomienda desenchufarlos para prevenir daños causados por los picos de voltaje que pueden ocurrir cuando se restablezca el servicio. Equipos como ordenadores, televisores, consolas, routers o frigoríficos son particularmente sensibles a estas fluctuaciones. En este sentido, el uso de protectores de sobretensión ofrece una capa extra de seguridad para los componentes electrónicos más delicados.
Alimentos y bebidas
Respecto a la conservación de material perecedero, es crucial no abrir innecesariamente el frigorífico o el congelador. Según los estándares de seguridad alimentaria, un frigorífico puede mantener temperaturas seguras hasta cuatro horas tras un apagón, mientras que un congelador lleno puede conservar su contenido congelado hasta 48 horas. Evitar abrir las puertas ayuda a preservar el frío interno y reduce el riesgo de que los alimentos se echen a perder.
Algunos alimentos son más susceptibles a la pérdida de calidad y seguridad. Por ejemplo, productos lácteos, carnes, pescados y huevos son más propensos a deteriorarse. Es importante tener en cuenta estos alimentos y consumirlos primero si el apagón se prolonga.
Otro aspecto a considerar es el acceso a dinero en efectivo. Durante el apagón, la imposibilidad de utilizar tarjetas bancarias en muchos comercios dejó patente la necesidad de contar con liquidez en situaciones de emergencia. Del mismo modo, tener a mano suministros básicos como agua embotellada, velas, cerillas, alimentos no perecederos y un botiquín de primeros auxilios constituye una medida preventiva recomendada en los planes de contingencia de numerosos países europeos.
¿Qué hacer cuando vuelva la luz?
Cuando la electricidad comienza a volver, la prudencia sigue siendo esencial. La recomendación general es esperar entre 10 y 15 minutos antes de volver a conectar los aparatos eléctricos, permitiendo así que la red se estabilice y evitando daños potenciales. Además, es preferible no utilizar ascensores de inmediato, ante el riesgo de nuevos cortes intermitentes.
Para evitar sobrecargas eléctricas, es fundamental no conectar múltiples dispositivos de alto consumo en una misma regleta o enchufe. Algunos electrodomésticos, como aires acondicionados, calefactores, microondas y secadores de pelo, requieren una gran cantidad de energía para funcionar. Mantener conectados varios de estos dispositivos a la misma regleta o enchufe puede exceder la capacidad de la instalación eléctrica, lo que puede provocar sobrecalentamiento y, en el peor de los casos, incendios.
El apagón del lunes ha demostrado que, aunque estos sucesos son poco frecuentes, su impacto puede ser profundo y disruptivo. Estar preparados, saber actuar y seguir las recomendaciones oficiales son claves para minimizar riesgos, proteger bienes materiales y mantener la calma en momentos de incertidumbre. @mundiario