En Colombia accede a la educación universitaria el 28,1 por ciento de los jóvenes

El fallecido estudiante de la Universidad de los Andes, Luis Andrés Colmenares.
El fallecido estudiante de la Universidad de los Andes Luis Andrés Colmenares.

La división del país en clases sociales fomenta que los colombianos adquieran deudas con el objetivo de enviar a sus hijos a la universidad privada para asegurarles un futuro.

En Colombia accede a la educación universitaria el 28,1 por ciento de los jóvenes

En una de las rondas de lectura de noticias, acabo de encontrar otra de las miles publicadas sobre el estudiante de la Universidad de los Andes, Luis Andrés Colmenares, presuntamente asesinado por "compañeros" de clase. Así que rememoré sobre un artículo publicado por un estudiante de dicha institución, que prefiere firmar como 'anónimo' por temor a las represalias que puedan surgir por sus palabras.

Entre muchas de sus afirmaciones, existen unas cuantas que merecen una reflexión, por así decirlo, sobre la realidad “económica” de los estudiantes colombianos. "Eso de que Los Andes es una Universidad de millonarios es puro cuento [...] Yo conozco gente de Los Andes que vive en Kennedy de forma humilde y, con mucho esfuerzo, su familia le paga una carrera a un costo muy por encima de la media colombiana,  [...] Los Andes es una Universidad muy costosa. Hay que diferenciar caro de costoso: lo caro es algo que vale más allá de lo que merece valer, mientras que lo costoso es algo que vale mucho pero es el precio justo".

Perdón, me he perdido, quiero saber ¿qué significa humildad?, porque una familia que gana al mes un salario mínimo colombiano ($616.000 pesos, equivalente a 229 €), o bueno, el doble del mínimo, ¿cómo puede pagar por un crédito universitario $779.000 pesos colombianos (289 €), cuando un máster tiene aproximadamente 36 créditos a completar en tres semestres? Es decir, 12 créditos por semestre, con un valor que asciende a $9’348.000 pesos colombianos (3479 €). Sin contar: transporte (en autobús, Transmilenio, coche propio), alimentación (aunque la comida se lleve en el táper), fotocopias, libros, cafés, etc. Una familia "humilde", difícilmente puede pagarlo. A no ser que los padres, abuelos, bisabuelos, etc., avalen con su "casita" (que toda una vida de duro trabajo les costó conseguir) la educación del hijo por el cual apuestan el futuro de la familia. Teniendo en cuenta que según el último informe (2014) publicado por el Banco de la República de Colombia, en el 2012 accedió a la educación superior el 42,4% de jóvenes colombianos, de los cuales solo el 28,1% ingreso a una institución universitaria.

En efecto, no todos los estudiantes de las universidades privadas, en este caso, de la Universidad de los Andes, son millonarios. Sin embargo, a mi "humilde" juicio tampoco es correcto decir que allí estudian los "pobres" de Kennedy (barrio ubicado en el sur de Bogotá) que están rozando la "pobreza extrema", porque es una afirmación falsa, visto lo anterior. No cabe duda que el sistema educativo en Colombia debe pasar por un proceso de transformación tanto en las universidades públicas como privadas (pero ese es un tema que no voy a exponer aquí).

Es verdad, no todos los estudiantes de universidades de alto standing están involucrados en un proceso judicial (como ocurre con el fallecido Andrés Colmenares). Pero, estudian en ellas por el prestigio a nivel nacional e internacional de las mismas, y lo que significa en el currículum vítae de cada uno de los aspirantes a salir de la clase media, y subir de "categoría social" en el país. Desgraciadamente Colombia continúa siendo uno de esos países en donde la población se mide por el "estrato social", en donde pertenecer a una comunidad educativa de élite es sinónimo de aceptación social en los círculos exclusivos. Mientras que ser egresado de una universidad pública es sinónimo de "estrato bajo", con el hándicap de obligar (nos) a trabajar el doble para obtener una oportunidad laboral (más llamadas, más correos, más entrevistas de trabajo, etc.).

Ahora bien, el Caso Colmenares trajo consigo un debate sobre la educación en Colombia, recordando que no por estudiar en una universidad de élite, los jóvenes van a estar exentos de acontecimientos que pueden ocurrir en otras instituciones de "menor" prestigio. El hecho de ser estudiante de una universidad pública no significa ser: drogadicto, revolucionario, hippie, estrato uno (pobre), y demás apelativos conocidos. Al igual que pertenecer a una universidad privada no es sinónimo de gomelo (pijo), engreído, mal estudiante, fiestero, y estrato seis (rico).

Existe una educación propia del estudiante, esos valores que "generalmente" se adquieren en el núcleo familiar. Porque pueden existir drogadictos en las dos clases sociales, pero también existen en ambas buenos estudiantes. No es el nombre de la institución educativa, ni el estrato de la misma la que hace al alumno. Mucho y todo tiene que ver con la familia y lo aprendido en el hogar, en donde esas pequeñas enseñanzas y experiencias forman el carácter de los estudiantes que "en teoría" son el futuro de Colombia. Aunque en "la práctica", la misma sociedad siga fomentando que la educación va en consonancia con la clase social y el dinero.

En Colombia accede a la educación universitaria el 28,1 por ciento de los jóvenes
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