Buscar

MUNDIARIO

Las ciudades gallegas se enfrentan al problema de autorizar cementerios musulmanes

Desde que se derribaron los muros que separaban el cementerio civil del católico, en las necrópolis públicas dejó de haber parcelas separadas por la religión.
Las ciudades gallegas se enfrentan al problema de autorizar cementerios musulmanes
La media luna marca el espacio de la necrópolis musulmana.
La media luna marca el espacio de la necrópolis musulmana.

Firma

Fernando Ramos

Fernando Ramos

El autor, FERNANDO RAMOS, es columnista de MUNDIARIO. Periodista. Doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Técnico de Radiodifusión y Televisión. Profesor jubilado de Derecho y Deontología de la Comunicación en la Universidad de Vigo. Profesor en la Escuela de Práctica Jurídica del Colegio de Abogados de Pontevedra y de los Encuentros Inter Academias en la Escuela Naval Militar. Autor de 28 libros de Derecho, Comunicación Institucional y Protocolo. Ha dirigido 20 tesis doctorales. Profesor invitado en varias universidades de Europa y América. Ejerció el periodismo 30 años en radio y los principales medios de Galicia. Fue corresponsal de la Agencia “Europa Press”, “Sábado Gráfico” y el diario “Ya”. Obtuvo el Premio del Colegio de Arquitectos de Galicia en defensa del patrimonio histórico y el Trofeo “Actualidad” por sus investigaciones sobre el contrabando y el narcotráfico. Fue presidente de la Asociación de la Prensa de Vigo y obtuvo dos veces el Premio Luis Taboada a la mejor labor informativa sobre Vigo. Está en posesión de la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco. @mundiario

Una de las consecuencias más visibles desde que la Constitución española declaró que España es un país aconfesional fue la retirada de la separación (en ocasiones un alto muro) que en los cementerios municipales o públicos aislaba el llamado “cementerio civil” del católico. De suerte que en el primero se enterraba a los suicidas, a los ateos, a los de otras confesiones religiosas, aunque fueran cristianas. Fue un signo de modernidad, en el sentido de que en el espacio público todos los ciudadanos son iguales, sin que quepa separarlos por sus creencias o las de sus familiares. Pero esa regla general vino a quebrarse desde el momento en que se empezaron a crear en España parcelas o espacios para cementerios de la confesión musulmana, con la cesión de parcelas públicas, cosa que no se hace con ninguna otra confesión salvo la judía, pero de modo menos conflictivo y discreto, ya que no plantea las incompatibilidades con la norma ordinaria de los ritos musulmanes. Rompe la regla general tiene otras consecuencias, ya que otras confesiones pueden exigir el mismo trato, cosa además prevista en los acuerdos que Felipe González firmó en su día con entidades representantes de musulmanas y judíos.

Aparte de romper la regla de que en los cementerios municipales no haya espacios privados y excepcionales, la existencia de enterramientos musulmanes plantea otros problemas que afecta a las normas generales de policía sanitaria, dado que, en lugar de ser sepultados en una caja en un nicho o urna, una vez incinerado el cadáver, la de los musulmanes exige bañar y perfumar el cadáver y enterrarlo directamente en tierra, inclinado hacia el lado derecho, mirando a la Meca. Además, exigen que el cadáver no comparte su enterramiento con personas de otras confesiones religiosas.

En algunas ciudades de Galicia, donde reside una creciente población musulmana se viene exigiendo que el Ayuntamiento ceda terrenos para un cementerio musulmán. Los usos del islam establecen que el difundo debe ser enterrado en el lugar que muere. Hasta ahora, el que podía era enviado a su país o se llevaba a sepultar en alguna ciudad con cementerio musulmán, pero no siempre es posible ni lo uno ni lo otro.

El problema de los riesgos del enterramiento directamente en tierra se hace especialmente grave en zonas como Galicia, con abundantes acuíferos, dadas la posibilidad de que los efectos de la descomposición del cadáver alcancen a los mismos. El Estado trasladó en su día a las comunidades autónomas y éstas, aparte de la norma general, su aplicación a los Ayuntamientos, donde la postura es dispar. ¿Cuándo se permite el enterramiento directamente en tierra, qué garantías existen de que no supone un riesgo, que las normas comunes de policía sanitaria evitan? ¿Cómo se garantiza el aislamiento de la fosa?

Hasta ahora, para no saltarse las normas comunes, los enterramientos musulmanes recurrían a trucos diversos, desde dejar una apertura en la caja por la parte posterior para que tuviera contacto con la tierra o echar tierra dentro de los ataúdes. Autorizar enterramientos musulmanes en tierra exige establecer previamente las condiciones de aislamiento de la fosa, la profundidad a la que deberá estar situada, la separación entre los cadáveres y el estudio hidrogeológico del terreno para evitar las filtraciones de lixiviados.

Los lixiviados son los resultantes del filtrado lento de agua a través de los materiales de vertedero no debidamente controlados, como en este caso, de la propia descomposición de cadáver, enterrado con sudario directamente en la tierra. El proceso natural del agua de las lluvias, en zonas como Galicia, arrastrará inevitablemente el contenido de la descomposición del cuerpo. Baste decir que las normas comunes en vigor para los vertederos de residuos exigen un nivel de permeabilidad y un espesor del estrato determinados, se deberá revestir la base con una lámina de polietileno de alta densidad (PEAD), sobre la que se colocará una capa que sirva de drenaje para la recolección de los lixiviados y gases generados.

En España viven dos millones de musulmanes y solo existe una treintena de parcelas en los distintos municipios para estos enterramientos y solo en unos pocos se pueden inhumar directamente en la tierra.  Pero es que, además, el rito musulmán tiene otra serie de particularidades contrarias a la norma común como el tiempo de espera para el enterramiento.

La legislación mortuoria está transferida desde el Estado a las autonomías, pero son los Ayuntamientos los que tienen la competencia directa sobre los cementerios municipales, por los que serán éstos los que deberán ceder los terrenos para estos nuevos enterramientos. En los acuerdos de cooperación del Estado con la Comisión Islámica de España que firmó Felipe González se reconoció a las comunidades islámicas, en contra de la norma común "el derecho a la concesión de parcelas reservadas para los enterramientos islámicos en los cementerios municipales, así como el derecho a poseer cementerios islámicos propios” e incluso que se pudieran llevar a cabo las reglas tradicionales islámicas relativas a inhumaciones, sepulturas y ritos funerarios, pero con un añadido contradictorio, “con sujeción a lo dispuesto en la legislación de régimen local y de sanidad", lo cual no casa con la norma común.

Así pues, los cementerios musulmanes pueden resultar conflictivos. El estudioso de las Ciencias Sociales Giovanni Sartori, profesor de las Universidades de Columbia y Florencia, una eminencia en Ciencia Política, fue uno de los más destacados analistas de los problemas que el mundo musulmán provocaba en las sociedades occidentales y en sentido, aparte de denunciar que no existía por parte del mismo la menor intención de integrarse en Occidente, concluía que si los musulmanes elegían vivir en el mismo deberían adaptarse a sus normas, ya que formaban parte del mismo paquete que el de las ventajas que habían querido disfrutar. Delicado asunto. @mundiario